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Julio Domínguez: padre y empresario que supo dejar huellas

Don Julio Domínguez llegó de Siria y se convirtió en un empresario con buena visión para el éxito. Foto: Gentileza

Don Julio Domínguez llegó de Siria y se convirtió en un empresario con buena visión para el éxito. Foto: Gentileza

Hoy se recuerda otro aniversario del nacimiento de un gran empresario que, sin dudas, marcó sus huellas en el Paraguay. Don Julio Domínguez nació un 12 de octubre de 1912 en la lejana Siria. Su nombre era Julio Khalil Obei y con apenas 14 años huyó de la guerra de su país y llegó al Paraguay en 1924, junto a su padre, quien adoptó el nombre de Domingo Abed, teniendo en cuenta que la traducción del Haddo sería precisamente el nombre traducido, según cuenta su historia en el libro Los árabes en el Paraguay, de Daniel Nasta.

Julio Domínguez se casó con doña Emilia –ciudadana argentina, también de origen árabe– y ambos formaron una gran familia que, sin dudas, marcó la historia del país en muchos aspectos, ya que están asociados con glorias deportivas y hazañas empresariales.

Fue presidente del Club Sirio. Una de las características más fuertes de su personalidad era su espíritu emprendedor, ya que rápidamente instaló como primer negocio una fábrica de espejos y marcos. Luego vendría la apertura de la fábrica de tapas metálicas para cervezas y gaseosas que eran típicas de la época, entonces la década del ’40.

Sin embargo, consolidó su éxito empresarial y comercial ya en 1962 cuando fue legalizado el juego de la quiniela. Se puso a trabajar como miembro de una sociedad, invirtiendo capital y trabajo. También incursionó en el sector de la construcción y bienes raíces. Y su vinculación con los árabes ha sido siempre importante para él a fin de atesorar sus orígenes.

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