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Domingo de Pascua: ¿por qué comemos huevos de chocolate?

Cada Domingo de Pascua, en la mayoría de los hogares del Paraguay y en muchos de otros lugares del mundo se regalan y se saborean los tradicionales huevos de chocolate. Los hay en diferentes tamaños, colores y formas; pero, seguramente, pocos conozcan el origen de esta costumbre, que hoy en el siglo XXI se convertido en una tradición de masas, más allá del marco religioso que le dio origen.

Para la religión católica el Domingo de Pascua (día de la resurrección de Jesús) es parte del Triduo Pascual, y el que pone fin a la Semana Santa que incluye al Jueves y Viernes Santo, días en los que se conmemora la muerte de Cristo; Sábado Santo, en el que se conmemora a Cristo en el sepulcro.

Actualmente según dictan los preceptos de la Iglesia Católica, está prohibido el consumo de carnes rojas solo el Viernes Santo. Pero en la antigüedad, siglo IV según algunas fuentes, las restricciones en lo que hace a los alimentos eran mayores, incluían a los lácteos y los huevos y las mismas no se limitaban al Viernes Santo sino que continuaban luego de la cuaresma hasta el Sábado Santo inclusive.

Prohibición de alimentos creó la costumbre

Fue justamente esta prohibición la que fundó la costumbre de regalar huevos, originalmente de gallina u otros animales el Domingo de Pascua, día en el cual dejaba de regir la prohibición del consumo de los mismos. También se conoce que la elección del huevo se debe a que el mismo, en varias culturas, es símbolo de vida y fertilidad lo cuál se liga a la nueva vida que implica la resurrección de Jesús.

Fue en el siglo XII, que la Iglesia adoptó la costumbre de regalar huevos como símbolo de resurrección a la salida de la misa de Pascua.

Si bien en la actualidad en algunos países se mantiene la costumbre de regalar canastas con huevos de gallina o pavo pintados o colereados con diversos motivos, mayoritariamente se han trocado los huevos de gallina por huevos de chocolate. Según estadísticas globales, el Domingo Santo es uno de los dos días del año en el que se consume más chocolate, el otro es la Navidad.

Esta es la historia de la tradición de los huevos de pascua desde que la Pascua se constituye como celebración religiosa, la cuál se institucionaliza en el Consejo de Nicea del año 325. Pero la misma “hunde sus raíces en las culturas paganas de los pueblos germánicos y anglosajones que celebraban con ritos vinculados a la naturaleza el cambio de estaciones.

Así la Pascua como fecha de la resurrección de Jesús estaba asociada al festival de Eostre, la diosa germánica de la primavera y la luz, celebrada en el equinoccio de primavera después de la luna llena. La festividad se extendía durante una semana, aunque non tan sancta, con motivo del renacer de la vida dejando atrás la cepa de los fríos inviernos europeos. De esas costumbres se distinguió el conejo como símbolo de la fertilidad y los huevos coloreados traduciendo el esplendor de los rayos del sol que renace”.

Como tantas otras costumbres cristianas, ésta hunde sus raíces en diversas costumbres sociales, método a través del cual el cristianismo logró darle un nuevo significado, en pos de “evangelizar”, a las celebraciones paganas.

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