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El chajá, mensajero carismático

Chahâ o Chauna torquata es un ave de buen tamaño que no pasa desapercibida. Pertenece a la familia Anhimidae y se encuentra cerca de zonas húmedas. Foto: Edgar Romero.

Chahâ o Chauna torquata es un ave de buen tamaño que no pasa desapercibida. Pertenece a la familia Anhimidae y se encuentra cerca de zonas húmedas. Foto: Edgar Romero.

En la reciente charla con Don Hipólito Acevei del Pueblo Guaraní Occidental destacaba un ave muy característica del campo, el ave herbívora de mayor tamaño que tenemos en el país. Esta ave es el chajá o chahâ, un nombre que recuerda a la vocalización que hace esta ave. Don Hipólito nos comenta que es un mensajero y hay que saber entender su mensaje. Cuando vuela alto avisa que va a llover, por ello en épocas de sequías se debería estar atento al comportamiento de esta ave mensajera que nos adelanta una noticia en épocas de sequías.

Coincidentemente, para Don Bruno Barra, Cacique del Pueblo Yshyro Ybytoso, con quien tuve también la oportunidad de charlar, comentaba también sobre este mensajero y de la importancia de entender sus mensajes. Es por ello que esta Nación “hijos y dueños de la Tierra) instruyen y educan a sus hijos con una inmersión de varios días en el monte para que este conocimiento se mantenga y perdure. Ese conocimiento, como entender al Tohwa (como se le dice al Chajá en Yshyr) es importante conocer y entender a la naturaleza.

 

Cuanto más uno se adentra en el conocimiento ancestral y tradicional de los Pueblos que han habitado esta tierra y han aprendido a convivir como parte de ella, más se convence que ese conocimiento debe ser preservado y difundido, para ayudarnos a establecer las políticas públicas que nos llevarán al, hoy más que nunca, necesario paso hacia una reducción de la pérdida de la biodiversidad y una recuperación de la misma que deberíamos comenzar a notar a partir del 2030.

Y los que hacemos ciencia tenemos la obligación de tomar estos conocimientos y construir ese camino integrando el conocimiento ancestral y tradicional con el conocimiento científico. Y entonces veamos qué tiene de particular el chahâ o tohwa. Una de las cosas que aprendí de estos Grandes Sabios es que el Chajá es un gran mensajero, pero no es fuente de alimentación, es decir no se come.

El chajá que científicamente se lo conoce como Chauna torquata, es una gran ave del centro y sur de Sudamérica, si bien es común en los humedales y pastizales de Paraguay, también habita los países limítrofes. No se parece en nada a los gansos y los cisnes, pero está emparentado con ellos. Siempre lo vemos asociado a los humedales, es decir a ambientes acuáticos, pero se la ve más caminando en estos ambientes y en los pastizales y praderas, por ello se lo considera un ave característica de los pastizales.

El Chajá es una de las 2 especies de la familia Anhimidae que ocurre en Paraguay. Se la encuentra comúnmente en pareja en humedales. Emite un grito “cha-já” cuando se siente amenazada y muestra unos espolones rojos en los hombros. Foto: Nicolás Cantero.

Esta ave prefiere brotes tiernos y otras plantas blandas, y por eso a veces perseguida por algunos productores por considerar que se comen las gramíneas y pastos tiernos, compitiendo así con los forrajes para el ganado o hasta a veces afectando algunos cultivos. También es cierto que puede depredar sobre algunos insectos y moluscos que encuentra en su andar. Rara vez están en gran número, más se los suele ver en pareja o si están en un grupo, seguramente se trata de los padres con sus hijos. Sus nidos son grandes plataformas donde ponen unos 5-6 huevos y sus pichones parecen de “peluche”. Hasta me animo a pensar que la hierba conocida como chajapé (Imperatabrasiliensis) tenga su origen en algo chato o plano (pe) relacionado con el chajá, posiblemente la plataforma donde hace sus nidos siempre de hierbas y pastos.

Volviendo a esa característica que resaltó Don Hipólito, es bien común ya que se la suele ver planeando a gran altura. Pero también sus vocalizaciones indican alerta, y como dice el Cacique Bruno, sus gritos indican que hay gente por ahí. El origen de la palabra “chajá” parece venir del guaraní ya que estaría indicando “vayamos o escapemos”, lo cierto es que una vez más vemos cómo el guaraní aporta al conocimiento dando un nombre marcadamente onomatopéyico. La rica leyenda guaraní explica cómo es que la bella y guerrera guaraní tomó el cuerpo del chajá para seguir alertando con su pesado y ruidoso tomar vuelo y sus vocalizaciones cuando acecha el peligro. La sabiduría de quienes aprendieron del contacto con la naturaleza saben de la espuma que surge del cocer a estas aves, y por ello lo de “pura espuma como el chajá”, asociado a otra leyenda que el ave es un castigo por haber hecho una broma de dar agua con jabón a una persona sedienta. En otros ámbitos y creencias, la perpetuidad de las parejas de chajaes es un símbolo de fidelidad y hasta de dejarse morir por la desaparición de la pareja.

La riqueza del conocimiento ancestral y de las creencias que los pueblos originarios tienen debe ser conservada, perpetuada y si es un elemento de la naturaleza que se considera mensajera, quizás la ciencia debería también considerarla como una especie indicadora, de una u otra manera, la presencia de esta especie nos habla de condiciones ambientales, y un ambiente como los nuestros sin su “griterío” no sería seguramente lo mismo.

 

Obs: En el vídeo se puede ver al chajá vocalizando con su típico andar sobre los humedales y varias especies con las cuales comparte este hábitat. Fue grabado por José María Paredes en General Artigas, Departamento de  Itapúa.

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