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Editorial

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Como es costumbre, el presidente Mario Abdo Benítez delega a terceros las responsabilidades que deben ser absolutamente personales e inherentes a la alta función que desempeña. En sus inicios en el gobierno estuvo escoltado por quienes tomaban las decisiones en su nombre; hoy lo hace el Departamento de Estado de Estados Unidos de América.

Ahora se encuentra en el Vaticano, en compañía de una frondosa delegación de la que se desconoce la fuente de financiamiento para el viaje; allí participó del acto de investidura del monseñor Adalberto Martínez, mientras que el país quedó a cargo del vicepresidente Hugo Velázquez, en funciones de presidente de la República y comandante en jefe; un político cuyo prestigio y credibilidad están definitivamente agotados y ya debería estar excluido de toda representatividad nacional. Un hombre que fue designado significativamente corrupto, de acuerdo con lo expresado por Estados Unidos. Y teniendo en cuenta las expresiones de los funcionarios del gobierno norteamericano, no se realizan designaciones sin contar con pruebas.

Para el mandatario, se puede percibir que todo sigue igual, ya que el curso de su gobierno sigue sin dar respuestas a nada. Y si consideramos lo que dice el reconocido abogado Theodore Stimson, de que estas acusaciones no afectan las relaciones entre ambos países, sino que al contrario, favorece aún más, entonces tiene explicación el porqué del comportamiento tan indiferente del jefe de Estado con todo lo que está ocurriendo. Según el letrado, esto también ayudará a fortalecer las instituciones y es una prueba más de que un Estado extranjero está haciendo lo que el Gobierno del Paraguay no pudo o no tiene interés de hacer: fortalecer las instituciones y someter la vida nacional al Estado de derecho.

Pero el jefe de Estado olvida que Paraguay no solo tiene relaciones de cooperación con Estados Unidos, que no vivimos aislados y que lo que ocurre actualmente en el ambiente político tarde o temprano tendrá consecuencias sociales y económicas. Al estar el país en el ojo de la tormenta señalado por hechos de corrupción nada más y nada menos que uno de los integrantes más importantes del Gobierno, hoy presidente en ejercicio, hace que el Paraguay sea considerado como un país vulnerable para los posibles inversionistas, lo que, a la larga, afectará a toda la población dejando de lado inyección de capital, generación de nuevas fuentes de empleos e ingreso tributario al Fisco, lo que representa mayor solvencia a la hora de dar respuestas a las necesidades que afronta la ciudadanía.

Esta “intromisión” de Estados Unidos, como algunos políticos lo consideran, ya tuvo una negativa y rechazo similar en 1993, cuando la Cámara de Diputados emitió una Declaración en que se resolvió: “La necesidad de que el Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica, Jon Glassmann, se abstenga de incurrir nuevamente en cuestiones internas del país y observa escrupulosamente de los principios de la autodeterminación y no intervención consagrados en la Constitución Nacional de la República del Paraguay”.

Pero esta negativa o molestia es un tanto selectiva tal como evidencia la senadora colorada Lilian Samaniego al justificar la designación de “significativamente corrupto” al expresidente de la República, Horacio Cartes, quien actualmente no ejerce cargo alguno en el Gobierno, pero no así en lo que respecta hacia el hoy titular del Poder Ejecutivo, Hugo Velázquez, nada más y nada menos cabeza de un país y que constitucionalmente lo habilita a ocupar el cargo a lo largo de todo este año restante hasta el 15 de agosto del 2023 si fuera necesario en caso de ausencia de Abdo Benítez. Lo que se podría interpretar es que, con estas manifestaciones de autoridades extranjeras, los dirigentes políticos solo buscan llevar agua a su molino con miras a las elecciones internas partidarias de diciembre próximo.

Lejos de manifestar un interés general, solo demuestran interés particular electoral, ocupándose de sus campañas proselitistas y no de velar por el bien de la ciudadanía para lo cual fueron electos.

En tanto, Abdo Benítez no ejerce su rol como realmente corresponde, ya que cuando habla o toma decisiones solo “pilotea”, nunca nada claro y objetivo, lo cual demuestra que se lanzó al vuelo sin la más mínima experiencia. Es fundamental reiterar la pregunta. ¿Cuándo el presidente podrá aterrizar, es decir, poner los pies en la tierra para ver realmente la situación actual y cumplir con su función de gobernante?, ¿o dejará pasar el tiempo hasta que sea hora de dejar el mando?, ¿o pensará en algún momento tomar la decisión más adecuada de dar un paso al costado para no exponer a todos los casi 8 millones de paraguayos? Este vuelo que se inició el 15 de agosto del 2018 todos queremos que llegue con seguridad a destino y no nos estrelle a todos sus habitantes, ya que es su responsabilidad cualquier daño institucional, patrimonial y cultural que pueda darse. Así como también será responsable todo daño generado por su insensatez, falta de vocación e impericia.

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