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Los mamíferos del Paraguay, un recurso apreciado y valorado, pero sin sostenibilidad

Mono aullador negro y dorado – Karaja (Alouatta caraya). Tanto el macho como la hembra presentan pelajes diferentes. Foto: Rebeca Irala (Villa Elisa, septiembre 2020)

Mono aullador negro y dorado – Karaja (Alouatta caraya). Tanto el macho como la hembra presentan pelajes diferentes. Foto: Rebeca Irala (Villa Elisa, septiembre 2020)

La biodiversidad nacional es rica, varias especies de plantas, animales y hongos. Algo de ello conocemos, pero es mucho más lo que desconocemos; y lo más preocupante es que la transformación de los hábitats naturales se está llevando, seguramente, especies que nunca sabremos que existieron en el territorio nacional.

Justamente cuando escribía este artículo, la querida Lidia Pérez de Molas compartía una reciente publicación de relevancia internacional, de una colonia de un cactus muy poco conocido a nivel mundial, precisamente en el Chaco, una localidad única en estado natural, además de los clones que se reproducen en viveros en el hemisferio norte.

Con mucho atino, la Ing. Lidia y sus colegas dieron al artículo el título de un “enigma resuelto”. Esto me hace recordar a la emoción que sentiríamos si encontramos una colonia natural de la famosa Stevia o Ka’â he’ê, un recurso biológico paraguayo que posiblemente hayamos perdido en la naturaleza para siempre.

Sin embargo, hoy quisiera enfocarme en los mamíferos, ese grupo de seres vivos, mayormente con pelo, que maman, mayormente cuadrúpedos y que, a excepción de los marsupiales, paren crías desarrolladas.

Coenduú chico – Kui’î sa’yju’i (Coendu spinosus). Es un roedor que presenta espinas entre su pelaje, dicha adaptación le sirve como mecanismo de defensa cuando se encuentra amenazado, ya que libera estas espinas e intenta huir de un posible ataque. Se encuentra en la categoría de amenaza LC (Preocupación menor) a nivel nacional. Foto: Rebeca Irala (Parque Nacional Ybycuí, Paraguarí, enero 2021)

Existen algunos casos particulares como los que son casi ciegos por su adaptación a la vida subterránea como los tuco-tuco, o los que vuelan como los murciélagos o mbopi, los que tienen cuernos como los ciervos o guasu, los de hábitos acuáticos y con membranas interdigitales en sus dedos como las nutrias o lobope, carpinchos y otros, los que llevan sus crías en una bolsa o marsupio como la comadreja o mykure, o los monos o primates, muy adaptados a vivir en los árboles.

Y así, podríamos seguir la larga lista de esa riqueza natural de diferentes especies, pero que después dentro de la misma especie tiene su variabilidad.

Hagamos una comparación con nosotros mismos, nosotros, los humanos somos una especie como lo es la especie de carpincho o capibara, o el yaguareté, pero entre nosotros somos muy diferentes, ninguno de nosotros somos iguales, ni siquiera los mellizos (quizás los gemelos, pero que criados desarrollan características que los diferencian, o sea externamente uno puede ver diferencias).

Imaginemos que esa misma diversidad tanto genética (que está en los genes) como la externa (la que se manifiesta y a veces se adapta a diferentes circunstancias) se empieza a cercenar, se empieza a reducir y terminamos siendo todos igualitos, genéticamente, como si fuéramos clones.

Y no voy a hondar en la cuestión de los clones, lo vemos en las plantaciones de Eucalyptus, especímenes (no especie) todos genéticamente iguales, seguramente con diferencias externas por las condiciones en las que se crían (agua, suelo, luz).

Tití chaqueño – Ka’i ygáu (Plecturocebus pallescens). Es arborícola herbívoro, y se alimenta, entre otras especies, de frutos como el Ñandypa (Genipa americana). Se encuentra NT (Casi Amenazado) a nivel nacional. Foto: Rebeca Irala (Estación Los Tres Gigantes, Bahía Negra, enero 2018)

Reducir esa diversidad genética que tiene la vida en Paraguay es llevar esa heterogeneidad hacia una homogeneidad con la consecuente pérdida de vigor; y esa pérdida es para siempre, si no logramos “guardar” al menos esa riqueza en un banco de germoplasma, si es que no somos lo suficientemente efectivos para conservar la naturaleza en su lugar.

Los mamíferos del Paraguay pueden superar las 10.000 especies, de las cuales menos del 2% son mamíferos. Esos elementos de la fauna al que tanto nos parecemos, compartimos la presencia de pelos, al principio somos cuadrúpedos y luego bípedos, tomamos leche de nuestras madres ya que tenemos glándulas mamarias que producen esa leche, nos gestamos dentro de un vientre, es decir, que somos vivíparos, nuestros cuerpos son capaces de regular la temperatura (tenemos fiebre, transpiramos), y claro somos parte de la biodiversidad del planeta y obviamente del Paraguay, somos una especie más en la que nos agrupamos precisamente en este grupo, el de los mamíferos.

La ciencia que estudia los mamíferos es la mastozoología, también llamada teriología o mamiferología. Y resalto lo de mastozoología porque he tenido algunos problemas hasta con colegas que hablan de la mastología, como la ciencia que estudia los mamíferos, y es un grave error, que simplemente se soluciona agarrando un diccionario, quizás la mastología es parte de la mastozoología, ya que estudia las glándulas mamarias.

Espero que no se confundan especializaciones, todas de la biología, porque puede haber buenas diferencias entre un mastólogo y un mastozoólogo, dependiendo de la cuestión que se quiera atender.

De todas las 180 o 181 especies de mamíferos del Paraguay, si nos incluimos, los grupos más abundantes son los roedores y los murciélagos.

El falso vampiro lineado o listado (Platyrrhinus lineatus) es una especie de murciélago o quiróptero que compartimos con varias países de Sudamérica, este ejemplar cayó en una red en el Departamento Concepción. Foto: Alberto Yanosky

Los murciélagos son unos de los grupos menos comprendidos y valorados. Los roedores son principalmente ratas, ratones, carpincho y la presencia de ardillas en Paraguay es bien reciente, antes no sabíamos que teníamos ardillas.

Temas de salud pública como la rabia, el hantavirus, salen a la luz cuando las relaciones humanos y mamíferos se intensifican.

Los carnívoros forman parte de este grupo como los gatos silvestres, los zorros y otros. Los edentados como los tatúes o armadillos, los osos hormigueros, las liebres o tapiti, los pecaríes o chanchos del monte, el tapir o mboreví, los ciervos o guasú, los monos o primates y los marsupiales.

Todos ellos conjugan una rica fauna, con la cual el Paraguay se ha alimentado, se ha provisto de ropa por sus cueros, ha utilizado su grasa, no solo en la alimentación sino en la medicina popular.

La cacería como parte de la cultura y la tradición debería ser potenciada, usar un recurso natural es valorarlo y cuidarlo. La biología de poblaciones nos brinda todos los elementos necesarios para hacer que la cosecha del medio silvestre pueda ser sustentable. La cultura, la tradición y los mitos del Paraguay están estrechamente relacionados con la fauna de mamíferos del Paraguay, deberíamos ser un poco más respetuosos de su existencia, más comprometidos con su conservación, ya que el lugar complejo que ocupan en sus ambientes naturales todavía está lejos de ser bien entendido.

La nutria gigante (Pteronura brasiliensis). Pueden observarse las patas adaptadas para nadar al igual que el pelaje denso, son carnívoras y viven en grupos familiares. Foto: Tatiana Gallupi (Pantanal Paraguayo)

Fuentes:

–       Asociación Paraguaya de Mastozoología y Secretaría del Ambiente. 2017. Libro Rojo de los Mamíferos del Paraguay: especies amenazadas de extinción. Asunción. Editorial CREATIO. 137 pp.

–       Cannevari, M y Vaccaro O. 2007. Guía de mamíferos del sur de América del Sur. 1ª. Edición – Buenos Aires: L.O.L.A 424 pp.

 

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