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Editorial

El paraguayo independiente

Pareciera que el camino hacia la pérdida de nuestra soberanía es inevitable. Prueba de ello es la debilidad de nuestras instituciones, corrupción, pésimo nivel en la representación política y a eso se suma que nuestras principales autoridades y responsables del país están candidatados y en pleno proselitismo electoral, violando toda norma vigente desde la Carta Magna hasta la Ley del Funcionario Público y en campañas fuera de los plazos previstos en el Código Electoral.

Todo está del revés y quedan pocas esperanzas de que se reencauce el camino. Que los gobernantes en plena función se disgreguen entre su gestión y campañas políticas ilegales dan paso a un estado de anomia, llevando a la sensación de una anarquía total. Los recientes hechos, como el llamado de atención de Estados Unidos sobre corrupción y lavado de dinero, la visita de parlamentarios de dicho país para diseñar agenda sobre el crimen organizado y otros puntos, han creado el ambiente propicio para que se considere necesaria la intervención internacional.

Las instituciones están desatendidas y nadie sabe cuándo ni cómo -o en qué- terminará tanta desidia. Es evidente que los organismos que se encargan de velar por los intereses del país, o aquellos que deben luchar contra la corrupción, se encuentran muy debilitados, dando la sensación de ausencia de gobernabilidad en el país.

La Carta Magna, en sus artículos 2 y 3, sobre los Derechos y Declaraciones Fundamentales, dice que en la República del Paraguay la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce. “El pueblo ejerce el Poder Público por medio del sufragio. El gobierno es ejercido por los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial en un sistema de separación, equilibrio, coordinación y recíproco control. Ninguno de estos poderes puede atribuirse, ni otorgar a otro ni a persona alguna, individual o colectiva, facultades extraordinarias o la suma del Poder Público”. Está claro que esto no se cumple.

Entonces debemos preguntarnos: ¿Quién tiene la soberanía en el Paraguay? ¿Qué pasa con nuestro Gobierno e instituciones? La improvisación e ineficacia del Gobierno nos han llevado a la falta de confianza en sus representantes. De no rectificar acciones y renovar actores con credibilidad, la pérdida de autonomía en el Paraguay se irá agudizando.

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