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La historia detrás del artífice del milagro tecnológico coreano

Lee Kun Hee, el magnate coreano presidente de Samsung, fallecido a los 78 años. Foto: DPL

Lee Kun Hee, el magnate coreano presidente de Samsung, fallecido a los 78 años. Foto: DPL

Fue noticia en la semana, por su fallecimiento en Seúl, a los 78 años, Lee Kun Hee, el magnate coreano que convirtió a Samsung en un verdadero emporio tecnológico global, y el mayor conglomerado industrial de Corea del Sur, 17° a nivel mundial.

Kun Hee había heredado la presidencia de la compañía en 1987. Fundada por su padre, Lee Byung-Chull, un exportador de fruta y pescado que en 1938 se estrenó con una transportadora de camiones y entabló muy buenas relaciones con el ejército de ocupación japonés, en los albores de los 90s la empresa ya era el mayor conglomerado del país, abarcando desde la electrónica hasta la construcción.

La leyenda cuenta que Lee se obsesionó con convertir a la compañía en un grupo de dimensión internacional, cuando en una tienda de Los Ángeles, Estados Unidos, vio cómo los productos Samsung acumulaban polvo en los escaparates, y se empleaban unos 6.000 operarios para reparar los artefactos defectuosos fabricados por los más de 30.000 trabajadores que tenía la empresa en la época.

El crecimiento exponencial de la compañía no está exento, sin embargo, de un lado oscuro que muy en el fondo de la historia se remonta a la impronta de su fundador, que tras la guerra de Corea, en los 60s aparece estrechamente vinculado a la dictadura del general Park Chung Hee, que le redundó líneas de financiamiento, aranceles especiales, una legislación laboral que establecía jornadas extenuantes, y persecución sindical.

La sede mundial de la compañía en el exclusivo barrio de Gangnam en Seúl, Corea del Sur. Foto: Archivo

Lee Kun Hee siguió la línea de corte militarista de su padre, alargó las jornadas de trabajo, prohibió los sindicatos excepto el creado por él, cuya presidencia estaba en manos de su secretaria, y llevó a cabo estrategias de dumping para el quiebre de pequeñas empresas que pudieran representar algún tipo de competencia.

Cuentan que en 1995 ordenó quemar unos 150 mil teléfonos celulares defectuosos, mientras obligaba a sus empleados a llevar una vincha con la leyenda “calidad primero”.

Relata el periodista Julián Varsavsky que “en las reuniones de directorio, de hasta seis horas, nadie interrumpía sus monólogos ni tomaba un vaso de agua, para evitar tener que ir al baño: “el jefe” no lo soportaría”. “La relación con los empleados fue al estilo de vasallaje feudal, al igual que con los proveedores a los que no les permitía trabajar con la competencia”, agrega.

Más allá de su cuestionable estilo, Kun Hee logró que Samsung alcanzara conquistas notables, como en 1992 cuando se convirtió en el mayor productor mundial de chips de memoria, y en 2011, cuando superó a Apple en venta de celulares.

Hoy, la compañía cuenta con 310.000 trabajadores en 74 países.

El magnate

Kun Hee era el mayor magnate de Corea del Sur, con una fortuna que Bloomberg y la revista Forbes calculan en más de U$S 20.700 millones.

Había nacido en 1943, en plena Guerra Mundial, y desde 2014 se encontraba en cama tras sufrir un accidente cardiovascular que lo dejó imposibilitado, y lo alejó por completo de la vidriera y la vida social.

No fue noticia hasta 2016, cuando se viralizó el video de una cámara oculta que supuestamente le hicieron con fines extorsivos. Kun Hee no pagó y en las imágenes se lo ve en su casa de Seúl rodeado de jóvenes mujeres.

Era una mancha más en el tigre, para un hombre dos veces condenado por corrupción y soborno. El abogado de Samsung Kim Yong Chul da cuenta de estas maniobras de su exjefe en su libro “Pensar Samsung”, donde refiere casos de corrupción de Kun Hee, acusándolo de sobornar funcionarios para asegurar la transmisión del control de la compañía a su hijo Lee Jae Yong, como finalmente sucedió.

Según el abogado, Samsung dispone de un presupuesto fijo de U$S 200 millones anuales para sobornos a políticos y empleados judiciales. “La mayoría de los fiscales opta por las bolsas de golf llenas de dinero que les mandan a cambio de dejar a Samsung en paz”, escribe Kim.

En 2008, dos años antes de la publicación del libro de Kim, que resultó un escándalo para la empresa, Lee había sido condenado a tres años de prisión y una multa de U$S 100 millones, luego de ser hallado culpable de malversación y evasión fiscal.

Pero, ser el principal artífice del milagro económico coreano tuvo su recompensa, y Kun Hee fue indultado por el entonces presidente Lee Myun Bak, exempresario corporativo de Hyundai, y no llegó a la prisión.

Paradójicamente, el expresidente Myun Bak fue después condenado a 17 años de prisión al haberse comprobado que recibió un soborno de  U$S 5,4 millones de Samsung por indultar a Kun Hee.

La Dinastía

El traspaso del poder en Samsung sigue el rito dinástico. Desde 2014 ocupa la presidencia el hijo de Kun Hee, Lee Jae Yong, quien en 2017 apareció vinculado al escándalo que terminó en la destitución de la presidenta  Park Geun-hye, que fue condenada en 2018 a 32 años de prisión por hechos de corrupción, abuso de poder, malversación y violación de la ley electoral.

Lee Jae Yong, actual presidente de Samsung, hijo de Lee Kun Hee. Foto: BBC

Igualmente, el líder actual del gigante electrónico coreano enfrenta dos procesos judiciales por fraude accionario y sobornos, dos cargos que la Justicia ya le comprobó a su padre.

Dicen los analistas corporativos, que estos problemas judiciales y el endurecimiento de la legislación coreana antimonopolios podría hacer que Samsung deje su tradición dinástica, y enfrente con nuevos rostros los desafíos que significa el espectacular crecimiento de China y su gigante Huawei, que puso en jaque a los Estados Unidos.

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