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Ka’a he’ẽ (stevia) debería ser patrimonio natural del Paraguay

En esta toma del ka'a he'ê se pueden apreciar las panículas de flores, las vellosidades de las hojas y su particular forma lanceoladas y dentadas. Foto: Germán González (jardín de aclimatación de la de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Asunción)

En esta toma del ka'a he'ê se pueden apreciar las panículas de flores, las vellosidades de las hojas y su particular forma lanceoladas y dentadas. Foto: Germán González (jardín de aclimatación de la de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Asunción)

POR Alberto Yanosky
Presidente de BirdLife International para las Américas, copresidente de la Alianza KBA, presidente del Comité Paraguayo de la UICN

Hoy día, difícilmente exista alguien que no conozca, no utilice o no haya oído hablar de la Stevia. La Stevia es mundialmente conocida por sus propiedades endulzantes, el glucósido que aporta es unas 200 veces mayor en capacidad de endulzar que el azúcar común y refinado, y con propiedades medicinales y, además, sin los efectos negativos del azúcar ya que no tiene calorías. Es un poco deprimente que el mundo conozca la Stevia, pero no la asocie con el Paraguay, y aquí nuevamente la disociación de nuestras vidas y bienestar con la naturaleza, sumado a una falta de comunicación inteligente para que quien consuma Stevia la asocie con la naturaleza paraguaya.

Nosotros, la sociedad envolvente y que busca validar lo que se conoce de hecho por derecho, supimos de la Stevia gracias al sabio Moisés Bertoni, que describió la especie para la ciencia con ejemplares de Alto Paraná, e invito a conocer su lugar, desde donde Bertoni hizo ciencia de alto nivel en lo que es hoy el Monumento Científico Moisés Bertoni a orillas del río Paraná a pocos minutos de Presidente Franco y Ciudad del Este.

El nombre científico del ka’a he’ẽ honra a Steve, botánico español, quien pocos años después del descubrimiento de América investigó las propiedades de esta planta tan particular y a Rebaudi, químico paraguayo que publicó el primer análisis químico. Y digo que nosotros, la Sociedad Envolvente, porque los pueblos originarios ya la conocían y la usaban es sus infusiones con la yerba mate. Fueron los Mbyá de Alto Paraná quienes le mostraron la planta y sus cualidades al Sabio Bertoni y a partir de allí comenzó sus investigaciones. El saber “oficialmente” de la existencia de esta especie ocurrió en 1928 cuando se publicó este hallazgo en una revista botánica de Inglaterra.

La Stevia o ka’a he’ẽ es una planta dioica, es decir, que hay individuos masculinos y femeninos que poseen una bella y pequeña flor tubular de color blanca, sin una fragancia al menos perceptible por los humanos. Foto: Lidia Pérez de Molas (Libertad del Sur, Itapúa)

Y aquí nuevamente la asociación del conocimiento tradicional, construido con años y años de práctica, de legado oral a través de tradiciones y prácticas, con dos especies de alto valor comercial, que nos mejora nuestra calidad de vida y nos da tantas satisfacciones, la yerba mate y el ka’a he’ẽ, dos especies botánicas del Paraguay, que al igual que el café en Etiopía y los cafetales para el resto de América Tropical y Centroamérica, o como el té en China. Esta planta debería formar parte del patrimonio natural del Paraguay, en particular, porque los últimos registros de la especie son de Paraguay, y específicamente en Amambay.

Y el mundo conoce a esta especie de “boom comercial reciente”, ya que al principio de la década del 60 comenzó su domesticación, pocos años después Japón la comienza a producir y se torna en líder mundial de un producto de la naturaleza paraguaya, pero producida ex situ (fuera de su lugar) y no es hasta la década del 70 que Paraguay comienza a tomar en serio su producción. Pero he aquí un grave error, la hemos reproducido, hemos aprendido de su biología y cómo mejorarla, pero hemos perdido su base genética en vida silvestre, la especie ya no se encuentra en la naturaleza y esto significa que este acervo o patrimonio natural podría estar extinto en vida silvestre, es decir, en estado natural.

En los diferentes mercados se la conoce como Stevia o Estevia, Kaa Hee, Caaje (por deformación del origen guaraní ka’a he’ẽ), hoja dulce de Paraguay, hoja de caramelo, hierba de miel, dulce hierba, planta de los diabéticos, todos estos términos hacen referencia al uso por las personas afectadas por diabetes. Y el origen en guaraní, precisamente dice “yerba o hierba dulce” ya que es una palabra compuesta por las palabras ka’a (hierba) y he’ẽ (dulce). Esta planta que se considera un pequeño arbusto que no llega a un metro de altura, gusta de suelos arenosos, bien drenados, toda la planta tiene estos glucósidos llamados esteviósidos, excepto las raíces.

Se la describe como una especie que podría estar en las regiones boscosas de la región oriental de Paraguay y la provincia de Misiones de Argentina, pero pertenece a un grupo de plantas de América Tropical que contiene más de 200 especies. Afortunados, nosotros que tenemos “la especie de mayor utilidad para los humanos” en Paraguay y que el conocimiento tradicional de los pueblos originarios nos haya permitido conocer científicamente a la especie.

En esta toma del ka’a he’ê se pueden apreciar los tallos, las hojas y las flores, siendo visibles las vellosidades como así también la rectitud de los tallos y las flores que se presentan en panículas. Foto: Germán González ( Jardín de aclimatación de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Asunción)

Este es un ejemplo más de los muchos que tenemos en nuestra naturaleza que nos obliga a honrarla, a cuidarla y una vez más estoy muy convencido de que la evolución parece ser no direccionada, pero Aristóteles ya concibió que “la naturaleza no hace nada incompleto ni nada en vano”, y no queda más que sumarme a Rigoberta Menchú cuando expresó que “venimos hace muchísimos años intentando llamar la atención a la humanidad, de que no es posible la humanidad si no tenemos una nueva relación con la Madre Naturaleza”.

Y quiero pensar que nuestros investigadores pronto podrán descubrir alguna población de Stevia en vida silvestre, ya que “la naturaleza está a menudo escondida, a veces dominada, raramente extinguida” (Francis Bacon). Ojalá que así sea, y que podamos remendar el grave error que aceptar que la planta ya estaría extinta en la naturaleza. Mientras esperamos este hallazgo, podemos disfrutar de la planta en el jardín de aclimatación de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Asunción.

 

*Agradezco los aportes fotográficos de Germán González, Lidia Pérez de Molas y el apoyo de Rosa Degen.

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