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Opinión

Reflexiones sobre el Día de la Mujer

Imagen referencial.

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Hace un tiempo, justo antes de la pandemia, envié a mi hija a un campamento de niños organizado por la Universidad de Duke. El campamento era súper entretenido para los niños y a la universidad estas actividades les permite hacer algunos estudios de campo. Al final del campamento uno de los organizadores contactó conmigo para darme uno de los resultados que les intrigó bastante. En una de las preguntas que iban esporádicamente haciendo, preguntaron “¿Qué quieren tus padres que seas cuando grande? a) exitoso; b) feliz; c) bueno; d) millonario”. De 300 participantes mi hija fue la única que respondió “c”, siendo feliz y exitoso las respuestas más comunes.

Eso me hizo pensar bastante. ¿Cómo educamos a nuestros hijos? ¿Cuáles son los principios con los que los guiamos?, y ¿cómo nuestro mensaje les llega? Me pregunté, además, cosa que también les interesó a los del departamento de Psicología, cuál sería la respuesta de los padres. Estos son niños que en su mayoría vienen de familias cristianas. ¿En qué momento la homilía se ha convertido en una prédica hedonista, que busca la felicidad y el éxito?

Obviamente una persona puede ser todo eso: exitosa, feliz, buena y millonaria. Pero la prioridad deja entender que pueden ser excluyentes. Ser buena persona y buena ciudadana muchas veces garantiza que se tenga que sacrificar la felicidad, el éxito y la riqueza.

Esto me llevó a pensar en el mensaje del “Día de la Mujer”. Por un lado, se habla de igualdad, reconocimiento y dignidad, pero por otro lado se proyecta la imagen de una mujer débil, e incluso, casi como si ser mujer es alguna especie de enfermedad que necesita despertar cierta empatía. ¿Cómo le explico yo el “Día de la Mujer” a mi hija? Debería sentirse especial y orgullosa por tener útero y vagina; o sea, una condición natural adquirida en la que nada ha tenido que intervenir ella.

En mis tiempos de niño, ‘el orgullo’ era un vicio, opuesto a las virtudes de la modestia y la humildad. Hoy en día, el orgullo se toma como algo digno de celebrar, y lo peor de todo es que ese orgullo (pride) que a menudo se predica, viene de condiciones totalmente ajenas a nuestras acciones. Está el orgullo gay, el orgullo por ser mujer, el orgullo por ser paraguayo… etc., pero no hay orgullo por ser varón.

No hay por qué tener vergüenza de cualquiera de estas condiciones, pero tampoco es motivo de orgullo, pues es lo que es.

Ahora bien, es muy diferente reconocer los méritos de figuras modélicas y para mí de eso se trata el “Día de la Mujer”, no de la celebración de un género, sino del reconocimiento de figuras de un género con las que se puedan identificar.

El Paraguay es una sociedad ‘matriarcalista’

Contrario a lo que piensan muchos, el Paraguay (así como la gran mayoría de países latinos) es un país marcadamente ‘matriarcalista’ y no ‘patriarcalista’. Sin embargo, esta definición antropológica estaría incompleta si no especificamos que nuestro sistema matriarcal es a la vez machista.

A la hora de definir el matriarcado ya nos topamos con los primeros problemas. La RAE lo define como: “Organización social, tradicionalmente atribuida a algunos pueblos primitivos, en que el mando corresponde a las mujeres”.

Lo “primitivo” y lo “femenino”. Como si a la mujer le faltara lógica, razón y sofisticación. De hecho, si decimos con buen fundamento que las mujeres no son ni muy racionales ni muy lógicas es solo porque las juzgamos según la lógica y la razón de los hombres, usando la de Aristóteles y no la de Hipatia.

El matriarcado marca el predominio de “la madre”, no necesariamente de la mujer. De ahí que el matriarcado paraguayo tenga como posibilidad ser también machista. El machismo simplemente pregona la prevalencia del varón sobre la mujer en campos que no tendrían que ser así.

En el campo religioso, la Virgen Madre ocupa un puesto de preminencia sobre la figura del varón. La Virgen es, blasfemamente, “la madre de Dios”. Es quien intercede y tiene una fuerza de presión como para cambiar el destino.

En cuanto a lo social, el “día de la madre” es un ‘feriado nacional’, mientras que el ‘día del padre’ es solo un día para relajarse un poco y no sentirse culpable con el asadito ni la cerveza. Incluso en las músicas podemos ver la fuerza que tiene la figura materna, y no la del padre. En Año Nuevo siempre escuchamos: “Faltan 5 para las 12… yo voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá”.

Rafael de León incluso lo pone en versos, en su poema Toito te lo consiento. En el poema se cuenta sobre la tensión doméstica entre la caprichosa esposa y la madre de él. El poema hace alusión a una copla popular que se va repitiendo como estribillo: “To[d]ito te lo consiento menos faltarle a mi ma[d]re… que una ma[d]re no se encuentra y a ti te encontré en la calle”.

Incluso en los insultos se refleja lo mismo. Mientras que en Estados Unidos la frase “vete al infierno” puede considerarse una ofensa, en el mundo latino no tiene sentido. Las ofensas más graves en el mundo latino atacan la figura de la madre: “hdp” o “me cago en tu madre” (este último más español).

En el plano de la política también vemos lo mismo. Es cierto que sociedades más patriarcales como las anglosajonas ya han tenido algunas mujeres que se han destacado en el mundo político. Margaret Thatcher llegó a ser PM del Reino Unido, pero… no como mujer, sino como “La Dama de Hierro”. La figura de la mujer política en el mundo anglosajón se masculiniza o se la vuelve asexual. Hillary Clinton es una mujer con pantalones, lo mismo que Angela Merkel.

Aunque Estados Unidos tiene la tradición democrática moderna más antigua, ellos todavía hasta hoy día no han votado por una mujer presidente. En el mundo latino ya ha habido varias mujeres presidentes, todas ellas con una figura femenina, una figural maternal. El musical Evita muestra abiertamente esa condición e incluso revela también cierta frustración lacaniana, en el célebre “No llores por mí Argentina”. Evita representa la figura maternal que se sacrifica, ruega inconscientemente reconocimiento, aunque pida que sus hijos no lloren por ella.

Mujeres paraguayas

En Paraguay la mayor parte del reconocimiento de los derechos de las mujeres no ha venido gracias a las feministas, sino gracias a políticos republicanos.

 

Paraguay tiene un gran número de mujeres que se han destacado. Lastimosamente la presión de la prensa siempre se enfoca al campo político, como si de alguna forma eso representara a la sociedad.

¿Qué hay de malo en que tengamos valores diferentes a otros pueblos? Aunque no dudo que existan casos anecdóticos, creo que hoy ninguna mujer es obligada a votar por un hombre. Pero si vota por un hombre, ¿cuál es el problema? ¿Acaso no se trata de respetar también la voluntad de la mujer? O su voluntad solo se respeta cuando va en concordancia con lo que las feministas creen que debe ser.

¿Acaso solo el “éxito”, el “poder” y el “dinero” puede representar el valor de la mujer? ¿Y si las mujeres quieren simplemente ser buenas? ¿Cómo medimos eso en métricas superficiales? Hoy día aspirar a ser solo buena madre es algo reprobable. Pero ¿qué tiene de malo que la mujer escoja su propio destino y por qué nunca consideramos a los buenos ciudadanos como una meta?

La Dra. Alicia Pucheta ha llegado a ser no solo la primera mujer en integrar la Corte Suprema de Justicia, sino que también fue la primera mujer en presidirla y llegó también a ser la primera vicepresidente de la República. Otras mujeres que se destacan en el gobierno son Sandra Quiñónez (Fiscal Gral. del Estado), y quizás la única ministra rescatable de este gobierno, Cecilia Pérez. Pero, aquí también se hace eco la sabiduría paremiológica que reza: “mujeres juntas, ni difuntas”, pues son las mismas mujeres opositoras las que más las achacan.

En el campo más técnico-político aparecieron figuras como Soledad Núñez, en urbanización y viviendas, y Sofía Scheid en educación.

La contribución social de Gloria Rubín también es innegable. Y este debe ser quizás el homenaje más genuino que ella pueda recibir, ya que no soy parte del tropel de adulones de la prensa, y soy de aquellos que no se creen el cuento de los Rubín, quienes de hecho se han beneficiado por décadas gracias a Stroessner, y luego en la década de los 80 vieron gua’u la luz y se dieron cuenta de que había una dictadura. Gloria incluso llegó a postear un tuit en el que decía que era obligada en la radio, cuando era muy joven, a darle loas a Stroessner. ¿Acaso la dignidad no era opción? Pudo haber cruzado la frontera o sencillamente no haber hecho radio, pero en fin…

Lo que no se puede negar es la contribución y la lucha de Gloria Rubín, tanto en la fundación Kuña Aty, donde ayudaron a muchísimas mujeres maltratadas y desorientadas, y en el campo cultural con la radio Ñandutí FM Concert, la única radio en Paraguay donde podía escucharse música clásica. Hoy día la FM Concert sigue funcionando como radio online, pero en todo el país ya no hay una sola estación con música clásica.

Personalmente, creo que la lucha contra la violencia debe ser una lucha contra la violencia doméstica, y no simplemente enfocada en la mujer; pero la contribución de Gloria, en este aspecto fue mucho más positiva desde la fundación que desde el Ministerio de la Mujer. Lo triste es que generacionalmente no se han reemplazado a estas grandes figuras, con las que podemos o no estar de acuerdo, pero que innegablemente dejaron una contribución positiva.

En el mundo periodístico está otra de las grandes: Mina Feliciangeli, quien en sus buenos días rivalizó contra los dos más grandes periodistas: Víctor Benítez y Humberto Rubín, y mujer que era, no tenía nada que envidiar a ninguno de ellos. Incluso hasta hoy día, aunque ya mucho más relajada, sigue dándoles ‘escuelita’ a los periodistas de moda, como EVP. También Menchi, en su buena época, junto con Evany, hacían los mejores reportajes y periodismo de investigación. “Reportaje al País” de Evany y “El Ojo” de Menchi, hasta ahora no han sido superados.

En el mundo del entretenimiento aparecen nombres como Perlita Fernández y Clotilde Cabral.

Mujeres intelectuales que han adquirido fama internacional, como Dirma Pardo de Carugati, miembro de la Academia de la Lengua. La historiadora Blanca de Viola, la antropóloga Branislava Susnik, Adelina Pusineri y una erudita como Josefina Plá.

Berta Rojas, con su guitarra, sigue siendo un patrimonio cultural vivo del Paraguay. Daiana Ferreira, una de sus discípulas, sigue con los mismos pasos de excelencia, llevando la música clásica paraguaya a las mejores salas de concierto del mundo.

En fin, es injusto dar una lista de mujeres paraguayas sobresalientes, pero mucho más injusto sería dejar de mencionar al menos a unas cuantas. Y entre ellas no puedo dejar de mencionar a mi propia madre, Julia Rolón, quien muchas veces pionera, tuvo, con sus vicios y virtudes, una vida activa al servicio de la cultura, recorriendo cada rincón del país para enseñar, incluso hasta ahora, a pesar de su edad. Fui testigo de cómo varias veces recibió ofertas para entrar a la arena política, pero siempre se negó porque su vocación era la de enseñar (¿y qué hay de malo en ello?).

Y no puedo cerrar mi incompleta lista, sin mencionar a la mujer anónima. Tengo una anécdota que nunca olvido, viajando en colectivo sobre la Avenida Eusebio Ayala, una vez una señora hizo la para, y al detenerse el colectivo reveló su verdadera intención. La señora se había comprado un baño completo (inodoro, lavabo, baldosas, etc.), y taimadamente había dejado todo cerca de la tienda (para no espantar al colectivero). Lo que sí, es que apenas frenó el colectivo pidió que la esperen y comenzó a traer las cajas. Por supuesto… todos los muchachos del colectivo tuvimos que bajarnos y ayudarla, y nadie dijo una sola palabra por respeto. Esa es la mujer paraguaya que yo siempre recuerdo.

Con mi lista, soy consciente de que me meto en una bolsa de gatos, donde cada quién tendrá su criterio, y quizás ese sea el mejor homenaje a la mujer paraguaya, el que podamos tomarnos un tiempo para reflexionar no solo en una lista de mujeres a quienes admiramos por alguna contribución, pero también meditar en cuáles son los valores que queremos enseñar a nuestras hijas. Paraguay necesita de buena gente y buenos ciudadanos.

La narrativa para nuestros hijos

Yo quiero que mi hija no crezca en un mundo de limitaciones ni de victimización. El gran peligro con la victimización es que puede ser sugestiva. Es difícil ser mujer, pero también es difícil ser hombre. Es fácil ser hombre y también es fácil ser mujer.

No podemos más perpetuar la idea de victimización. A veces hasta se trata al hecho de ser mujer como una enfermedad. Nuestra misma Constitución Nacional en su Art. 27 expresa: “La ley regulará la publicidad a los efectos de la mejor protección de los derechos del niño, del joven, del analfabeto, del consumidor y de la mujer”. Equiparando a la mujer con analfabetos, niños y jóvenes.

La violencia doméstica es un hecho, y debe ser combatida desde su fuente. El mayor problema que se sigue dando en nuestra sociedad tiene que ver con la dinámica entre adictos y codependientes. Sentirse amado y protegido sigue siendo la base para un desarrollo sano: físico, emocional e intelectual, y a partir desde donde pueden desarrollarse relaciones sanas.

La educación que dice “cuidado mi hija porque las mujeres son siempre abusadas y tenemos una historia de ser víctimas”, no ha servido de mucho. La educación que se basa en el amor y la seguridad, y la que impulsa un desarrollo sin miedo, pero conociendo cada uno el valor que tiene, es la que no solo evita más abusos, sino que también la que genera ciudadanos más provechosos.

¿Cuál es la femineidad que queremos proyectar a las siguientes generaciones?

1 Comment

1 Comentario

  1. Mirta Román

    24 de febrero de 2021 at 15:44

    Qué lindo 🙌 aguyje ❣️

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