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¿Seres del inframundo o armadillos? TatuRetã, ¡tenés que sentirlo!

Tatu bolita (Tolypeutes matacus). Foto: Lourdes Matozo.

Tatu bolita (Tolypeutes matacus). Foto: Lourdes Matozo.

Por Alberto Yanosky y Tatiana Galluppi

Según las creencias tradicionales de varias comunidades indígenas, los armadillos son caracterizados como ser seres que provienen del inframundo y, en algunos casos, sus encuentros son de mala suerte. Este es el caso de los pichiciegos, cuyo encuentro con estos seres, para algunas culturas, es presagio de la muerte de un familiar. Lo cierto es que todos ellos son fosoriales, es decir, viven bajo tierra, y algunas hasta comen cadáveres, como es el caso de los tatu-poju o peludos (a los cuales, por esta razón, se los encuentra en los cementerios).

Priodontes maximus. Foto: Anibal Parera.

Sin embargo, los armadillos, más conocidos como “tatu”, “mulita” o “quirquincho”, son mamíferos xenarthros (Xenarthra significa extraña articulación), los cuales son los únicos mamíferos que se originaron en América del Sur hace más de 60 millones de años. Antiguamente, se creía que los armadillos se encontraban emparentados con los pangolines que viven en África y Asia, por su parecido y hábitos similares. Sin embargo, actualmente se sabe que están muy distantes de estos individuos y los “tatu”, o tatúes, se encuentran más emparentados con los osos hormigueros y perezosos, también pertenecientes al grupo de los xenarthros. Esta confusión con los pangolines también la tienen algunos dibujitos animados, y me inclino por estado, para no relacionar a la diversidad de tatúes con alguna otra acepción (nuestro rico idioma) que nos lleve por vaya a saber qué genitales.

Caparazón de armadillo. Foto: Tatiana Galluppi.

Los tatúes o armadillos son xenarthros cingulados (orden Cingulata), y estos se caracterizan principalmente por una pequeña armadura formada por placas óseas con bandas móviles conectadas por piel en la sección media que protege gran parte del cuerpo y cabeza. Son los únicos mamíferos vivientes que presentan caparazón (a diferencia de los pangolines, que están recubiertos por escamas y no por placas óseas), y se distribuyen en la región neotropical, donde solo el armadillo de nueve bandas, o tatu-hu (Dasypusnovemcinctus), se encuentra registrado en Estados Unidos.

Priodontes maximus. Foto: Aníbal Parera.

Estos animales, de hábitos principalmente nocturnos, corren con sus cortas patas rápidamente; poseen cinco dedos en el pie trasero y de tres a cinco en el delantero; utilizan sus fuertes garras para formar cavidades donde descansan por varias horas y crían a sus hijos. Son bastantes solitarios y carecen de buena visión, pero su excelente olfato, hocico en forma de pala y pegajosa lengua les ayudan a cazar su alimento. Su dieta se basa principalmente en insectos, especialmente hormigas y termitas, pero puede incluir también pequeños vertebrados como aves y reptiles, raíces, frutas y ocasionalmente carroña, como ya lo comentara.

Pichiciego mayor. Foto: Tatiana Galluppi.

Paraguay es uno de los países con mayor cantidad de especies de armadillos registrados, alrededor de 12 de las posibles 21 especies existentes, incluyendo a la especie de mayor tamaño, el tatú carreta (Priodontesmaximus), y uno de los más pequeños y raros, el pichiciego mayor (Calyptophractusretusus). Las especies se diferencian principalmente por el número único de bandas móviles que presenta y sirve para identificarlos.

El tatú carreta es la única especie en el país catalogada bajo la categoría “En Peligro” a nivel nacional e internacional. Este puede pesar hasta 60 kg y tiene alrededor de un metro de longitud desde la cabeza a la cola. Camina sobre sus uñas delanteras, consideradas las más largas entre los mamíferos vivos (hasta 20 cm), con las cuales cava rápidamente cuevas profundas en lomadas y elevaciones, lejos de sitios inundables. Posee entre 11 a 13 bandas móviles.

Dasypus novemcinctus. Foto: Laura Rodríguez.

Por otro lado, el pichiciego mayor tiene una longitud de 12 a 17 cm y pesa hasta 130 gramos. Vive la mayor parte de su vida bajo la tierra, y la armadura rosada que lo protege está completamente unida a la piel de la espalda y la cabeza. Es raramente observado y es endémico de la región del Chaco, o sea, exclusivo de esta región, pues no existe en otra parte del mundo. Se conoce muy poco sobre la especie debido a sus hábitos y, según las creencias tradicionales, es de mala suerte encontrarse con uno de estos seres.

Tatu poju. Foto: Tatiana Galluppi.

Tal vez el representante más conocido de la familia es el conocido tatu bolita (Tolypeutesmatacus). Posee tres bandas móviles y es una de las pocas especies de armadillo que tiene la capacidad de enrollarse en forma de bola o pelota cuando se siente amenazado. Y no intenten abrir esa bola, y espero nunca les agarre un dedo al cerrarse. Pesan alrededor de 2 kg y miden hasta 30 cm. Si bien aún son relativamente fáciles de ver en el Chaco, sus poblaciones van decreciendo por ser fáciles de atrapar por los seres humanos.

Cabassous totoay. Foto: OPADES.

La mayoría de los armadillos enfrentan grandes amenazas, como la pérdida de hábitat y la cacería indiscriminada, ya que, en diversos pueblos americanos, consumen su carne, considerada por su sabor como “el siete carnes” (sabor parecido a la res, pollo, conejo y cerdo), y aprovechan sus propiedades medicinales. Sin embargo, los armadillos son portadores de microorganismos que pueden ocasionar enfermedades como la lepra y el mal de Chagas.

Tatu poju. Foto: Tatiana Galluppi.

No es en vano que naturalistas reconocidos a nivel internacional, como Sir David Attenborough, hayan realizado expediciones a nuestra región para estudiar a estas especies reconocidas como arquitectos del suelo. Sir David realizó, a finales de la década del 50, un viaje al Chaco paraguayo en busca del icónico Tatú Carreta. Y con 12 de estas especies y uno de los pocos países en el mundo en donde los visitantes pueden venir a ver y apreciar un tatú, no estaría mal comenzar a hacernos conocer como TatuRetã, y así promocionar un país con características propias, y hacer uso de nuestro lema: “¡Tenés que sentirlo!”.

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