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Asentir, un camino hacia la paz

POR Mónica Petrochelli
Psicóloga social.

Aceptar, asentir… yo naturalizaba estas palabras. O no comprendía el verdadero sentido. Y a veces me cuesta darme cuenta de qué es eso que no logro aceptar y, por lo tanto, no logro “asentir”.

Una parte mía se encapricha y pretende que las cosas sean de otra manera, y me olvido de que nada de lo que fue pudo haber sido de otra forma… Otras, simplemente, le doy vueltas al asunto como si de esa forma fuera a marearlo para que cambie. Y claramente “lo que pasa, pasa”, como me dice siempre uno de mis adorados sobrinos.

Es difícil aceptar cuando no entendemos. Es difícil aceptar cuando no sabemos, o cuando algo es doloroso. Y por más que queramos encontrarle alguna lógica, aunque resistamos, nos quejemos, neguemos, nos enojemos, lo que pasó, así fue. Y lo que (me) pasa, está pasando, aunque no quiera. (¿Te pasó alguna vez no querer sentir lo que sentís, pero no poder evitarlo?).

¡Cuánta energía pierdo resistiendo! Cuánto cansancio innecesario cuando miro para otro lado por no mirar las cosas como son. Qué poco práctica me pongo cuando me olvido de que lo que no puedo cambiar (porque ya pasó o porque no depende de mí), lo más sabio que puedo hacer es asentir, es decir “así es”. (Viste que “la vida”, la vida como eso más grande que todos nosotros juntos, no se pone a consultar si nos gusta, si nos parece, si creemos que es justo tal o cual cosa. La vida es la vida. Es. No consulta. Sucede).

Y que, seguramente, una vez que haga ese movimiento de profunda humildad ante lo que es, pueda encontrar algunas nuevas soluciones, acciones, y emociones.

Fue un regalo cuando escuché la opción de “aceptar como punto de partida.” Aceptar de una, sin vueltas, lo más pronto posible. Aun cuando no entendamos, aun cuando es doloroso, aun cuando en el fondo sintamos que no es justo.

Es que yo creía que “aceptar” era de cómoda, de sumisa, de débil. Entonces, muchas veces, muchos años, en muchas situaciones “no aceptaba”. ¿Te imaginás? No aceptaba cosas de mi historia, por ejemplo. Lo que no entendía, lo que había sido doloroso o a lo que no adhería, no aceptaba. Una mezcla de soberbia, ignorancia, y tal vez la infantil fantasía de que si no aceptaba, algo podría cambiar. Algo así como un pensamiento mágico.

Aceptar como punto de partida, decir “sí” a las cosas como son, lejos de quitarnos (me) fuerza, nos permite ver con claridad, aunque nos duela, aunque no nos guste, aunque no estemos de acuerdo, y a partir de ahí, con plena responsabilidad, decidir que sí podemos o queremos hacer al respecto (¡si es que algo se puede hacer!).

Aceptar como punto de partida nos ayuda a reservar la energía y recursos para lo que SÍ, y no para lo que ya no. Es económico. Es más sabio. Es más real. Y es más humilde, lo que hace que nos haga más grandes.

Aceptar lo que nos ha tocado vivir,  incluyendo lo que viene de nuestros padres, de nuestra familia, de nuestros ancestros, es a mi entender, el camino que nos da fuerzas, nos mantiene sanos e íntegros. Tomar nuestra historia con respeto y con dignidad, reconociendo que “así fueron las cosas”, es un punto de partida que nada tiene que ver con la resignación y resentimiento, sino con la profunda aceptación. Es la aceptación que aún con dolor, nos da paz y a la vez la fuerza para seguir adelante. Asentir, decir “sí” a lo que es y a lo que fue.

Cuando nos quedamos enredados en nuestros traumas, muchas veces –y siempre movidos por el dolor- podemos caer en la fantasía de pretender que algo o alguien compense, y en esa posición nos mantenemos un poco en el lugar de niños; por lo tanto, no podemos tomar la vida como viene.

Parafraseando a Hellinger: “Sufrir es fácil, actuar y ser feliz exige más”.

Te comparto algunas preguntas que ante algunas dificultades para “asentir a lo que es, tal cual es”, me sirve hacerme. Tal vez, te sirvan a vos también.

¿Qué es eso que me cuesta aceptar o reconocer: qué me pasa o qué pasó?

¿A qué me  resisto? ¿A qué le estoy dando vueltas para no tomar las riendas de la situación hoy?

¿Qué pasaría si asintiera a “lo que es”? ¿Qué sí podría haber sido distinto?

Te dejo un abrazo y te comparto mi inquietud, que tal vez, algo resuene en vos también.

www.monicapetrochelli.ar

 

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