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La “anunciación” del nacimiento del Mesías

Pbro Dr. César Nery Villagra Cantero

 

Al sexto mes (de la concepción de Juan) envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la Casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a contraer en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, se le llamará hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la asa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”. María respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”. El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes de la que se decía que era estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y el ángel, dejándola, se fue”.

[Evangelio según san Lucas (1,26-38), 4º Domingo de Adviento]

 

En el evangelio proclamado, la expresión “darás a luz un hijo”(Lc 1,31c) es el anuncio central del Ángel Gabriel a María:es una revelación maravillosa y desconcertante, al mismo tiempo. Maravillosa porque es una noticia que viene de “lo Alto”, por medio de un enviado de Dios, de un ángel llamado Gabriel. Y desconcertante porque desborda nuestra limitada capacidad de comprensión racional; supera todas nuestras categorías porque se nos habla de un “Dios hecho hombre”, acontecimiento único en la historia de la humanidad y en la historia de las religiones.

En el anuncio resuena la voz profética del Primer-Isaías que, más de siete siglos antes, proclamó diciendo: “Por eso, el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel” (Is 7,14). El mismo Isaías dice más adelante, dando las notas características del “Dios con nosotros”:…Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: “Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz”. Su soberanía será grande y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino. Según el profeta, este rey gobernará por siempre mediante el derecho y la justicia; Isaías culmina diciendo que esto será obra de Dios (Is 9,1-6).

“El nombre de la joven-virgen (era) María” (Lc 1,27b), calificada dos veces con el apelativo “virgen”. María era una humilde muchacha que vivía en un pueblito de la provincia de Galilea. En el momento del anuncio, ella estaba comprometida con José, de la tribu de Judá. Eran “novios”. Aún no estaban casados. Cuando ella quedó embarazada vivía aún – según la costumbre – en casa de sus padres. Las nupcias se realizaban en torno a un año después del compromiso que tenía todos los efectos legales del matrimonio.

La angelofania acontece en Nazaret. El enviado de Dios se llama Gabriel, cuyo nombre significa “Dios es mi guerrero”; y se presenta como un legado plenipotenciario, como un mandatario que cumple la orden de Dios que le confiere la misión. El mensajero saluda a María diciéndole: “alégrate”. Es un saludo acompañado con la invitación a superar el temor (“no temas María”, le dice el ángel). A continuación, el mensajero le declara “favorecida”, “colmada de gracia”, hecha impecable por la obra de Dios. Cuando el ángel le dice a María que “el Señor está contigo” quiere indicar que ella recibe la constante ayuda y la protección de Dios. Las palabras del ángel le sobresaltó; más aún cuando le anunció: “Vas a concebir, y darás a luz un hijo”. El ángel le indicaba un futuro embarazo, la gestación de un hijo, cuyo nombre, por indicación divina, será Jesús, equivalente a Josué (Jos 1,1), un nombre teofórico, que quiere decir: “Yahwéh salva”: Dios ha salvado, salva y siempre salvará.

De Jesús, el ángel dice que será “grande”, describiendo la personalidad del niño que va a nacer y la función que va a desempeñar. A continuación, Gabriel afirma que “será llamado Hijo del Altísimo”, es decir, Hijo del Dios Supremo, el que está por encima de todo.“Se sentará en el trono de David su padre”, dice el ángel aludiendo a la profecía de Natán a David en relación al poder real que permanecerá en su descendencia. Así, desde el punto de vista de la realeza, Jesús será llamado “hijo de David”, de la estirpe del Rey.Por eso, él “reinará sobre la casa de Jacob-Israel por los siglos” y “su reino no tendrá fin”.

Cuando el ángel terminó su intervención, María reacciona ante el inesperado y sorprendente anuncio con una Pregunta: ¿Cómo podrá suceder eso ya que no tengo relaciones con un hombre?La pregunta expresa una incertidumbre que empezó como una turbación ante un saludo tan insólito (vv. 28-29) y se ha ido acrecentando a medida que el mensajero le comunicaba los términos del anuncio (vv. 31-33).Literalmente, María alega que “no conoce varón”, es decir, que ella no ha tenido relaciones conyugales. Y de este modo, ratifica la descripción que se ha dado de ella: la de ser una “joven-virgen” (v. 27). Después de que ella manifestara su incertidumbre, el ángel le replica y le indica que intervendrán dos agentes: El Espíritu Santo y el Altísimo. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”, le anuncia; y el “poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. El Espíritu Santo aparece como una potencia creativa de Dios que actúa en el ser humano. De este modo, según Lucas, el Mesías entra en la historia humana por medio de una actuación del Espíritu creativo de Dios sobre María. “Vendrá” o “bajará sobre ti” es una expresión que evidencia que la concepción de Jesús excluye cualquier clase de referencia a una unión sexual. El niño será un don total de Dios, en el sentido más pleno de la palabra. Los títulos que emplea el ángel para referirse al neonato son “Santo” e “Hijo de Dios”, es decir, separado y consagrado para el servicio de Dios.

El poder de actuación de Dios es ejemplificado por el ángel con el caso de Isabel, la pariente de María que, siendo estéril y de edad avanzada, ya llevaba seis meses de embarazo. Este hecho demuestra que para Dios nada hay imposible. Al final del diálogo viene la respuesta de María: Ella responde declarándose “la sierva del Señor”. Es una afirmación de disponibilidad, de humildad, de quien acepta lo que le rebasa por la confianza depositada en el mensajero. Ella afirma con seguridad: “cúmplase en mí lo que has dicho”. La versión popularizada en castellano “hágase en mí según tu palabra” expresa su profundo deseo de que la voluntad de Dios se haga realidad. Después de la respuesta de María, el evangelista informa que “el ángel la dejó”, para retornar al ámbito propio de Dios.

Brevemente: El anuncio del nacimiento del Mesías indica la proximidad de la celebración de la navidad. Es el anuncio más sorprendente de la historia de la humanidad: El Dios eterno, inmutable, “absolutamente otro”, se encarnará para asumir, en su condición divina, la naturaleza humana. Dios, verdaderamente, estará entre los hombres para mostrarles el camino de la vida eterna. El Dios fuerte se hará frágil con el fin de salvarnos; el Dios rico se hará pobre para enriquecernos con su gracia.

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