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Nacionales

Follaje que captó mi atención: Urunde’y paramorotĩ

Árboles de Urunde´y en el Chaco. Foto: Alberto Yanosky.

Árboles de Urunde´y en el Chaco. Foto: Alberto Yanosky.

En estas recorridas recientes por el Chaco Paraguayo me encontré con varias características que hacen tan particular a esa ecorregión tan distintiva, por su clima, caluroso, con mucho viento norte, con extremos de sequía e inundaciones, en donde el agua dulce es un bien muy preciado; por su geología, normalmente plano con ondulaciones y pocas elevaciones, en donde la piedra y las rocas son raras, con cursos de agua que cambian sus recorridos con frecuencia; por su gente, pueblos originarios que han aprendido a vivir con estas cualidades  e inmigrantes que transformaron el ambiente en sistemas productivos con marcada eficiencia; y, por su biodiversidad, con elementos de la fauna y de la flora tan característicos; y difícilmente uno pueda encontrarse con algo que recuerde o simule otras fisonomías.

Astronium fraxinifolium var. glabrum tomadas en Laguna Blanca, Departamento de San Pedro. Foto: Lidia Pérez de Molas.

Árboles de Astronium fraxinifolium var. glabrum tomadas en Laguna Blanca, Departamento de San Pedro. Foto: Lidia Pérez de Molas.

Sin embargo, en este viaje tuve imágenes frente a mí que en más de 30 años de Chaco (y del Trinacional), nunca antes había notado, y es la foliación de los urunde’y paramorotĩ (Astronium fraxinii folium var. glabrum). Se los encontraba solitarios en parcelas ganaderas, pero sus colores de amarillo a rojizo, me llamó la atención e inmediatamente recordé, la fisonomía natural y atractivo turístico que significa la foliación de hojas rojas, naranjas y amarillas en los EEUU durante el otoño.

Es en esta zona de los EEUU conocida como “Nueva Inglaterra” que atrae personas de todo el mundo, nacionales y extranjeros, que llegan para admirar el follaje de otoño en donde el paisaje construido (casas coloniales en su mayor caso) con los caminos, matizan los colores de las hojas de los árboles con los rayos del sol. Esa misma sensación tuve al ver a los urunde’y para morotĩ en sus tonos de amarillo, naranja y rojo, en los cuales el sol del invierno paraguayo realmente impactaba a la vista. Sin viviendas, pero con caminos rurales y horizontes interminables de bosques y pasturas, un paisaje diferente.

Tronco del Urunde´y. Foto: Lidia Pérez de Molas.

La Profesora Ing. Lidia Pérez de Molas, asidua contribuyente a mis notas no sólo de fotos bellísimas sino también de conocimientos, me comentó su especie en particular, y además destacó que la corteza externa tiene unas manchas blanquecinas (seguramente relacionado con su blanco omorotĩ), producto del desprendimiento de las placas. Interactuando con ella como con otros colegas conocedores de la flora nativa, siempre me sorprendo sobre ese capital natural que está ahí y que de una u otra manera estamos perdiendo, y aún sin conocerlo.

Ese bellísimo, erecto, alto, frondoso árbol está presente en la Amazonía y nos llega también por el Bosque Atlántico y por el Cerrado, y se lo menciona para el Chaco Paraguayo.  Su madera es valiosa, su presencia en la pastura da sombra y ello implica que los animales tienen mejor bienestar, y no consumen tanta agua; sin embargo, la belleza que implica a la vista ese paisaje de elementos prominentes y vigilantes, con destellos de tonalidades que van desde el amarillo al rojo y que contrastan con el verde del resto del paisaje, es algo que no tiene valor por lo menos medido en forma monetaria.

Paisaje chaqueño adornado con árboles de Urunde´y. Foto: Alberto Yanosky.

Los países desarrollados están invirtiendo en naturaleza porque la relación con la misma implica salud mental, varias terapias están relacionadas con la interacción con la naturaleza, y mirando este urunde’y pensaba en cuánta riqueza está ahí, y cómo hacemos para valorarla y respetarla. Evidentemente, el respetarla tiene que ver con el “quererla”, pero si no lo conocemos, cómo querer algo. ¿Valoramos el urunde’y porque vemos qué fuerte es el puente que hicimos con él?, o por ser una madera que persiste bajo el agua? ¿O porque nos da la posibilidad de hacer excelentes postes para alambrados, o tirantes y arcadas para nuestras viviendas? Quizás es sí, pero también hay otro valor más intangible, menos perceptible, hasta que alguien nos muestra un paisaje como el que ilustra este artículo, con estos elementos arbóreos y sin ellos.

La magnífica floración del Urunde´y. Foto: Alberto Yanosky.

Solo los invito a comenzar a mirar esa naturaleza, ese árbol y sin desconsiderar su utilidad cuando “esté muerto” y perpetuado en una construcción, considerar su vida, su elocuencia como testigo de muchas décadas e historias, y como fuente de vida para otras formas (animales y plantas), como así también la paz y serenidad que nos otorga ver un paisaje como el que tuve oportunidad de apreciar, pasturas con estos urunde’y o uranday (como aprendí a llamarlo allá a finales de los 80 en el norte argentino), con un llamativo follaje colorido con tonos no comunes ni para la época ni para el paisaje circundante. Un atractivo más que tiene el Chaco Paraguayo en estas épocas del año.

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