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Parece que si no la usamos la perdemos: uso sustentable de la biodiversidad

Los hongos, plantas y animales, aún están poco estudiados en Paraguay. Alberto Yanosky

Los hongos, plantas y animales, aún están poco estudiados en Paraguay. Alberto Yanosky

La Convención sobre Diversidad Biológica tiene tres objetivos y uno de ellos es usar sustentablemente la biodiversidad. Paraguay ratificó esa convención luego de que se tomaran importantes decisiones en la Cumbre de Rio de 1992. Fue uno de los primeros países en ratificarla, por lo que se espera que a casi 30 años de aquel compromiso, el país haya tomado las medidas necesarias para conservar y usar sustentablemente la riqueza natural que el país tiene.

La diversidad biológica es la riqueza natural y en este caso particular, para nuestra Nación esa riqueza biológica que es clave para que los recursos naturales sigan permitiendo una economía que produce cultivos, pasturas, carne, y energía eléctrica, pero mucho más allá porque permite la producción de hierbas, de yerba mate, de miel, y además nos limpia el agua para que siga fluyendo en cantidad y calidad, nos permite tener un aire para respirar, sólo por mencionar algunas pequeñas facetas de ese acervo nacional poco conocido, poco respetado y apreciado.

Y que es sujeto como muchas otras cosas de nuestras vidas, a que solo nos damos cuenta de su valor, su aporte y de la necesidad, una vez que lo perdemos. Y perder algo de biodiversidad, rara vez tiene solución de recuperación, y si la tiene, implica una alta inversión económica.

Pero ¿qué significa usar sustentablemente? El término sustentablemente indica que se perpetúa en el tiempo, que en el caso de la diversidad biológica, el mismo recurso natural estará disponible para su uso para otros, para las generaciones venideras y que uso actual no afectará la posibilidad de otros de usarlo.
Las bases de la sustentabilidad son no solo ambientales, sino sociales y económicas, a pesar de que existan diferentes corrientes de pensamiento. La lógica nos dice que aquello que no tiene un valor que percibamos, tampoco tiene importancia para mantenerlo (conservarlo).

Los cerrados son un tipo de ambiente que se dan con predominancia en Concepción, gran parte de su flora es medicinal o tiene valor nutricional.

El ser humano ha usado desde sus orígenes a la biodiversidad para sus necesidades, alimenticias, de protección, de resguardo, para curarse y muchos otros usos, y a aquellas que realmente le son útiles y podría hasta hacerse más práctica su disposición las naturalizó, y entonces comenzaron los cultivos y la cría de animales, con la domesticación.
Este proceso nos independiza de alguna manera de la naturaleza, ya que reproducimos lo que necesitamos en condiciones que no son naturales, criamos cerdos y ya no necesitamos cosecharlos de la naturaleza (como hoy se siguen cazando kure’i, tañy cati o taguá) o cultivamos locote y ya no necesitamos del ky’ỹi o ají silvestre.

Si bien esto implica conocer y trabajar la tierra para producir plantas o animales, facilita el no tener ya que salir a deambular para la caza y la recolección.
Sin embargo, existen muchos pueblos y comunidades originarias que siguen utilizando las técnicas de caza y recolección, y en muchos ha quedado ese hábito de ir a cazar, hoy ya más como un deporte, o ir a pescar, que no necesariamente están desvinculados de la alimentación u otros usos.

Los famosos yuyos tan arraigados en la cultura nacional y regional implican en la mayoría de los casos la cosecha del medio silvestre, muchos de estos yuyos o hierbas que tomamos en el mate o tereré forman parte de la flora nacional nativa. Parte de la miel que consumimos viene de cosecha de la vida silvestre, es una miel más natural.

Si bien la yerba mate hoy es cosechada de plantaciones, todavía existen los yerbales de los cuales se cosechaba este otro importante elemento de la flora nativa nacional, acervo y patrimonio natural del Paraguay al igual que la famosa Stevia o ka`a heé.

Flor de mburucuyá o llamado maracuyá (por su nombre en Brasil). Alberto Yanosky.

En definitiva, nadie puede negar que gran parte de la biodiversidad natural del Paraguay tiene un valor, puede ser monetario o no, pero una valoración que nos obliga a pensar en la sustentabilidad, es decir cómo hacer para que ese recurso del cual me sirvo pueda seguir existiendo.

Pero también, todo aquello que no se usa o no le vemos un valor (quizás por desconocimiento) posiblemente esté destinado a desaparecer, con el riesgo que implica perder algo que no conocemos.

Prohibir el uso, o restringir el uso sin bases técnicas no ayuda, o en definitiva podemos ver que hay fuga de recursos naturales, por ejemplo, a otros países vecinos en donde sí la vida silvestre tiene un valor reconocido, ingresa a las matrices económicas del país y por lo tanto se establecen regulaciones que ayudan a perpetuar el recurso natural. Si no conocemos algo, difícilmente lo valoraremos, y si no lo valoramos tampoco lo cuidamos.

Un pariente silvestre de la chirimoya, que pocos conocen y es un recurso genético autóctono. Alberto Yanosky.

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