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Bernardo Neri Farina: “En gran mayoría los chicos no leen en los centros de enseñanza”

Bernardo Neri Farina. Foto: Gentileza.

Bernardo Neri Farina. Foto: Gentileza.

Bernardo Neri Farina, periodista, escritor, editor y docente universitario. Es académico de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y correspondiente de la Real Academia de España. Actual miembro del PEN Club Internacional Paraguay, fue presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay en el periodo   2016 – 2018.

Es un prolífico escritor, con una cantidad muy importante de libros publicados, conocedor de nuestras lenguas oficiales y referente de la literatura paraguaya.

En esta entrevista concedida a El Nacional nos da sus certeras reflexiones sobre un tema sensible hoy en día en el estamento educativo: la situación de la competencia lectora en los niños, jóvenes y en la sociedad paraguaya misma. En sus reflexiones desnuda la realidad de esta problemática actual. El Estado debe impulsar un Plan Nacional de Lectura con el fin de reducir el porcentaje de analfabetos funcionales.

Aquí, la entrevista in extenso:

La lectura nos abre las puertas hacia mundos desconocidos, fantásticos, concretos, abstractos y un sinfín de posibilidades. Desde su óptica y su vasta trayectoria en la docencia y la literatura, el paraguayo promedio, ¿está dispuesto a descubrir esos mundos a través de la lectura?

Tradicionalmente, en el Paraguay se le ha dado un valor utilitario a la lectura. A través de ella se buscaba un conocimiento específico: histórico, científico, social o de alguna otra índole especial. En segundo lugar, lejos, estaba la apetencia estética, esa que va al libre en la aventura de la búsqueda por la búsqueda: en la narrativa o en la poesía. Esto está quizá determinado por nuestra propia historia. Los Novecentistas fueron personalidades de gran cultura, que pudieron ser grandes creadores literarios, pero la exigencia de la hora determinó que se dedicaran a la historia, al ensayo histórico. La narrativa fue ninguneada o relegada en el Paraguay. Hasta menospreciada. “No escribas novelas, escribí historia real”, era una fórmula muy común nacida de la ignorancia frente a la narrativa, que es la más perfecta recreación de la condición humana. Felizmente hoy hay una generación de jóvenes que buscan en la lectura una vía integral, humanística, amplia, placentera. Y eso le ayuda a esta generación a entender mejor el mundo y entenderse mejor ella misma.

Se ha convertido en una leyenda urbana que el paraguayo es reticente a leer, ¿está Ud. de acuerdo con eso?, ¿cuáles serían los factores que fortalecen esta leyenda?

Desde la Colonia, el Paraguay fue un territorio en el que la sobrevivencia diaria en medio de tantas carencias materiales ha sido lo primordial. La cultura fue siempre relegada y hasta mal vista. Don Carlos buscó enmendar en algo eso, pero su obra quedó trunca. No tuvimos una universidad sino hasta finales del siglo XIX. La Guerra del 70 nos aniquiló y luego las interminables guerras intestinas nos fulminaron. Solo en un breve periodo tras la creación del Colegio Nacional y la Universidad Nacional brotó una sólida élite intelectual que a su vez marcó un pequeño florecimiento cultural. Pero fue efímero. Las “revoluciones” y las dictaduras confinaron a la cultura. En ese marco era muy difícil difundir el hábito de la lectura. Además, un hombre de lectura era un hombre con cultura y por lo tanto era un peligro para las dictaduras. “Maêrâ remboestudiasé ndera’ýpe; oñemboarandu hâguâ ha opu’â hâguâ hetâre upéi” (“Para qué querés hacer estudiar a tu hijo; para que se haga erudito y se levante luego contra su patria”). Claro, la patria era el dictador de turno que se identificaba con ella en su pensamiento totalitario. Y autoritarismo no cuaja con cultura. El escenario propicio para la cultura colectiva es la democracia. Y nosotros apenas estamos transitando hacia ella desde 1989. Antes, jamás hubo democracia. La primera elección presidencial con dos candidatos ocurrió en 1926, y la segunda, en 1963.

Ud. ha publicado varios libros y con esa loable acción contribuye al desarrollo cultural del país. En cuanto a la producción literaria local, ¿en qué situación estamos actualmente?, ¿Se puede vivir de la producción literaria?

A partir de los años 80 del siglo pasado, con la apertura de editoriales más profesionalizadas y la creación de más librerías, además de la iniciativa de ciertos colegios de incentivar la lectura de autores nacionales, creció la oferta literaria. Hoy hay una enorme cantidad de libros publicados, dada la mayor facilidad para ello. En esa cantidad hay de todo en cuanto a niveles de calidad. Pero podemos hablar de un grupo selecto de calidad literaria. Excluyendo a los clásicos fundacionales (Casaccia, Roa, Rivarola Matto y otros), tenemos un acervo de escritores, mujeres y hombres, de alta competencia. La difusión de los libros se ve restringida por un mercado interno muy pequeño y porque no podemos acceder a los mercados internacionales debido a diversos factores. Aquí nadie vive de su producción literaria. Se debe acudir a otras actividades. En mi caso, hago colecciones de clásicos para editoriales y periódicos, ediciones, prólogos, correcciones, presentaciones y otras labores que me instalan en la condición de changador literario. Aunque tengo 25 libros publicados y varios de ellos premiados, eso no me da, por sí, para mantenerme.

La cultura paraguaya es esencialmente oral, según algunos antropólogos, esta idea se plasma en la escritura, en la que Paraguay está aplazada, ¿cómo Ud. cree que se podría elevar el nivel de producción escrita en los niños y jóvenes actualmente?

La literatura para la edad infantil está en su mejor momento en nuestro país. Hay una admirable producción. El resto corre por cuenta de las maestras y de los padres. Por lo general, los niños van adoptando el hábito de la lectura bajo el influjo de maestras y padres. La lectura, tarde o temprano, les llevará a querer expresarse a través de la escritura. El incentivo debe apuntar a leer y a escribir.

En algunas recorridas que Ud. ha hecho por varias instituciones educativas, en su opinión, ¿cómo están nuestros niños y jóvenes en comprensión oral y escrita?

Hay mucha diferencia entre algunos colegios y otros. No voy a dar nombres, pero suelo ir, por ejemplo, a un colegio privado en el que los alumnos leen un libro por semana o cada dos semanas, y donde leen a Salinger en inglés y representan obras de Shakespeare y de los españoles del Siglo de Oro una o dos veces por año. Y hay otros colegios en los que la lectura está ausente. O en los que existe una biblioteca cuya llave la tiene una encargada que nunca está. Colegios como el primer ejemplo hay muy pocos. En una gran mayoría los chicos no leen en los centros de enseñanza y les cuesta abstraer una idea y expresarla cabalmente. Hay estadísticas que afirman que siete de cada diez estudiantes no comprenden lo que leen. Eso solo se podría revertir con una gran campaña desde el propio Estado. El MEC tiene un Plan de Lectura que nunca implementó. Si el drama nacional es la escasa comprensión lectora (que apunta a una sociedad de analfabetos funcionales), no habrá reforma educativa exitosa si no se funda en un Plan de Lectura y en una reeducación docente en ese sentido. Esa es la única manera en que se podría equiparar en cierta forma la diferencia entre colegios de élite y los públicos.

Un periodista local muy visibilizado había dicho que “una familia gasta más en cervezas que en libros”, ¿cuál sería su reflexión hacia este comentario?

No me gusta generalizar, pero es una realidad en algunos sectores, no todos. Hay gente para la que un libro de 50 mil guaraníes resulta caro, pero no duda en gastar 300 mil en un asado de fin de semana, o no tiene empacho en comprarse un teléfono de 1000 dólares. Pero también conozco padres que siempre guardan una platita para libros.

Las redes sociales han traído un cúmulo de factores positivos y negativos a la sociedad. En el caso de nuestras lenguas, ¿han contribuido a aumentar la escritura en ambas lenguas?

Mi discurso de ingreso a la Academia de la Lengua Española tuvo como título “Las redes sociales y la dinámica de la lengua”. Aprendí muchísimo escribiéndolo. Yo reivindico el papel de las redes porque ellas motivaron a la gente a escribir de nuevo luego de un largo y árido periodo netamente audiovisual. Al principio había gente que escribía bastante mal, con esas abreviaturas insufribles e inentendibles. Pero con el tiempo, quienes escribían correctamente comenzaron a reprobar a quienes escribían mal, y estos, para no pasar vergüenza, buscaron la forma de mejorar su redacción. Hoy, en medio de errores todavía, se escribe pasablemente. Y la gente se interesa en mejorar. Suelo recibir en privado muchas consultas sobre gramática y ortografía, y eso me place. Hay también gente que se afana en escribir en guaraní. Hay quienes lo hacen muy bien. El guaraní es tremendamente expresivo. Y sobre todo contundente. Hoy ya existe una gramática guaraní bien estructurada y una Academia que vela por su brillo.

En cuanto a los niveles de comprensión lectora. El paraguayo promedio, ¿llega al nivel de reflexión crítica? En caso contrario, ¿en qué nivel estaría?

El Paraguay es un país de inteligencias individuales, pero no de inteligencia colectiva. Estamos lejos de ser un país culto, un país en el que predomine la racionalidad, el sentido crítico; una sociedad en la que impere la capacidad de discernimiento. Para esto se necesita lectura surtida (incluyendo a autores con los cuales no coincidimos), apertura mental, convivencia en libertad plena. Somos intolerantes con quienes no piensan como nosotros; nos cuesta aceptar otra idea que no sea la nuestra. Somos proclives a victimizarnos y a descalificar al que piensa diferente, para lo cual utilizamos etiquetas: fascista, zurdo, legionario, marica; lo que demuestra mediocridad intelectual. Cuando en una discusión apelamos al insulto desnudamos nuestra limitación cultural. Una sociedad en la que no rige un intercambio dialéctico inteligente y permanente es una sociedad que involuciona inexorablemente. La diversidad de opiniones enriquece a una comunidad, y para eso debemos tener inteligencia y disposición reflexiva. Una persona culta sabe también que criticar no es denostar o menoscabar, sino analizar ante la luz de la razón una conducta, una acción, una disposición, una obra artística, científica o de cualquier otra índole.

El castellano paraguayo es un tanto diferente en varios aspectos de su estructura, quizás por la consecuencia del contacto de lenguas, bajo su mirada, ¿qué aspecto de la lengua se debe corregir u optimizar?

El castellano (o español) es un idioma hablado por 600 millones de personas y existe una enorme diversidad lingüística según regiones, países, comunidades culturales, franjas etarias. Cada Academia local (hay 24 Academias) tiene un diccionario propio, a más del Diccionario de la Lengua Española. Aquí tenemos el Diccionario del Castellano Paraguayo (2017), que pronto tendrá una nueva edición. En todos los países existe un lenguaje culto y uno coloquial, propio. Por ejemplo, los argentinos tienen el lunfardo, varias de cuyas palabras hemos adoptado aquí: laburar, guita, trucho, afanar, gil, mina (mujer). Los paraguayos tenemos localismos y una mezcla con el guaraní (jopara) e incluso una “trilingualidad”, como en la frontera noreste: español, guaraní, portugués (algunas veces se les suma el alemán). Todo esto influye en formas y en la sintaxis. Además, tenemos todavía el uso de un castellano medieval traído por los conquistadores que se quedó aquí. Por ejemplo, eso de “me voy en Caacupé” es una forma de castellano antiguo. Y “un mi amigo” es una forma que se usaba en el Siglo de Oro español: se puede ver esta forma en obras de Quevedo o del propio Cervantes. Una peculiaridad nuestra es que no usamos los artículos-pronombre. Ejemplo: “¿Cuándo me vas a traer el libro que te presté?”. Nosotros contestamos: “te voy a traer mañana”, cuando la forma correcta es “te lo voy a traer mañana”.  “Te voy a traer mañana” significa que me voy a ir a tu casa, te voy a alzar upa y te voy a traer a vos. Estas cosas, por ejemplo, les resultan extrañas a los interlocutores extranjeros. Un problema aquí es que en la materia de Lengua española no se enseña a hablar y a escribir. Hay incluso profesores que conocen las teorías gramaticales, pero no saben aplicarlas exactamente en el lenguaje cotidiano. Y aquí entra a tallar también la falta de lectura. La lectura es la mejor manera de aprender el idioma. Debemos mejorar, dinamizar y buscar fórmulas para hacer más eficaz la enseñanza del castellano.

Si le encomendaran a Ud. suprimir el uso del idioma guaraní en el país, ¿cuál sería su reacción?

Sería como si me pidieran que suprimiera la nación paraguaya. El guaraní no es solo nuestro idioma: es nuestra cosmovisión, es nuestra forma de entender la vida. Y esta no es una mera expresión romántica. Es una realidad insoslayable. Tantos invasores, poderes externos e internos quisieron suprimir el guaraní. Y los mismos que quisieron suprimirlo terminaron sucumbiendo ante su poderío expresivo y simbólico.

 

 

* Martín Ramírez Machuca

Doctor en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica.

Universidad de Kiel, Alemania.

 

1 Comment

1 Comentario

  1. Osvaldo Benítez

    25 de abril de 2021 at 09:41

    Debemos fomentar la lectura!!
    Tengo una tía que nunca viajo, pero me dijo que recorrió el mundo a través de la lectura!
    Gracias prof. Martín

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