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Concepcioneras convierten residuos textiles en piezas artesanales únicas

Carla Bogarín lleva a delante el proyecto iniciado por sus padres. Gentileza

Carla Bogarín lleva a delante el proyecto iniciado por sus padres. Gentileza

Son 20 mujeres de Concepción trabajando en un emprendimiento que hace poco más de dos años ni imaginaban: el diseño y la fabricación de una vistosa variedad de productos artesanales para el hogar.

Es una tarea que tiene un impacto doble, tanto social como ambiental, ya que a la vez de generar una actividad económica que empodera a estas mujeres, ayuda a reducir el remanente textil industrial, que de otra manera se convierte en residuo, y que aquí es reutilizado.

Se trata de Pukú, un proyecto de la Fundación “San José”, nacida en 2012 por impulso de José Raimundo Bogarín y Yolanda Canale, un matrimonio de conocidos empresarios ya fallecidos, cuyos sueños de hacer del país un lugar de oportunidades para todos se cristalizaron en esta organización, que en menos de 10 años desarrolla planes estratégicos y proyectos dirigidos a mejorar la calidad de vida en cuatro comunidades: Concepción, con las mujeres de Pukú; Ñemby, Capiibary y Bañado Norte, en Asunción.

Proyecto social

“Este un proyecto social que promueve el desarrollo de una pequeña empresa colectiva con mujeres, orientado a la consecución de una independencia económica en el hogar”, cuenta Carla Bogarín, heredera de la iniciativa, una empresaria que prefiere el bajo perfil –según dice-, pero que palpita el trabajo de la Fundación con la misma pasión que sus padres.

Dice que éstas mujeres concepcioneras, pobladoras de una comunidad llamada Costa Pukú, ubicada a unos 21 kilómetros de la capital departamental, “se encontraban relegadas, sin una actividad que les reditúe económicamente; confinadas a sus casas, viviendo muy precariamente”.

“Empezamos a trabajar en una escuela y ahí fue que vimos que las mamás de los niños y las niñas no sabían leer ni escribir, no hacían otra cosa que las labores domésticas, y fue entonces que pensamos en posibilidades y así fue que surgió este emprendimiento que nos hace muy felices hoy”, cuenta Bogarín.

Pukú nace en julio de 2018, y desde entonces se dedica a la elaboración productos artesanales 100% hechos a mano, como carpetas, posa vasos, veleros, almohadas, alfombras, entre otras piezas de altísima calidad y con el sello de talentosas diseñadoras como Tamara Maluff, Ilse Jara y Emma Barrail, quienes estimulan la creatividad entre el grupo de artesanas concepcioneras.

Amigable con medioambiente

Pukú utiliza como materia prima los residuos textiles aportados por la empresa Rondina, fabricante de indumentaria deportiva, e importante aliada del proyecto.

Bogarín destaca que esta práctica contribuye a la lucha mundial contra el cambio climático, y por más que pueda parecer insignificante el aporte, de evitar la emisión de unos 50.000 kg mensuales de gases de efecto invernadero, “es nuestro granito de arena por el planeta”, dice.

Bogarín está entre las accionistas de Automotor, representante en el país de las marcas Hyundai e Izuzu, y por medio de la Fundación que crearon sus padres canaliza su responsabilidad social como empresaria, algo que además de sentirlo como una obligación, lo considera una retribución por las posibilidades de desarrollo que le ha brindado el país.

“Es algo hermoso poder hacer algo que beneficie a nuestra gente”, dice Bogarín. “Por ahora son 20 mujeres nomás, pero la idea es llegar a más mujeres; porque sabemos que son muchas las paraguayas que necesitan sentirse emprendedoras y productivas, independientes; el proyecto tiene mucho potencial”.

Hecho a mano

El catálogo que puede verse en el sitio web del proyecto (https://somospuku.com), presenta una pormenorizada galería de artículos hechos a mano, de cuidada terminación.

“Ellas cortan los residuos textiles y utilizan lo que llamamos trapillos, que es un trabajo minucioso; los van tejiendo como un croché, y los convierten en estas preciosas piezas que estamos creando”, explica Bogarín. Son artículos ideales para el hogar, de primera calidad.

La mayoría de las mujeres de Pukú, aprendieron la técnica desde cero, con una docente que acompañó la iniciativa desde el principio, lo que torna la experiencia mucho más desafiante.

Una gran variedad de artículos ofrece el catálogo del proyecto. Foto: Pukú.

Por el momento, están trabajando en el comedor escolar, ya que no hay clases; pero está gestionándose ya un taller propio, donde puedan incorporar máquinas de coser y desarrollar otras técnicas de uso de los remanentes textiles.

El emprendimiento funciona viento en popa, aún en modo Covid, dice Bogarín. Las piezas se promocionan y venden por Internet, y se entregan por delivery; como se ve, adaptado a los tiempos; y están recibiendo muchos pedidos de distintos puntos del país.

“Nos mueve muchísimo poder compartir con ellas y ver esas sonrisas en los rostros de esas mujeres que al comienzo ni siquiera nos hablaban, y ahora nos demuestran un montón de sentimientos; felices de crear con sus manos, recibir el rendimiento de su trabajo; es una satisfacción personal para ellas, y es también una satisfacción para nosotros en la Fundación”, afirma Bogarín.

La Fundación

En su página web (http://fundacionsanjose.org.py), la Fundación San José se presenta como “una entidad sin fines de lucro creada en 2012 con la finalidad de promover el desarrollo integral de las personas que viven en condiciones de pobreza y vulnerabiliad a través de la herramienta de la educación como aliada”.

Agrega que “a lo largo de los años, ampliamos nuestro alcance debido a que la experiencia internacional en la lucha contra la pobreza ha demostrado que la misma tiene múltiples dimensiones y que el mejoramiento de la calidad de vida debe basarse en un plan integral de desarrollo comunitario teniendo en cuenta además el acceso a la salud, la organización y participación, ingresos y empleo, vivienda e infraestructura”.

La Fundación San José también se involucra en proyectos de agua potable para comunidades. Foto: San José.

En su Visión, San José se propone recurrir a ideas innovadoras y creativas en el trabajo con su población meta; de ahí es que surgen como proyectos como Pukú, y la intención, según Bogarín, de replicarlo en otros puntos del país donde la Fundación está haciendo ya pie: Ñemby, Benjamín Aceval, Mariano Roque Alonso, el Bañado Norte.

Parece una tarea a gran escala, que involucra equipo humano numeroso; pero no, la Fundación tiene todavía – y Bogarín dice que prefiere que siga así-, esa impronta de proyecto familiar, sin mayores complicaciones burocráticas.

Tengo una familia súper linda, que nos apoyamos siempre todos; esta es una vocación familiar; de mi mamá y de mi papá hemos aprendido todo esto; desde que tengo uso de razón; tengo dos hermanos mayores; hemos nacido y crecido en esto; siempre nuestros padres ocupados y preocupados de invertir en este país, para que haya trabajo y que podamos ayudar a quienes necesitan más”, dice Bogarín, sin poder dejar escapar el recuerdo de su madre saliendo “hasta el último día de su vida con cosas hasta en el techo de su auto, metiéndose en los barrios”.

 

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