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Opinión

Día de la mujer paraguaya: las otras mujeres

Espacio Juliana

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Las fechas conmemorativas por lo general recuerdan o visibilizan hechos históricos, personajes o sectores sociales con el fin de construir memoria histórica, valorar acciones y generar conciencia en la sociedad. Los relatos que se construyen con base en estas fechas no son ingenuos ni homogéneos y disputan el sentido de la memoria en el marco de la hegemonía cultural.

El origen mismo de esta fecha, en particular, está relacionado a un debate ideológico sobre el modelo de mujer a ser homenajeada en el contexto nacionalista y autoritario de la dictadura stronista, como bien lo relata la historiadora Ana Barreto en su obra Mujeres que hicieron historia en el Paraguay (2011).

La mujer paraguaya como categoría absoluta no existe, es más bien un constructo que funciona como espejo, a algunas devuelve el reflejo de la propia identidad y a otras, el de la ambivalencia o la desigualdad.

Un primer elemento de ambivalencia y desigualdad está delimitado por la idea de la nacionalidad como herramienta homogeneizante del Estado moderno en la construcción de sus mecanismos de dominación. Basada en el mito del mestizaje como proceso histórico sin conflictos, la mujer paraguaya esconde la memoria dolorosa del saqueo a los diversos pueblos indígenas y de la violación masiva a las mujeres como punto de partida de la conformación de la nueva sociedad paraguaya en tiempos coloniales. La mujer paraguaya borra a las mujeres Aché, Avá Guaraní, Mbya Guarani, Paĩ Tavyterã, Guarani Ñandéva, Maskoy, Enlhet Norte, Enxet Sur, Sanapaná, Toba, Angaité, Guaná, Nivaclé, Maká, Manjui, Ayoreo, Yvytoso y Tomaraho. También invisibiliza a las mujeres afrodescendientes y las mujeres migrantes de diferentes orígenes que cohabitan históricamente este territorio.

Otro de los elementos se apoya en el estereotipo de la “kuña guapa”, la mujer sacrificada, abnegada, la que realiza múltiples roles sin quejarse, la madre que todo lo puede y todo lo posterga, la que todo lo aguanta en nombre de Dios, del amor, de la familia y de la patria. Este relato configura desigualdades y reproduce las posiciones subordinadas que ocupan las mujeres en la estructura social y económica bajo un falso reflejo de grandeza y omnipotencia. La “kuña guapa” como ícono de la mujer paraguaya esconde siglos de postergación por parte del Estado de sus diversas necesidades justificando el abuso, la explotación y las violencias como mecanismos de disciplinamiento y desvitalización.

La heteronorma, que define a las mujeres desde aspectos meramente biológicos o fisiológicos y que enmarca a las relaciones de género en el binomio hombre – mujer es otro de los elementos generadores de exclusión, discriminación y violencia. La mujer paraguaya como reflejo de la feminidad hegemónica niega derechos a las mujeres lesbianas, bisexuales, trans, travestis y no binarias, profundizando las desigualdades, más aún cuando se cruzan condicionantes de clase, raza, edad o discapacidad.

Muchos otros elementos también pueden sumarse a este debate y enriquecer esta mirada crítica que no tiene otro objetivo más que el de permitirnos ser plurales, vernos, reflejarnos y reconocernos diversas pero iguales en derechos y oportunidades como mujeres habitantes de estas tierras que han llamado Paraguay.

 

*Agradecimiento especial a Salustiana Caballero por compartir sus conocimientos sobre las mujeres de los diversos pueblos indígenas.

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