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Paraguay tiene casi 130 especies de serpientes y solo 10% son venenosas

Mboi jovy - Leptophis ahaetulla. Es conocida como culebra verde por su coloración. Foto: Tatiana Galluppi (Departamento de Boquerón)

Mboi jovy - Leptophis ahaetulla. Es conocida como culebra verde por su coloración. Foto: Tatiana Galluppi (Departamento de Boquerón)

Por alguna razón que tiene que ver con la cultura, la tradición y las enseñanzas; las serpientes en general no son muy queridas ni apreciadas en nuestro entorno. Un niño a quien no se le ha inculcado el temor a las serpientes, no les tendrá miedo y buscará tocarlas, llamado por el instinto de entender en su entorno.

El temor a las serpientes es definitivamente inculcado. El inicio de este temor y reacción negativa a su presencia ya se nos inculca en La Biblia, como un elemento de la naturaleza malo, venenoso, agresivo, y hasta dañino. Lamentablemente no conocemos el importante rol que cumplen las serpientes en la naturaleza y solo algunos pueblos y culturas respetan y buscan conservar a estos destacados elementos de la fauna.

Solo pensar en que han evolucionado con un cuerpo que está muy lejos de lo que nosotros como humanos entendemos que son partes claves, el no tener manos y brazos, el no tener piernas y pies, y hasta el carecer de orejas. Parece que otro ser, cuanto más diferente, más lejos lo sentimos. Asociamos estos elementos ápodos, que reptan, alargados, escamosos, y fríos como parte de la vida en la tierra a la que no le tenemos mucho afecto ni nos genera ninguna sensación de cariño, como puede ser, por ejemplo, con los pichones o crías de otros animales, aun cuando sus padres no son muy “atractivos” que digamos.

Una parte de la fauna de serpientes u ofidiofauna es venenosa o ponzoñosa, de las casi 130 especies que tenemos en Paraguay, solo una pequeña fracción, algo más del 10% de ellas, son venenosas, entre ellas, están las siete especies de corales o mboi-chumbe, las seis especies de yararaes y la única especie de cascabel o mboi-chini.  Hay unas cinco yararaes diferentes, unas cinco corales y solo una especie de cascabel.

La kuriju – Eunectes notaeus. La anaconda amarilla o del sur, o Kuriju, es una de las serpientes más grandes de Paraguay. Foto: Tatiana Galluppi (Departamento Presidente Hayes)

Hay un grupo de serpientes ciegas, que rara vez se las ve ya que viven bajo tierra que se las conoce con los nombres de leptotiflópidos, anomalépidos y tiflópidos, y son esas que algunas personas dicen que “pican” con la cola ya que algunas tienen un aguijón.

Además de estar serpientes ciegas, el resto podríamos referirnos generalmente como los elápidos (las mboi-chumbe), los vipéridos (las yararaes) y la crotálida (la mboi-chini). Otras serpientes que forman parte de nuestra rica fauna son las serpientes verdes o azules (las mboi-hovy), las falsas yararaes (las ñandurire), la boa de las vizcacheras, la anaconda amarilla o kuriju, y la boa arco iris o mboi-roy. Estas últimas son las boas o serpientes estranguladoras, que fuera de la mala fea hecha por una famosa película donde además el cazador experto de estas anacondas era paraguayo, son ejemplares de gran tamaño, muy pacíficos y de colores muy llamativos.

Falsa coral – Oxyrhopus rhombifer. Es una falsa coral, cuyo nombre científico alude a la forma de los anillos negros de su cuerpo, en forma de rombos. Foto: Tatiana Galluppi (Departamento de Boquerón)

Existe fuera de las serpientes venenosas, de las víboras ciegas y de las boas, un conjunto de más de 90 especies de serpientes que decimos que son culebras o colúbridos, en su mayoría inofensivas o con algo de venenos en sus glándulas salivales transformadas.

Como cualquier otro animal, las culebras para defenderse muerden y tienen dientes, y unos dientes que pueden inocular veneno o pueden pasar el veneno que se encuentra en su boca. Depende del estado de salud de la persona mordida, de la limpieza de la herida y del tipo de culebra para que la reacción sea más o menos grave.

Y las culebras tienen su “carácter”, no es lo mismo una mboi-kapi´i, dócil y mansa que se la pueda agarrar y manipular sin problemas, que un ñacaniná, que es agresiva y se defiende mordiendo ante cualquier agresión que perciba. Una coral también es dócil y mansa, difícilmente muerda, y además si lo hace sus dientes están muy atrás en su boca y esta es muy pequeña; sin embargo, si logra morder por la agresión, la persona afectada se verá en problemas ya que es el veneno más potente que tiene una serpiente en Paraguay.

Mboi ro’y o Boa constrictor. Es una especie que durante mucho tiempo fue víctima del mercado peletero. Foto: Tatiana Galluppi (Departamento Boquerón)

Hay serpientes ofiófagas, es decir que comen otras serpientes, como hay serpientes que se alimentan de roedores, imaginen el importante rol que cumplen las serpientes en el ecosistema y en la naturaleza.

Solo te invito a hacer algún cálculo solo basado en que una serpiente puede comer un ratón por semana, imagina por cada serpiente que matamos, cuántos ratones y ratas más tenemos en nuestros ambientes, solo por afectar el equilibrio de la naturaleza. Cada vez que vayas a afectar a una serpiente, piensa dos veces en su rol en la naturaleza y que forman parte de ese acervo natural del Paraguay.

La mboi-chini – Crotalus durissus. La cascabel es una de las serpientes más ponzoñosas de Paraguay ya que tiene un veneno de acción neurotóxica y hemolítica. Foto: Tatiana Galluppi (Infante Rivarola, Departamento Boquerón)

*Agradezco el apoyo de Tatiana Galluppi, Diego Bueno y Hugo Cabral.

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