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A casi 30 años de la ley de vida silvestre no existe verdadera protección

Teju guasu - Lagarto overo (Salvator merianae). Es uno de los lagartos más grandes del país. Foto: Rebeca Irala (Concepción, diciembre 2020)

Teju guasu - Lagarto overo (Salvator merianae). Es uno de los lagartos más grandes del país. Foto: Rebeca Irala (Concepción, diciembre 2020)

La relación de los seres humanos con la naturaleza está fuertemente arraigada en nuestras raíces, la aparición de la ganadería y de la agricultura tuvo que ver con esa oportunidad que vio el ser humano de servirse más eficientemente de la naturaleza.

Aún hoy vemos varias civilizaciones y grupos originarios que siguen cosechando elementos de la naturaleza, como plantas, animales y hongos para alimentarse, para curarse, y hasta elementos que les sirven para guarecerse y protegerse para habitar, para vestirse, asociados a un hábito también un tanto tradicional que tiene que ver con el rendir respeto, admiración, agradecimiento a la naturaleza por brindar esos recursos que permiten la subsistencia.

Para los que viven en las ciudades y un aparente quiebre de su relación con la naturaleza, esta relación no es tan evidente. Solo mirar el arte nacional y como en la pintura, en la cerámica y hasta en la música se rinde homenaje a la naturaleza, por lo que ese vínculo que puede pasarnos inadvertido no es tal y debemos restablecer nuestra relación con la naturaleza.

Es como el agua potable, es como el aire que respiramos, está ahí, lo damos por hecho y que nunca nos faltará; sin embargo, estos recursos son limitados y finitos, y un uso inadecuado, insustentable podría llevar a su reducción a límites que podrían poner en riesgo su permanencia. Y la permanencia tiene que ver con continuar allí como “producto” o como “servicio” que insisto, damos por hecho y que son fuentes inagotables.

Usar no es malo, nuestra supervivencia y desarrollo se ha basado y se basa en la utilización de la naturaleza. Usar es parte de la sustentabilidad.

Lo vemos a diario con las yuyeras que cosechan del medio silvestre, las hojas de estas hierbas, o sus ramas, o sus cortezas o sus raíces para ofrecérnoslas para nuestro mate o tereré.

A muchas de estas hierbas le otorgamos un valor medicinal, refrescante, y hasta místico, quizás sin evidencias científicas de estos efectos; pero que tienen una base en el conocimiento tradicional, y esto relacionado con las creencias.

Y las creencias son eso, convencimiento de que algo ocurre o tiene un efecto, es la necesidad de vivir en sociedad que lo creemos que existe de hecho, le queremos asignar un valor de derecho, y así le exigimos que sea conocimiento científico, saber validado. Cuando vamos al supermercado y compramos un plumero, no pensamos que esas plumas no son artificiales, sino que vienen de un animal que conocemos con el nombre de ñandu guasu, o cuando compramos edulcorante con Stevia o ka’a he’ẽ, que viene de una planta nativa que ya no se la encuentra en la naturaleza.

Ñandu guasu – Ñandú (Rhea americana). Es el ave no voladora más grande del país (1.50 m). Habita en pastizales, campos y sabanas. Foto: Rebeca Irala (Concepción, diciembre 2020)

Cuando cosechamos algo, en algún momento nos preocupa el hecho de su escasez o su posible desaparición, y es aquí donde el marco legal, la fiscalización y la educación juegan roles preponderantes.

Paraguay tiene una ley de la vida silvestre que data de 1992, pronto cumplirá 30 años de existencia, y aún no podemos decir fehacientemente que esa ley tan moderna y visionaria cuando fuera creada ha rendido sus frutos. Asimismo la Ley 716/96 Delitos Ecológicos establece que “los que destruyan las especies de animales silvestres en vías de extinción y los que trafiquen o comercialicen, son pasibles a recibir sanción con penas penitenciarias y económicas los delitos contra el medio ambiente”. Y este artículo de la normativa queda exclusivamente en papeles.

El comercio internacional de la vida silvestre que por muchos años por un lado caracterizó al Paraguay y también lo puso en la vitrina internacional no por una buena gestión, también tuvo épocas de esplendor con el uso sustentable de especies como el jakare o teju. Ambas especies proveían y siguen proveyendo cueros al mercado internacional, que si bien en reducción, sigue vigente. Los cueros paraguayos y su proceso de curtido destacaron al país. Este proceso hizo también que se curtieran cueros de otras especies, hoy legalmente quedan los miles de cueros de ganado vacuno, dejando de lado la oportunidad para el uso sustentable de la biodiversidad nacional.

El mercado de mascotas también es otra arista del tema, no solo los pequeños mamíferos y aves, sino reptiles y peces, y hasta algunos invertebrados como arañas, se utilizan como mascotas, y Paraguay no es ajeno a este mercado, débilmente regulado.

Solo pensar en las serpientes, alacranes y arañas que nos sirven para fabricar los antídotos o antivenenoso para luchar contra mordeduras y picaduras.

Jakare – Yacaré (Caiman yacare). Es un reptil endémico de Sudamérica. Puede ser visto en sistemas lóticos con poca vegetación. Son más visibles. Se encuentra bajo la categoría de Preocupación Menor (LC). Foto: Rebeca Irala (Bahía Negra, enero 2018)

 

Es ampliamente conocido que lo que no se usa, no se valora, lo que no se conoce, tampoco se valora, y quizás este es nuestro gran error. No usar la ciencia y la tecnología para asegurar que el uso de la naturaleza, fauna, flora y hongos puedan seguir sirviendo sus productos y servicios, la biología de poblaciones no da toda la “ciencia” que necesitamos y si la información de base no está disponible, tenemos otras técnicas como el manejo adaptativo que nos permite ir probando a través de ensayo y error, y así construyendo conocimiento sin poner en riesgo este recurso natural.

El orgullo nacional tiene sus bases en los elementos de la naturaleza, honremos a Don Herminio Giménez con Canto de mi Selva, o a Don Demetrio Aguilar con Guyra Farra, o al querido Quemil Yambay con sus imitaciones, si estos artistas no hubiesen tenido ese contacto con la naturaleza, jamás hubiésemos sido bendecidos con estas grandes obras nacionales. ¡Aseguremos como sociedad que otros artistas vendrán y tendrán la posibilidad de relacionarse con la naturaleza y no con un mundo artificial, exótico y no propio de nuestra cultura natural!

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