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El “vale todo” de la campaña electoral de Brasil: entre Satán y el canibalismo

La campaña entre Jair Bolsonaro y Lula da Silva entró en la recta final con un grado de agresión inédito. Foto: Infobae

La campaña entre Jair Bolsonaro y Lula da Silva entró en la recta final con un grado de agresión inédito. Foto: Infobae

Jair Bolsonaro y Lula da Silva recurren a todo tipo de agresión en la recta final para definir quién será el próximo presidente de Brasil.

La campaña electoral brasileña se ha convertido en una guerra hasta el último voto en la que todo vale, especialmente el trash. Ayer, durante un mitin en Belo Horizonte, en el estado de Minas Gerais, el candidato Luiz Inácio Lula da Silva bailó con Chico Buarque al ritmo de la música “El Partido de los Trabajadores (PT) vencerá”. Después del baile dijo que iría a dos debates televisados -de los cuatro a los que fue invitado- “junto a un genocida” refiriéndose al presidente Jair Messias Bolsonaro. Y como en una saga de películas de terror volvió a acusarle de canibalismo.

Sin embargo, el Tribunal Superior Electoral (TSE) había ordenado el sábado al PT que retirara de su campaña electoral un extracto de una entrevista en vídeo de 2016 de Bolsonaro con el diario The New York Times. Bolsonaro le dijo al periodista que no participó en un ritual de canibalismo indígena en una de sus visitas a una comunidad porque no encontró a ningún compañero de viaje dispuesto a acompañarlo. Según el razonamiento del juez del TSE Paulo de Tarso Sanseverino, el vídeo había sido sacado de su contexto.

“El significado original del mensaje fue cambiado al sugerir que Bolsonaro podría haber consumido carne humana en cualquier circunstancia”, escribió Sanseverino en el fallo. Pero Lula, sin inmutarse, continuó con su j’accuse. “No hemos inventado nada”, dijo en otro mitin en Campinas, en el estado de San Pablo, “no es la campaña de Lula la que dice esto, es el propio Bolsonaro que lo dijo a un periodista estadounidense”. El presidente no tardó en responder. En una entrevista con un canal de YouTube llamó a Lula “mentiroso, corrupto, ladrón y sin carácter”. “Lula ha superado incluso a Al Capone”, añadió.

El espectáculo sobre el supuesto canibalismo de Bolsonaro se produce pocos días después del llamado escándalo del diablo. Un vídeo en el que el más famoso influencer satanista de Brasil, Vicky Vanilla, afirmaba que los satanistas apoyaban a Lula inundó la web y las redes sociales bolsonaristas. El ex presidente decidió incluso publicar un manifiesto electoral en el que negaba rotundamente la cuestión. “Lula nunca hizo un pacto ni conversó con el diablo”, escribió en su página oficial de Instagram. El TSE también intervino en este asunto, obligando a retirar el vídeo del satanista.

Si la campaña del PT acusó a Bolsonaro de ser masón, extrapolando un vídeo de su visita a una logia en la campaña de 2018, Bolsonaro sigue impertérrito en su Lulaflix, una especie de Netflix anti-Lula donde los temas principales son la corrupción de Lula y su partido.

Los dos candidatos también se enfrentaron en la cuestión del Nordeste. En una de sus transmisiones en vivo Bolsonaro ha asociado la victoria petista en esta región de Brasil en la primera vuelta con el analfabetismo, desatando la ira de Lula, que pidió “a los que tienen una gota de sangre nordestina” que no voten por Bolsonaro.

No faltaron momentos en esta campaña electoral hacia la segunda vuelta que merecen un lugar en el manual del trash. Desde el cartel electoral en el que un perro mestizo llamado Caramelo dice que vota a Bolsonaro para que no se lo coman como en Venezuela, hasta el vídeo de un niño pidiendo al niño Jesús que en vez de regalarle un juguete consiga que Lula sea elegido presidente porque cuando lo fue “dio casa, comida, libros y vacuna”.

Pero, ¿quién está detrás de estas campañas que a veces parecen olvidar la inteligencia del votante además del buen gusto? Para el PT uno de los principales estrategas es Sidônio Pereira, denunciado el pasado mes de mayo por la Fiscalía de Bahía por incorrección administrativa. Según la denuncia, habría malversado 7,5 millones de reales (1,5 millones de dólares) de las arcas públicas del estado de Bahía, donde supervisó las campañas de Jaques Wagner y Rui Costa, ambos del PT. Sólo en marketing electoral, Lula habría gastado 26,9 millones de reales (5,2 millones de dólares), según el TSE.

Bolsonaro no ha declarado sus gastos. Entre sus principales estrategas se encuentran el publicista paulista Duda Lima, con antecedentes como asesor de comunicación del Partido Liberal (PL) de Bolsonaro, y Sérgio Lima, investigado en 2020 por presuntos actos antidemocráticos por prestar servicios de comunicación digital a diputados bolsonaristas acusados de atacar al Supremo Tribunal Federal (STF) en las redes sociales. Sin embargo, el hijo de Bolsonaro, Carlos, supervisa la estrategia de campaña de su padre.

El circo electoral no parece destinado a terminar pronto. Entre otras cosas, porque además de los dos candidatos también hay influencers cuyo impacto en sus seguidores es importante. Las redes sociales bolsonaristas, especialmente en Telegram según un análisis de la Universidad Federal de Bahía, viralizaron la infundada teoría del fraude en la primera vuelta. Los pro-Lula, por el contrario, denuncian las “oficinas del odio” del gobierno de Bolsonaro capaces de producir “la mayor articulación de fake news” de la historia del país.

Y dicen que son las fake news las que han incidido en el inesperado cabeza a cabeza entre Lula y Bolsonaro en la primera vuelta. Es el caso, por ejemplo, del influencer Felipe Neto, 16,4 millones de seguidores sólo en Instagram y un anti-bolsonarista declarado.

En las últimas horas ha encendido la mecha al escribir en Twitter que “todo indica que las noticias falsas sobre Marcola apoyando a Lula jugaron un papel en las elecciones del día 2 y no fue un papel pequeño”. Neto se refiere a la noticia de una escucha de la policía federal en la cárcel en la que el líder del grupo criminal más importante de Brasil, el Primer Comando Capital, Marcos Willians Herbas Camacho, conocido como Marcola, declaró que prefería Lula a Bolsonaro a pesar de considerar el primero un farsante. El presidente del TSE censuró la primicia del sitio O Antagonista porque, en su opinión, no era una declaración de apoyo político de Marcola a Lula.

En los últimos días también ha vuelto a la luz la historia de Celso Daniel, el alcalde del PT de San Bernardo do Campo asesinado misteriosamente en 2002. Bolsonaro había hecho de esto un caballo de batalla en su último debate televisado antes de la primera vuelta. Y lo sigue repitiendo en esta segunda fase de su campaña electoral. Hace unos días una entrevista de Mara Gabrilli en la emisora brasileña Jovem Pan había estallado en sus redes sociales porque Gabrilli reveló que Lula, según ella, había pagado 12 millones de reales a un empresario local para no ser acusado de estar detrás del asesinato de Daniel. Gabrilli fue suplente de Simone Tebet, del Movimiento Democrático Brasileño (MDB). Tebet, candidata a la presidencia, quedó en tercer lugar tras Bolsonaro y Lula a quien declaró su apoyo para la segunda vuelta. También el vídeo de Gabrilli fue retirado por orden del TSE.

Lula por su parte repite como un mantra que lo primero que hará cuando sea presidente es romper el sello de 100 años impuesto por el gobierno de Bolsonaro. El se refiere especialmente a las decisiones adoptadas por la Contraloría General de la Unión (CGU) y otros órganos del poder ejecutivo que legitimaron el secreto de diversas informaciones, como los procesos disciplinarios abiertos contra el entonces ministro de Sanidad Eduardo Pazuello (PL-RJ), y los registros de entrada y salida del Palacio del Planalto. Lula también atacó a Bolsonaro por los recortes en educación de su gobierno, acusándolo de desviar ese dinero para el llamado presupuesto secreto, es decir un mecanismo legal pero turbio para transferir fondos del ejecutivo a los legisladores.

En un país, como Brasil, donde 33 millones de personas viven en un estado de inseguridad alimentaria severa, hasta ahora Lula ha sacado 125,6 millones de reales, unos 25 millones de dólares, para financiar su campaña electoral mientras que Bolsonaro 43,3 millones de reales, unos 8 millones de dólares. Los brasileños esperan que en las próximas semanas todo ese dineral sirva para transformar la campaña, actualmente un “vale todo” lleno de trash, en una herramienta útil para comunicar a los electores los programas de los dos candidatos.

Fuente: Infobae.

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