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Nacionales

Humedales urbanos se secan ante nuestros ojos

Aguape puru'a - Eichornia. Foto: Rebeca Irala.

Aguape puru'a - Eichornia. Foto: Rebeca Irala.

Por Alberto Yanosky & Rebeca Irala

Normalmente, cuando uno menciona a los humedales o karugua, se los relaciona con terrenos con mucha dificultad para asentarse, presencia de alimañas o animales molestos, como los mosquitos y mbarigui, o temidos como las serpientes, sapos, ranas y otros. Sin embargo, con la información disponible acerca de estos sitios, sabemos que albergan una inmensa biodiversidad asociada a estos sistemas acuáticos y palustres y, por sobre todo, brindan  servicios ambientales o beneficios proporcionados por la naturaleza más requeridos por nosotros, los seres humanos, como la provisión y regulación del ciclo del agua, por mencionar solo algunos datos sobre los humedales.

Humedales y bosques ribereños del río Paraguay. Foto: Rebeca Irala.

Los humedales actúan como esponjas ante los pulsos de agua de ríos o arroyos, Los tipos de suelo y la vegetación apoyan esta función, lo cual tiene un efecto en la reducción de los impactos negativos producidos por las crecidas o mantienen por mucho más tiempo la disponibilidad de agua en temporadas de sequía. Así también, esta propiedad funciona para la captura de algunos sedimentos con el fin de evitar que los cauces hídricos se colmaten o se llenen; retienen eventuales contaminantes gracias a las plantas presentes en estos sistemas acuáticos, tales como los camalotales, o aguapepuru’a (Eichornia), y otras especies asociadas, cuyas raíces funcionan como filtros naturales y fuente de alimentos para algunas especies acuáticas.

Humedales del río Paraguay. Foto: Rebeca Irala.

Si uno se permite un paseo por los humedales del río Paraguay, cerca de Asunción y área metropolitana, o más bien lo que quedó de ellos, en la zona de la costanera norte y, actualmente en proceso de alteración, en la zona de obras de la costanera sur, aún se pueden encontrar varios de los resilientes habitantes de estos ecosistemas acuáticos, como los tan famosos Mbiguá, los cuales se zambullen en búsqueda de algunos descuidados peces. Una vez que han logrado su exitosa campaña de pesca, se posan en ramas, postes o embarcaciones, extendiendo sus alas para secarse y cuidar sus oscuras plumas.  En tanto que, entre la vegetación flotante y bordes de bosque, nos podríamos encontrar con el mítico Karau, el personaje principal de una leyenda popular paraguaya que menciona a un joven que prefirió divertirse antes que acompañar a su madre en su lecho de muerte, por lo cual Tupâ lo castigó convirtiéndolo en un ave con un canto lastimero. También es uno de los principales comensales que depredan caracoles y otros invertebrados presentes en este hábitat húmedo.

Mbiguá, o Nannopterum brasilianum. Foto: Rebeca Irala.

Por su parte, si prestamos atención en las playas que van formándose por los sedimentos arrastrados por las corrientes de agua, o lo que queda después de que el agua se evapore, nos podremos encontrar con algún que otro Chorlo de collar que va recorriendo rápidamente en busca de alimento disponible en el lodo. Estos bancos o playas también son sitios de parada clave para otras aves playeras que migran desde Norteamérica y que llegan a inicios de la primavera del hemisferio sur. Entre ellas, se encuentra el Playerito canela (Calidrissubruficollis), especie con un preocupante estado de conservación a nivel nacional e internacional. De hecho, es uno de los objetos de conservación de una de las áreas protegidas presentes en la capital de Paraguay, la Reserva Ecológica del Banco San Miguel y la Bahía de Asunción (Ley N.º 2715/05).

Chorlito de collar, o Charadrius collaris. Foto: Rebeca Irala.

En las profundidades de los cuerpos de agua estacionales, temporales, con corrientes o de agua quieta, en los cuales se sumergen los mbiguá, acechan sigilosamente las garzas, se zambullen los martines pescadores, cazan las águilas y pescamos nosotros. Nos encontramos con un mundo todavía poco estudiado en el país, el de los peces. Este grupo de animales que cumple una función fundamental en la cadena alimenticia de varias especies de aves, y en la de nosotros, los humanos. Además, son igualmente importantes como indicadores de la calidad de agua, ya que nos alertan sobre los materiales contaminantes presentes en el agua. Si bien nos encontramos en temporada de veda pesquera, medida reguladora que se establece para permitir que las poblaciones aseguren su continuidad, o en otras palabras, que los peces sigan existiendo para nuestro consumo y el de otros animales, no tenemos en cuenta otros aspectos relacionados con el estudio de poblaciones, migraciones de peces entre cursos hídricos, temporada reproductiva de todas las especies, calidad de hábitat de desove, entre otros aspectos relevantes para la toma de mejores decisiones en relación con el aprovechamiento de este recursos natural, del cual dependen muchas familias y varias especies dependientes de la disponibilidad de peces.

Pterygoplichthys ambrosetti. Foto: Rebeca Irala.

En Paraguay, existen compromisos internacionales, leyes y regulaciones que, “en papeles”, ofrecen estrategias de protección a los humedales. Pero, al ver los avances en las obras y proyectos de desarrollo, no vemos que se refleje el cumplimiento de dichas estrategias en la realidad. En beneficio de la infraestructura (de por cierto muy necesaria), se sacrifican ambientes naturales que brindan muchos servicios que escasamente conocemos. Urge que la ciudadanía sea celosa de estos ecosistemas tan vulnerables y sumamente importantes para nuestra calidad de vida. Los humedales aseguran la presencia del agua, y el agua es vida.

Karau o Aramus guarauna. Foto: Rebeca Irala.

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