“El romance eterno que tiene el ser humano es consigo mismo”, asegura María Luz Peña. Ese aprendizaje rige su relacionamiento con sus hijos.
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María Luz Peña: “Amor de madre es dar libertad a los hijos”

María Luz Peña: "Yo quiero que mis hijos me veneren porque les dejo fortaleza, les di amor y libertad para afrontar la vida”. Foto: Federico Palacios.

María Luz Peña: "Yo quiero que mis hijos me veneren porque les dejo fortaleza, les di amor y libertad para afrontar la vida”. Foto: Federico Palacios.

“El romance eterno que tiene el ser humano es consigo mismo”, asegura María Luz Peña. La productora y asesora de comunicación experimentó como el amor propio construye a la persona para enfrentar los momentos más duros de la vida.   Ese aprendizaje, los valores y el sentido de libertad individual rigen su relacionamiento con sus hijos y constituyen su legado.

María Luz no está de acuerdo con mostrar una faceta irreal de lo que es la maternidad. Ella está convencida que ser madre es una condición que da la vida por ser mujeres, pero que también habilita a ser diferentes y a dejar algo.

“Para mí el amor de madre es dar la libertad absoluta a los hijos. Para mí el romance eterno que tiene el ser humano es consigo mismo. Nacemos solos y nos vamos solos. Si yo como madre tengo que dejar un legado a mis hijos es, antes que nada, aprender a quererse, a respetarse y a tener la energía y la fuerza para enfrentar la vida que no es fácil, es dura y tiene sus sinsabores”, recalca.

Libres y sin culpa

“Si yo no enseño a mis hijos a quererse, a volar en libertad, yo como madre considero que no cumplí con mi misión”, afirma.

María Luz subraya que enseñó a sus hijos a vivir sin culpa. Para ella lo importante es que su hijo y tres hijas sean libres, que hablen con su mamá cuando tengan la necesidad y las ganas de hacerlo. Desde su rol, brinda el apoyo necesario para que se fortalezcan cuando están débiles, pero es la primera en abrir la puerta cuando están listos.

“Hay que tener valores, hay que respetar a los seres humanos, no hay que hacer el mal, hay que procurar hacer el bien permanentemente. Creo que todos los seres humanos tenemos nuestros lados claros y oscuros, porque no somos perfectos, no existe la perfección, pero prefiero incentivar los lados luminosos. Enseñar que tenemos que aprender a levantarnos cuantas veces sea necesario”.

La vinculación familiar es desde la igualdad, la libertad y la falta de culpa, según María Luz Peña. Ella quiere que sus hijos sepan que es feliz con lo que ellos le ofrecen y cree que ellos son felices con lo que ella a su vez les da.

“Para mí el Día de la Madre es todos los días, es a nivel humano. Yo crío hijos para el mundo. No pienso que mis hijos el día de mañana tengan que recibir de mi parte ningún tipo de herencia monetaria, no pienso que tengo que dejarle la vida solucionada a ninguno de ellos. Pienso que tengo que dejarles sí la fortaleza”.

– ¿Cómo querés ser recordada?

– Con la imagen de una mujer que luchó y que vivió intensamente, que no fue hipócrita, que hizo lo que sintió cuando quiso, que trabajó y que llegó a donde está antes que nada porque se tiene un amor propio tremendo. Si uno enseña eso a los hijos y si una da ese amor y enseña leyenda yo creo que ellos van a ser exitosos en sus vidas, sí o sí. El éxito no pasa por el dinero, ni por lo que uno acumula, sino por estar satisfecha, por estar feliz con lo que te toca vivir y con lo que tenés.

La valentía de vivir

Su carácter no es fruto del azar. María Luz estudió pupila en el colegio Saint Hilda, asentado en Hurlingham, provincia de Buenos Aires. Allí la estricta disciplina académica y hábitos diarios relacionados con restricciones horarias y participación de deportes del alto rendimiento la marcaron enormemente.

“Me preparó para llevar una vida con muchas tormentas, pero también con amaneceres brillantes. Soy una persona con una metodología de vida. Cuando pasé momentos críticos eso ya estaba impregnado en mi persona. Eso también inculqué a mis hijos y eso les ayudó muchísimo”, agrega.

Por sus venas corren la sangre de mujeres históricas como la india Leonor -quien dio descendencia a Domingo Martínez de Irala- y Silvia Cordal, destinada de la Guerra Grande. María Luz Peña piensa que la fortaleza de carácter le viene por genética. Eso, más la disciplinada educación que recibió le permitieron forjarse a sí misma para superar todo, incluso la temprana separación de sus hijas.

Se casó a los 17 años. Cuando volvió de Londres conoció a un alemán de 35 años, originario de Hamburgo. A ella le gustaba viajar, conocer y fue una persona muy curiosa siempre. Eso la llevó a tomar la valentía de casarse tan joven con un hombre al que prácticamente no conocía, tras seis meses de noviazgo.

Al año de casarse fue madre de Carolina. Después de 7 años de estar casada y con 24 años de edad, se separa. Era ya madre de tres hijas y era parte de una familia muy tradicional.

“En los 80 cuando separarse era un karma. La mujer tenía que estar aguantando sea lo que sea pase lo que pase por el que dirán. En ese entonces no existía el divorcio. Tuve la valentía de separarme, porque la persona con la que estaba no reunía las condiciones que yo precisaba para ser feliz. Económicamente tenía todo lo que una persona podía tener, pero lo principal para mí era desarrollarme como persona, él no me iba a ayudar con ese objetivo”.

A tomar conciencia de esto, con la convicción de que no deseaba llevar una vida opaca y gris, ni marcada por la infidelidad, decidió dejar todo y comenzar su vida con sus hijas y seguir adelante.

La separación

El padre de sus hijas se va del país, porque hizo malos negocios. Era la época de la dictadura.

“Me pide ver a mis hijas, porque él no podía entrar al país y accedí. Desde la primera vez, fui acompañada por una custodia policial. Siempre tuve el miedo de que él pudiera sacarme las hijas como venganza personal”, recuerda quien en una tercera oportunidad confió en que las cosas no tendrían ningún percance y acudió sin seguridad.

“Era la tercera vez. Fui hasta Foz de Iguazu para quedarme 24 horas, así lo veían al padre que estaba en Brasil. Era un 3 de noviembre, cumpleaños de Stroessner. Yo tenía amigos en CDE que me acompañaban cuando hacía estas visitas. Carlos Barreto Sarubbi que en ese momento era el gobernador, siempre me acompañaba, pero esta vez él me pidió que no fuera porque debía ir a saludar al presidente y no iba a poder darme el respaldo suficiente”.

Con la seguridad que da la juventud y la falta de rencor, tomó su auto. Era un día lluvioso. Cruzó la frontera en compañía de Modesta, una enfermera diplomada, que era la persona que le acompañaba en la crianza de sus hijas Carolina (9), Estefanía (7) y Rosa María (6).  Nada le hizo sospechar que una inocente ida para comprar lápices de Hello Kitty hasta las tiendas de CDE se transformarían en un secuestro y en una separación que duraría 7 años.

“Él había sobornado a la Aduana y fui retenida por más de 6 horas. Cuando llegó al hotel, Modesta estaba encerrada (tuvimos que echar la puerta) y mis hijas estaban desaparecidas. Era 1984, no teníamos internet, ni estaba globalizado. Estábamos en plena dictadura y yo tenía 25 años. Viví la desesperación, la falta de ayuda, estaba totalmente desprotegida en todos los sentidos. Porque además ya era huérfana de padre y madre, era una mujer separada que tenía fuerza y estaba expuesta al juzgamiento de la gente”.

Arquitecta de sí misma

Construyó su vida, su campo laboral, construyó su entorno. Creó y trabajó, anónimamente. Fue la productora general de grandes programas de televisión y ha estado detrás de todos los proyectos de Bruno Masi, una figura de vasta trayectoria. Hay un archivo de más de 180 mil horas de grabación que queda para las próximas generaciones donde está el nombre de María Luz Peña Ferrario.

– ¿Qué pasó durante esos 7 años?

-Yo me construí, segundo a segundo como una roca fuerte. Nunca me jacté de nada. Creo que las cosas una vez terminadas se transforman en un comenzar de nuevo permanente. Yo no soy una persona que se aferra a algo hecho para darse manija, porque sé que tengo la capacidad de crear constantemente y de producir. Siempre guardé mi identidad. Creé ambientes y lugares maravillosos, soy muy esteta. Me dediqué a construirme interna y externamente. Mente sana cuerpo sano. Hacía cuatro horas de gimnasia diaria. Crié a mi hijo en medio de eso.  Formé a mucha gente y luché por el talento y por la creatividad. Aposté a darle un buen lugar a toda persona talentosa. Viajé por el mundo y entrevisté a grandes figuras. Le apoyé a Bruno que creo que es un talento muy fuerte en este país.

María Luz, Bruno y la familia de Kamal. Foto: Gentileza.

María Luz, Bruno y la familia de Kamal. Foto: Gentileza.

¿Qué significa Bruno Masi en tu vida?

– Es un puntal muy fuerte en mi vida. Desde el 87 me uní a él. Kamal cumplió su primer año estando ya yo con Bruno. Bruno fue un padre para él, sin dejar de lado a su padre genético. Fue Bruno el que hizo posible que tuviera un padre presente. Fue también el hombre que dejó que yo construyera lo mejor de mí, ayudó a que recogiera mis piezas para armar de vuelta mi hogar.

María Luz y Rosa María. Foto: Gentileza.

María Luz y Rosa María. Foto: Gentileza.

El reencuentro

Pasaban los años de búsqueda. Por una paraguaya –Dora Brun- que trabajó para su ex marido y que se puso en contacto, supo dónde estaban sus hijas. Estaban a cargo de la nueva pareja del padre, quien había sido empleada de la casa, y sostenían que vivían en Alemania porque su madre había muerto.

“Mis hijas pasaron muy mal con esa persona, pero aprendieron y se fortalecieron”, dice.

En el año 1993, gracias a que Bruno Masi Centro de Comunicación estuvo a cargo de la campaña presidencial del electo Juan Carlos Wasmosy, María Luz pudo tener acceso al mandatario para contarle su historia y conseguir el respaldo consular que necesitaba.  “Tengo que agradecer el apoyo que recibí del presidente Wasmosy cuando me acerqué de manera limpia, como una ciudadana rasa, a solicitar la ayuda de la investidura del mandatario”.

Entonces empieza el proceso para encontrarse legalmente con sus hijas y para hacer las cosas como se tienen que hacer. Después de 7 años con ayuda consular y pagando la parte judicial, María Luz fue a rescatarlas.

Fue a Europa a hacer entrevistas a grandes personalidades como Gianni Versace, Paco Rabanne y el heredero de Nina Ricci, con la Gran Noticia para Canal 9. Con la paga pudo financiar mi viaje y sus gastos. En ese momento ni le contó al gerente general del canal porque tomaba el trabajo. Solo dijo que iba a hacer grandes entrevistas en Europa con todos los grandes personajes y lo cumplió. Tenía que trabajar mientras tenía la gran ilusión del reencuentro.

“Me probé como ser humano.  Me probé que no me destruyó el odio. Mis hijas me encontraron entera y con todas las condiciones aptas para recomponer nuestras vidas en Paraguay, con Kamal y Bruno.  Más tarde, siguieron sus estudios en Europa cuando tuvieron que hacer la universidad y hasta ahora estamos totalmente conectadas. Hoy tienen unas vidas brillantes”.

Estefanía y Carolina, hijas de María Luz. Foto: Gentileza.

Estefanía y Carolina, hijas de María Luz Peña. Foto: Gentileza.

La verdadera familia

Una orgullosa María Luz Peña comenta que tanto Kamal como sus hijas están casados y residen afuera. “Estefani hizo televisión en Alemania y está casada con uno de los productores más famosos de allá. Carolina está casada con un arquitecto en España y vive en Palma de Mallorca. Rosa María está casada y reside en Sao Paulo y Kamal está en Paraguay. Ellas también supieron perdonar al padre y a esa mujer que no supo ser una madre de corazón. Son triunfadoras en el primer mundo”, confirma.

Para María Luz Peña si se tiene la fortaleza, todo se reencauza, porque vivir bien es aprender a ser despegados y genuinos.

“Me construyó mucho lo que viví en la familia Masi Guggiari. Los padres de Bruno, tuvieron 10 hijos, no dejaron fortunas, pero dejaron una familia con un amor eterno y un legado de honestidad. El amor está en cultivar los valores y no en los bienes. Yo quiero que mis hijos me veneren porque les dejo fortaleza, les di amor y libertad para afrontar la vida”.

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