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Emprendimiento

Huertas familiares como alternativa a disparada de precios

"Es una experiencia nueva para mí y estoy muy agradecida", señaló Liz Yegros. Foto: Gentileza

"Es una experiencia nueva para mí y estoy muy agradecida", señaló Liz Yegros. Foto: Gentileza

En Paraguay, los efectos del Covid-19, el incremento del costo de la vida y una sequía histórica de tres años de duración, han provocado que se registren algunos de los índices de pobreza más elevados de la región.

Dado que en torno al 70 % de la población depende de la agricultura como su principal fuente de ingresos, la combinación de fenómenos meteorológicos extremos con los efectos socioeconómicos de la pandemia ha ocasionado escasez de alimentos y ha privado a muchas familias de una nutrición básica.

Para poner fin a esta situación, UNOPS apoya al Ministerio de Desarrollo Social con el objetivo de mejorar la seguridad alimentaria mediante el suministro de kits con los que las familias pueden cultivar sus propias huertas. Gracias a la financiación de Itaipú Binacional, las familias reciben herramientas esenciales que les permiten lograr que sus huertas prosperen. Entre otros, se les proporcionan semillas y plántulas, fertilizantes, fungicidas, regaderas y mallas para dar sombra.

Liz Yegros, de 27 años y madre de un hijo, mostró gran interés en participar en el proyecto. Puesto que debía hacer frente a unos gastos de sustento elevados sin contar con ningún tipo de ingreso, buscaba formas de reducir el gasto de su familia en alimentación y consumir alimentos más saludables al mismo tiempo.

Cuatro meses después de recibir los insumos necesarios para empezar a cultivar su huerta, comenzaron a crecer pimientos, coles, tomates y lechugas alrededor de su hogar en el asentamiento de Virgen de Caacupé, en la ciudad de Luque.

Con el fin de fomentar el desarrollo económico, las familias venden los excedentes de alimentos que cosechan en mercados locales y en sus comunidades. Para Liz, esta oportunidad supone poder seguir cuidando de su hijo a la vez que obtiene ganancias realizando un trabajo que disfruta.

“Ya no voy a dejar este trabajo porque me es muy útil”, explica Liz. “Quiero continuar y dedicarme a esto permanentemente […]. Nosotros casi ya no compramos verduras, comemos las que tenemos en nuestra huerta”, añade.

Un año después del inicio del proyecto, el 90 % de las huertas se encuentran activas y producen alimentos.

Fuente: UNOPS.

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