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Nacionales

Paisajes sonoros de la mano de un experto

Foto: Antonio Schinca

Foto: Antonio Schinca

POR Alberto Yanosky
Director EIISA (Estructura Interdisciplinaria de Investigación Integral Socio-Ambiental) – UNAE.

En estos días pude cumplir otro de mis compromisos con esos jóvenes que llegaron para mostrarnos lo que es el liderazgo, el ahínco, la fortaleza y el hacer frente a las adversidades. Pudimos traer a Paraguay al experto en sonidos ya en su cuarta visita a nuestro país, del cual cada vez está más enamorado. Hace años tuve la oportunidad de conocer a Juan Pablo Culasso (revi guasu, como él dice en un guaraní charrúa) gracias a otra gran líder y desde entonces lo trajimos ya tres veces, en una primera oportunidad para grabar sonidos de naturaleza y cantos de aves del Pantanal, luego para el Bosque Atlántico en San Rafael y ahora para el Chaco Seco.

Agradecer a las instituciones que lo hicieron posible, pero lo cierto es que septiembre 2022 quedará en nuestra historia por el paso de Juan Pablo por Paraguay nuevamente y aprovechamos su venida para que nos dé charlas y actualizaciones. Yo no pude estar todo el tiempo con él por otros compromisos, pero conté con el apoyo de Tatiana Galluppi, una joven colega, también de esas personas medio únicas que lo acompañaron no solo técnica, sino amistosamente. Es que Juan Pablo nació con la imposibilidad de ver y fue desarrollando un oído increíblemente fino, que lo llevó a ser considerado un megacerebro, y doy fe de que lo es. Juan Pablo, uruguayo y hoy viviendo en
Colombia, casado con una colega bióloga, nos viene deleitando con sus grabaciones y sonidos que nos muestran otra naturaleza, esa que está ahí para oírla y no necesariamente para verla.

Una búsqueda en línea de Juan Pablo será suficiente para ver su obra a pesar de su juventud, desde la gélida Antártida hasta las más profundas selvas y bosques tropicales, desde las costas marinas hasta las altas cumbres. En todos esos sitios, Juan Pablo nos muestra otros paisajes, esos paisajes que no requieren vista, y que para quienes podemos ver, solo con cerrar los ojos y oír, aprender a oír, que muchos de nosotros no hacemos. Ya existen en las plataformas de sonidos estos paisajes sonoros del Pantanal y de San Rafael, y pronto tendremos los paisajes sonoros del Chaco Seco. Juan Pablo nos enseña cómo, a través de los sonidos, podemos también obtener indicadores del estado de la naturaleza, y cómo los ruidos contaminan el paisaje, a pesar de que no los percibamos.

He estado con Juan Pablo en ambientes supuestamente prístinos y a pesar de ello, Juan Pablo podía percibir el motor de los vehículos o el accionar de una motosierra. Evidentemente, un mundo diferente al que los videntes estamos acostumbrados, pero que una persona como Juan Pablo puede enseñarnos a percibir de otra manera, y no solo con fines recreativos sino también científicos, ya que un paisaje sonoro se puede ir deteriorando con el tiempo debido a acciones antrópicas que van reduciendo la interacción de los elementos y por ende la complejidad de la naturaleza “vista (oída)”. Los invito a escuchar las obras de Juan Pablo para Paraguay, con sonidos originales grabados en nuestros ambientes naturales o seminaturales, y los invito a usarlas para momentos de relajación o ambientar espacios con “sabor” a naturaleza. Si bien el concepto de paisaje sonoro (originalmente del inglés soundscape) ya tiene unos 30 años, la investigación y la puesta en práctica hace que cada vez aprendamos más de estas técnicas, que se las define como los elementos sonoros que forman parte de los entornos, naturales o construidos, y que se definen como eventos escuchados y no vistos. El origen y aplicación llevó luego a que comencemos a hablar de ecología acústica y el diseño y la arquitectura acústica, con la intervención de diferentes disciplinas y profesionales. Lo cierto es que prefiero cerrar mis ojos y quedarme con los sonidos que hace el viento, las ramas golpeando unas con otras, los bambúes balanceándose, un trueno, el correr del agua y ni qué decir de las vocalizaciones de las aves y las ranas, hasta los aullidos de un aguará guasú o el rugir de un felino como el yaguareté.

Un gran gracias a Juan Pablo por hacernos ver (oír) un mundo diferente que está ahí y no lo apreciamos, y también un gracias al padre de Juan Pablo, quien lo motivó para ser quién es él hoy. Esperamos pronto tenerlo a Juan Pablo en Paraguay nuevamente, ya que tenemos que registrar muchos paisajes sonoros que todavía no hemos abordado, muchos de ellos para darlos a conocer y quizás otros porque serán las últimas oportunidades de que se puedan registrar ya que posiblemente desaparezcan.

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