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¿Y si los mensajeros se nos van?

Ñacurutu (Bubo virginianus) - los búhos son reconocidos como aves que representan el conocimiento sagrado y son muy vinculados a la noche, la luna y las sombras. Foto: Tatiana Galluppi Selich.

Ñacurutu (Bubo virginianus) - los búhos son reconocidos como aves que representan el conocimiento sagrado y son muy vinculados a la noche, la luna y las sombras. Foto: Tatiana Galluppi Selich.

Sin dudar reconozco que somos parte de la evolución sociocultural y reconozco los procesos que han conducido a este resultado, desde el dominio del fuego, la domesticación de las especies, los cambios en la forma en la que se nos presentan los paisajes, la revolución industrial, y en fin, muchas otros hitos en nuestra civilización que evidencia un divorcio entre naturaleza y nuestra especie, y ahora reconocemos por fin la incompatibilidad actual sociedad-naturaleza, tratando de ver qué opciones tenemos de ser menos contaminantes, más inclusivos, más naturales.

Y automáticamente al pensar en estas cuestiones pienso en el conocimiento tradicional, ese que me trasmitieron mis abuelos, sin ser nativos o indígenas, sí con un fuerte arraigo a la tierra, a sus ecosistemas, a esas condiciones naturales, abuelos que vivieron y me enseñaron en otras latitudes, pero que de igual manera tienen ciertas reglas que se aplican, creo, que todos los lugares donde haya gente que reconoce ese vínculo con la naturaleza.

Pienso en el conocimiento, ese conocimiento que tienen los Pueblos Indígenas, los pueblos que han vivido en contacto con la naturaleza, la gente de campo, que de una u otra manera, transmiten ese conocimiento a través de la palabra, a través de las enseñanzas, sea como nos decía Don Hipólito de los Guaraní Occidentales a través de lo que hacen los mayores en reuniones y charlas con sus niños enseñándoles la relación con la naturaleza, o como nos decía el Cacique Yshyro Ybytoso Don Bruno a través de la vivencia de los niños por varios días en el bosque aprendiendo de primera mano la relación con la naturaleza.

O lo que nos manifestaba Doña Margarita del Pueblo Aché o la misma Doña Antolina del Pueblo Mbyá, con una gran cantidad de especies que dan señales, que envían mensajes, y que eso se aprende con la práctica y con el contacto de los niños con los mayores. Sin embargo, esa naturaleza, la materia prima y la razón de esos elementos se están perdiendo a una tasa extremadamente acelerada a causa de varios factores, pero quizás el principal sea la pérdida del hábitat. Y entonces esta pérdida de hábitat no solo afecta a la diversidad biológica, sino que también a la diversidad cultural, ambos patrimonios de una Nación.

El Paraguay se comprometió a aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático, fomentar la resiliencia al clima y el desarrollo de bajas emisiones de gases de efecto invernadero, evitando que la producción de alimentos no se vea amenazada. Y lo hará promoviendo el intercambio de prácticas productivas sostenibles realizadas en ecosistemas, tomando en consideración el conocimiento y visión de los pueblos indígenas y de las comunidades locales.

Y esta visión tiene que ver con los ciclos naturales, y las señales de la naturaleza. Los Pueblos como los Mbyá, Guaraní Occidental, Aché e Yshyro Ybytoso nos enseñan sobre esos mensajeros que anuncian las visitas, o los intrusos, o el buen tiempo, o el mal tiempo, el fin de la sequía con la llegada de las lluvias, el frío o el calor; y muchos de estos mensajeros tienen bases firmes en lo que conocemos desde el punto de vista científico, y lo digo así porque nos hemos organizado de tal manera que lo que se sabe por la práctica y la experiencia (lo que vale de hecho) se le exige que haya una explicación que lo sustente “para que todos (la Sociedad) creamos en ello” (es decir que valga por derecho).

Sabemos que la presencia de ciertas aves marca el invierno o la temporada de reproducción, que también ciertas especies se ponen más activas cuando el tiempo está amenazante de lluvias, porque escapan al frío de otros lugares y vienen a estos, o porque comienzan los cortejos y el aprovisionamiento de materiales para los nidos, o porque se vienen las lluvias y hay que almacenar alimentos, a todos ellos les hemos encontrado una “teoría” que lo explica y lo hemos contrastado contra hipótesis; sin embargo, la presencia de un colibrí o mainumby, como seres que ya no están físicamente con nosotros pero que vienen a saludarnos, o el canto de un pitogue o bienteveo, indicando que alguien cercano está embarazada o en cinta, siguen estando en dominio del conocimiento no validado, tanto como mala suerte al cruzarse un gato negro, o el encontrar un trébol de cuatro hojas, símbolo de buena suerte.

Lo cierto es que ese conocimiento acumulado por la estrecha relación con la naturaleza, estén validados científicamente o no, es decir que valgan de derecho lo que ya vale de hecho para muchos Pueblos Indígenas y Comunidades Criollas, sirven para mantener la relación con la naturaleza y sentirse parte de ella, en la medida que esta vaya perdiendo sus cualidades naturales, también se pierde el conocimiento y el vínculo con ella, y quizás debamos acostumbrarnos a no recibir más mensajes de la aves y otros animales, y estos “bioindicadores” confirmados o no científicamente dejarán de indicarnos cualidades, que no sólo afectarán la salud mental, sino también la planificación del territorio, los cultivos, los saberes, entre otros, que conjuntamente no nos ayudarán a adelantarnos a los cambios que naturalmente la Tierra decida realizar y así serán para nosotros desastres y catástrofes, para otros una forma de la naturaleza de tratar de remendar el daño y reacondicionar el rumbo.

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