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Nacionales

Las heroicas aguas del Yhaguy

Las aguas del río Yhaguy. Foto: Alberto Yanosky.

Las aguas del río Yhaguy. Foto: Alberto Yanosky.

Alberto Yanosky y Rebeca Irala

El sonido de las cigarras, los coros matutinos de las aves, el olor a flor de coco, el tráfico pesado y el calor húmedo anuncian el inicio de nuestro verano en Paraguay. Las fiestas de fin de año y las vacaciones generan el ambiente propicio para rebuscarnos entre las opciones que incluyan algún arroyo en el interior del país o visitar parientes, y que sirvan así de refugio para escapar del trajín diario.  A tan solo 88 km de Asunción nos encontramos con una de las ofertas turísticas más solicitadas de la entrante temporada: el Yhaguy. Naturaleza, cultura, historia y producción, conforman una excelente oportunidad para adentrarnos en el verdadero Paraguay, por un día o varios, y con la posibilidad de priorizar lo que más nos guste.

Humedales del río Yhaguy. Foto: Rebeca Irala.

La cuenca hidrográfica del río Yhaguy, es decir, la superficie en el terreno cuyas características topográficas proporcionan las condiciones para la formación de la red hídrica de este río, constituye uno de los principales tributarios del río Paraguay, como afluente del río Manduvirá, desde el departamento de Cordillera. Esta cuenca es clave. Administrarla pertinentemente es nuestra responsabilidad para poder seguir contando con los servicios ambientales y otros que la cuenca nos ofrece. Esta zona del país es conocida por su naturaleza abundante, su significancia espiritual para la mayoría de los paraguayos y por la historia que resiste al olvido, gracias a sus valiosos embajadores conformados entre pobladores locales, historiadores y foráneos (estos últimos aliados quedan encantados ante tantos atributos y lo adoptan como su refugio permanente).

Parque Nacional Vapor Cue. Foto: Rebeca Irala.

Particularmente, les voy a hablar de un interesante circuito que incluye a las ciudades de Itacurubí de la Cordillera, Santa Elena, Mbocajaty del Yhaguy y Vapor Cue. La primera ciudad es conocida como el “Jardín de la República”, la cual apuesta fuertemente a la diversificación de su economía, mediante el turismo de naturaleza y turismo rural, dado que principalmente se encuentra basada en la agricultura a pequeña y mediana escala. Su casco urbano ofrece nostálgicas e icónicas fachadas de finales del 1800 e inicios de 1900, además de las casas de campo a orillas del Yhaguy.

Arroyo Yhaguy. Foto: Rebeca Irala.

En tanto que Santa Elena, con sus humedales y su enigmática leyenda, llamativos carteles y mobiliarios urbanos rústicos hechos de madera, nos ofrece memorables paisajes urbanos que aún mantienen la esencia de estos antiguos pueblos, pero que demuestran un pujante crecimiento acompañado de su marcada identidad cultural. Pero circular en estas zonas nos permite ver estos paisajes abiertos, con los sistemas productivos naturales, con poca intervención. Aquí no vemos grandes monocultivos o grandes cambios en la matriz natural. Es como si tímidamente lo urbano, la gente, se haya ido adaptando a su ambiente para mezclarse con ese paisaje.

Monumento a la sirena en Santa Elena. Foto: Rebeca Irala.

Camino al área protegida que conserva vestigios de la Guerra Guasu (Guerra Grande), la ciudad de Mbocajaty del Yhaguy nos invita a conocer la iglesia construida en honor a su santo patrono, el Divino Niño Jesús, la cual es pieza central de la conformación de su casco urbano. Todas estas localidades tienen algo en común: se encuentran unidas por el río Yhaguy, cual perlas orlando un fino hilo dorado.

Iglesia Divino Niño Jesús de Mbovajaty del Yhaguy. Foto: Rebeca Irala.

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