La dulce reinvención

6 Diciembre de 2020
6 Diciembre de 2020
La dulce reinvención
La dulce reinvención

Con la pandemia, Sandra Fiore vio como su trabajo de agente de viajes quedaba reducido prácticamente a nada. Sin embargo, puso manos a la masa en su pasión por los dulces y ahora lleva adelante su propio emprendimiento desde su casa.

Cuando Sandra preparaba los pasajes para sus habituales clientes de la agencia de viajes, ni se imaginaba, como todo el mundo literalmente, que la pandemia no solo cerraría las fronteras y encerraría al mundo dentro de sus hogares por semanas. Ni se imaginaba que en sus manos estaría la alternativa al párate mundial causado por el coronavirus.

La Dolce Fiore (ladolcefiore /Instagram), nombre con el que Sandra bautizó a su emprendimiento de fabricación artesanal de tortas, pan dulces, budín inglés, alfajores y otros productos, tuvo sus inicios entre junio y julio. Antes de arrancar con esta iniciativa ya era una apasionada de los dulces, cuenta. La pasión fue acompañada con la capacitación constante con cursos del Instituto de Gastronomía del Paraguay (IGA).Un hornito doméstico en su casa de Sajonia fue el inicio de su giro de 360 grados en su día a día. Confiesa que su idea de abrir un negocio con la pastelería no estaba en sus planes en un futuro cercano. “Pero gracias a dios me vino bien en esta pandemia porque realmente vendo bastante, no me puedo quejar. Antes la gente ya me pedía tortas o yo siempre regalaba las tortas. Me gustaba hacer eso, solamente que ahora lo estoy tomando como un trabajo”.

Sandra tiene un norte a seguir: la calidad del producto. Por eso hace uso de los mejores ingredientes para brindar lo mejor al cliente. Este es uno de los pilares de sus tortas y además, hechas a mano. “Es totalmente diferente entre comprar un pan dulce que se elaboró en un supermercado, con una manera diferente de preparación, que uno artesanal” explica la microempresaria.

En el rubro que ha incursionado hay mucha oferta. Sandra dice que todos tienen derecho a trabajar y considera que su verdadera competencia es ella misma. “Yo soy mi propia competencia, compito conmigo misma, busco perfeccionarme. Por eso tomo los cursos y aprendo técnicas, más aún en la pastelería donde la técnica vale muchísimo”.

Como conocedora del rubro señala que la buena mano es fundamental en esta labor, sobre todo cuando se trata de preparar panes y demás con la fuerza de los brazos. Ello puede implicar estar trabajando sin descanso sobre la masa para un pan dulce de dos kilos durante casi media hora. “Con eso tengo mi propio gimnasio en casa”, dice riendo.

El desafío

Todo cambio trae incertidumbre y muchas preguntas. Para Fiore significó pasar de un horario establecido y una rutina hecha, a ser su propia jefa y encargada de la empresa. Más aún porque era la primera en su familia que desde la cocina generaría su sustento.

“Uno no sabe qué va a pasar, si va a vender mucho, poco, será que le gustará a la gente. Entonces me iba probando recetas, porque no hay una. Una de las claves de la pastelería son la técnica y matemática. No soy amante de la matemática, pero la pastelería me enseñó a usarla”.

Una vez que se reestablezcan los viajes, Sandra piensa volver a su anterior actividad, ya que tiene una clientela formada. Sin embargo, adelanta que no dejará sola a su dulce clientela que formó en estos meses, por lo que seguirá cumpliendo con los pedidos. Entre sus padres está consolidado su negocio con su hijo mayor que está siguiendo cursos en el mismo lugar donde ella se capacitó.

La propietaria de la Dolce Fiore alienta a todas las personas que tienen ganas de llevar adelante sus ideas y anhelos a animarse y capacitarse en los cursos, no solo a través de tutoriales vía internet.

“Anímense. De repente uno tiene miedo, dice que no le va salir, pero hay que animarse. Si uno no prueba, nunca va a saber. En este rubro hay venta. siempre hay que tratar de especializarse un poco. No es solamente ver la receta, sino conocer la técnica, volver al aula a través de los cursos. Y practicar, la práctica hace al maestro. Anímense porque si uno prueba, nunca va a saber qué tal le puede ir”, invita Sandra, quien se animó a su dulce reinvención laboral.

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