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Las epífitas a nuestro alrededor, parasitosis mecánica clave en la naturaleza

Existen varias especies de cactáceas que son epífitas, sólo mirar los árboles nativos con cortezas gruesas para apreciar a estos cactus que crecen sobre las ramas y cuelgan de los mismos. Foto: Alberto Yanosky

Existen varias especies de cactáceas que son epífitas, sólo mirar los árboles nativos con cortezas gruesas para apreciar a estos cactus que crecen sobre las ramas y cuelgan de los mismos. Foto: Alberto Yanosky

POR Alberto Yanosky
Presidente de BirdLife International para las Américas, copresidente de la Alianza KBA, presidente del Comité Paraguayo de la UICN

La palabra epífita es un término poco común, pero la palabra parásita tiene una connotación negativa en nuestras mentes. Las epífitas son plantas que crecen sobre otro elemento vegetal u otro sustrato, el cual usa como apoyo o soporte, pero que no la afecta directamente alimentándose de esta, es decir, que no la parasita con fines nutricionales.

A este tipo de relación la conocemos como parasitosis mecánica, y el elemento que lo permite, sea un árbol, arbusto u otro sustrato que le da ese soporte se lo conoce como hospedador de la parasitosis mecánica. En muchos casos podemos ver varias especies de plantas en nuestros árboles en el campo, pero también en nuestros parques y plazas, algunas de estas plantas son muy evidentes y vistosas sea porque se erigen sobre estos troncos o ramas o porque están adosados a ellos o colgando de ellos.

Si miramos bien, podemos ver begonias, helechos, cactus, orquídeas y bromelias. Estas plantas son epífitas y no son parásitas en sentido estricto, es decir, no se alimentan de los árboles que dan el soporte, como por ejemplo el tajy o lapacho.

Varias especies de helechos de diferentes formas, con frondas individuales o frondas que salen de estolones que se ubican sobre la corteza de estos árboles. Foto: Alberto Yanosky

Habitan sobre ellas, se benefician del soporte que les da el árbol, pero también allí sobre el tronco donde crecen se acumulan nutrientes de los cuales se sirven, el soporte también ayuda a captar la humedad y hasta a veces evitar la depredación. Una de las cuestiones relacionadas con no dañar al hospedador siempre es discutible ya que, si bien no se nutren afectando al hospedador, muchas veces el peso de las epífitas hace que algunas ramas se quiebren y se desprendan del árbol que las acoge.

Las flores de las epífitas y las frutas invitan a otros elementos de la fauna a visitar este tapiz que se da sobre la vegetación nativa. Muchos colibríes, abejas y hasta murciélagos las visitan para alimentarse y así también ayudar a su polinización. Muchos animales utilizan estas epífitas para hacer sus nidos o bien utilizarlas para captar elementos para la construcción de sus nidos.

Los helechos epifitos forman grueso tapiz que da sustrato a otras plantas y a muchos insectos, y en particular las aves que además utilizan estos elementos para armar o forrar sus nidos. Foto: Alberto Yanosky

El cactus sin espinas conocido como Rhipsalis es bien común en nuestro ambiente, cuelgan de los árboles y cuando fructifican lo hacen con unos frutos rojos muy palatables para las aves. Parte de su distribución a nivel continental se explica por las aves migratorias que consumen y dispersan sus semillas a través de sus excrementos que dejan caer en otros troncos donde estas semillas encuentran un sustrato propicio para su desarrollo.

Los claveles del aire o Tillandsia (que hasta viven sobre los cables de electricidad o de teléfono por lo que parece que tiene alta capacidad de captura de nutrientes del aire y del agua) son parientes de las bromelias, es decir parientes cercanos de los Karaguata.

Observando los helechos se pueden ver los soros que son los lugares donde se ubican las esporas que cuando maduras permiten la propagación de la especie. Foto: Alberto Yanosky

Gran parte de estos claveles son epífitos, y algunas de estas especies parecen como barbas colgando de las ramas de los árboles, también son tillandsias y muchas veces se los confunde con los líquenes. Estas especies parecen ser muy plásticas y a veces las vemos crecer sobre rocas y hasta en los techos de las viviendas.

Los Karaguata son bromelias y existen diferentes especies con flores muy vistosas y cuyas fibras se utilizan para diferentes tejidos, pero a lo que más nos hacen acordar es a la piña o el ananá, y justamente la piña es una bromeliáceas, inclusive una de las bromelias nativas tiene una piña tan sabrosa como la que solemos adquirir proveniente de su propagación.

En este árbol céntrico en una plaza muestra la gran diversidad de epífitas, tanto helechos como cactáceas como así también bromelias. Foto: Alberto Yanosky

En varias ramas de nuestros árboles vemos a estas bromelias con sus flores y llamativamente albergan agua inclusive en épocas de sequía entre sus hojas. Los animales y muchos de nosotros relacionados a la naturaleza sabemos que, a falta de agua, las bromelias ahí en los árboles acumulan agua, en donde varias especies inclusive se reproducen.

Existen varias especies de orquídeas epífitas en Paraguay, todas ellas con flores muy vistosas como las Oncidium o Campylocentrum, que además se reproducen con fines ornamentales, también se las llama como orquídeas aéreas porque en muchos casos sus raíces se encuentran colgando.

Esta riqueza de las epífitas en nuestro ambiente sea rural o urbano, tiene una razón de existencia, están por que cumplen un importante rol en la naturaleza, han evolucionado relacionándose con otros elementos vivos con los que interactúan y se necesitan para su existencia.

Algunas de las especies epífitas tienen largas raíces o estolones, estas raíces brindan elementos importantes como las que larga el güembé. Foto: Alberto Yanosky

Sus bellas flores y sus apetecibles frutos en la mayoría de los casos nos permiten apreciarlas y representan complejas interacciones que como eslabones en una cadena hoy conocemos poco, afectar cualquier eslabón de esta cadena podría desencadenar situaciones que tampoco podemos predecir, más que saber que afectar la compleja e intrincada red que a la naturaleza le ha costado miles de años en desarrollarse puede afectar nuestros modos de vida.

Aquí se ve una planta que crece sobre otra y en este caso se trata de una parásita, que está comenzando a crecer conocida como Ficus estrangulador, que suele terminar matando al que le dio el sustento para su crecimiento. Foto: Alberto Yanosky

 

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