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Javier Viveros: “Es notoria la falta de comprensión lectora”

Javier Viveros. Cortesía

Javier Viveros. Cortesía

Javier Viveros es miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y académico correspondiente de la Real Academia Española. Tan distinguido prestigio de ocupar una silla en la academia rectora de la lengua castellana, Javier Viveros, lo tiene más que merecido.

Viveros es Magíster en Lengua y Literatura Hispanoamericana por la Universidad Nacional de Asunción y Doctorando en Letras por la Pontificia Universidad Católica Argentina. Ha escrito más de treinta obras de diversos géneros: poesía, cuento, teatro, novela, historieta, cine, libretos de ópera y literatura infantil. Textos suyos integran antologías de países de América y Europa; parte de su obra ha sido traducida al francés, guaraní, alemán, esloveno, inglés, japonés y portugués.

Además de su prolífica carrera literaria, ha ganado varios premios nacionales e internacionales.

El Nacional conversó con él sobre la problemática actual de la lectura en el país.

¿Qué desafío implica ser miembro de la Academia Paraguaya de la Lengua Española?

Defender el tesoro lingüístico de la Hispanidad, la lengua que compartimos alrededor de quinientos millones de hablantes nativos, representa un desafío grande y bonito al mismo tiempo. La Academia recoge los nuevos vocablos, los nuevos usos y acepciones y luego de la evaluación envía el resultado para que sea incorporado al Diccionario de la Lengua Española (DLE). En Paraguay tenemos además el guaraní y el fenómeno de las lenguas en contacto que siempre se invaden mutuamente las fronteras.

Su vasta trayectoria en redacción, edición y publicación de libros le da autoridad para evaluar el interés actual por la lectura de nuestra sociedad, ¿cómo estamos en eso?

El advenimiento de la tecnología celular y la popularización de ese tipo de teléfonos puso en contacto con la palabra escrita a mucha gente que lo había perdido una vez acabados la escuela y el colegio. De pronto, todos empezaron a leer y a escribir en los pequeños teclados de esos aparatos, a escribir y a recibir mensajes de texto primero y luego en las diferentes aplicaciones (WhatsApp, Facebook, etc.). Hubo un reencuentro con la palabra escrita y la lectura, lo que constituye, por supuesto, algo positivo. Que el acceso a Internet se haya masificado en nuestro país condujo también a mucha gente hacia otros canales de lectura. Entiendo que se lee más,aunque no siempre libros. El libro compite ahora con muchos otros formatos de contenido (portales digitales de información, sitios web especializados, blogs, redes sociales, etc.).

Ha recorrido varios géneros de la literatura, ¿en qué género se siente más a gusto?

 Sí, me ha gustado siempre la exploración de los diferentes géneros, convencido de que todo redunda en hacer de uno un mejor escritor. He podido escribir letras de canciones, poesía, cuentos, novela, literatura infantil, guiones de historieta y cine, teatro y también libretos de ópera. Todos ellos han aportado algo a mi crecimiento como escritor. Sin embargo, si debo inclinarme por solo uno, lo hago por el género narrativo, me quedo específicamente con el cuento. Me parece que luego de la poesía, el género más exigente y cuyos frutos son más deleitosos es el cuento.

¿Qué tipo de lectura consume el paraguayo hoy en día?

El público paraguayo tiene mucho aprecio hacia la historia, máxime por nuestro pasado bélico. Sé que se venden muchos libros de historia y también narrativa de tinte histórico. Sin olvidar a los superventas extranjeros, con sus niños magos y tronos de hierro.

En cuanto a nuestras lenguas oficiales, ¿es necesaria una planificación lingüística para evitar el inicio de una creolización?

Lo que me parece urgente es una mejora significativa en la enseñanza de la lengua guaraní. La manera en la que se transmite actualmente en el aula nuestra lengua ancestral genera sentimientos de confusión y rechazo en los alumnos. Suelo hablar con otros padres y cuando la conversación deriva en la escuela, el factor común suele ser lo difícil que resulta el guaraní, no solo para los niños, sino también para los propios padres. Se está fallando allí y es preciso enderezar el rumbo cuanto antes.

¿En qué manera el estado ayuda a impulsar la lectura en los ciudadanos?

Con una reforma educativa que verdaderamente funcione. Pienso que en ese aspecto vamos muy a la deriva en las últimas décadas.Es muy notoria la falta de comprensión lectora en demasiada gente, eso puede verse en las redes sociales y en los comentarios de las versiones digitales de los diarios.

La gran disyuntiva: Libros digitales o impresos,¿cuál es su reflexión y visión al respecto?

Leo en papel y también en Kindle. Ambos formatos van a coexistir. El libro digital reporta muchas ventajas (precio, instantaneidad de la descarga, etc.), pero nuestra relación con los libros en papel ha sido larga y dudo que llegue a terminarse, al menos no lo hará en el mediano plazo.

Se nos fue un gran guionista, Robin Wood,¿qué nos ha dejado?

 Nos ha dejado mucho, su legado es inmenso. Más de diez mil guiones, un centenar de personajes, interminables aventuras y la rotunda confirmación experimental de que la historieta es un arte con herramientas muy poderosas para contar grandes historias, que allí también se pueden tener tramas elaboradas, desarrollo de personajes, bella prosa en las cartelas, diálogos verosímiles y frescos. Aparte de todo ello, la vida de Robin es también una confirmación de que el talento puede brotar en cualquier parte del mundo y que si uno lo alimenta y lo pule (con disciplina, con lecturas, etc.) el alcanzar la cima no es imposible.

Según su experiencia ¿el paraguayo escribe como habla?

Hay diferentes niveles de habla. Puede que en una escena de un cuento que transcurre en Asunción, donde dos personas conversan en la calle, un escritor utilice el castellano paraguayo, que sus seres de papel acudan al voseo en lugar de tutear, porque es así como hablarían esos personajes si fuesen de carne y hueso. El voseo –que es una característica de nuestro castellano– y el uso de algunos vocablos en guaraní otorgarían verosimilitud a la escena. Tenemos, por ejemplo, la novela “El rubio”, de Domingo Aguilera, una novela en cuyas páginas destella nítidamente nuestro castellano paraguayo.

 

*Doctor en Lingüística, Lenguas, Educación y Didáctica. Universidad de Kiel, Alemania

 

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