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Opinión

Héroes del pasado

El Temerario de William Turner.

El Temerario de William Turner.

En 1839 el pintor del romanticismo británico, William Turner, sorprendía al mundo con una obra maestra: The Fighthing Temeraire. En el cuadro se ve al “Temerario”, un buque insignia británico que había estado en la gloriosa batalla de Trafalgar. A Turner no se le ocurrió pintar la gloria de la batalla, sino algo mucho más profundo.

La escena está cargada de simbolismo. Detrás del Temerario se percibe un triángulo azul en un cielo distante, que a su vez está rodeado de un gris humo, y fuera de él, se ve bien arriba una profética luna. Del otro lado, el cielo cuenta otra narrativa con un dramático ocaso en el que se pone el sol en el estuario, como si anunciara el fin de una era. Al Temerario se lo percibe ya fantasmagóricamente, pálido y sin velas extendidas. El glorioso buque se dirige a un puerto donde será desmantelado. Por delante se deja ver a un vigoroso y moderno barco a vapor que lleva remolcando al Temerario, y por detrás, distante, puede verse a un buque con todas las velas extendidas.

El siglo del Romanticismo

Para entender al Mcal. López debemos primero entender la Era del Romanticismo. El siglo XIX se caracteriza por el nacionalismo que dio nacimiento no solo a las nuevas naciones en América, pero también, en la segunda parte del siglo se dio el nacimiento de estados como la Italia o Alemania unificada.

La primera parte del siglo estuvo dominado por grandes genios como Goethe, Beethoven, Delacroix, Louis David, el Duque de Rivas con La fuerza del Destino, etc., pero la figura predominante fue la de Napoleón Bonaparte, el héroe del Romanticismo. El mismo Dr. Francia, padre y consolidador de la República del Paraguay fue un gran admirador de Napoleón, al igual que figuras como Simón Bolívar y San Martín que se inspiraron en el héroe revolucionario.

La segunda parte del siglo fue dominada por un Romanticismo más oscuro. Siguieron existiendo grandes genios, como G. Verdi, Richard Wagner, Lord Byron, Mary Shelley, y en Brasil José de Alencar publica su célebre O Guarani (1857), etc. En Francia estaba Napoleón III; en Europa se libró la Guerra Franco-Prusiana y la de Crimea; en Estados Unidos se libró la Guerra Civil entre el Norte y el Sur; y en Sudamérica se libraría la guerra internacional más grande del continente, a la que el historiador brasileño José Chiavenato denominaría el “Genocidio Americano”.

El Romanticismo se imponía con todo el ímpetu del espíritu humano; un espíritu que lo llevaba a reconocer fuerzas muy superiores al hombre, tanto en la naturaleza externa como en la naturaleza interna del ser humano. El nacionalismo hizo que se forjaran pujantes las naciones emergentes. El sentimiento dominaba con potencia divina y las artes y la ilustración académica, acompañadas de la ciencia y las exploraciones, alcanzaron quizás sus puntos más altos. Pero en la segunda parte del siglo también fue desarrollándose ya el germen del nuevo movimiento, que posteriormente se convertiría en el Modernismo.

El Modernismo es un movimiento que se opondría al Romanticismo. Daría la espalda al pasado y con ello rechazaría a la historia en beneficio del ‘progresismo’. Abandonaría la naturaleza de los campos bucólicos por la industria y la ciudad. Ya no habría elogios para el ‘noble salvaje’ de Rousseau y la prédica sería la de la “civilización” contra la barbarie. Es en ese contexto que Sarmiento, el padre de la educación argentina, publica en 1845, en la Imprenta del Progreso, su obra cumbre: Facundo, civilización y barbarie, una obra con todo el estilo romanticista, pero con pensamientos ya modernistas. Es ese el mismo Sarmiento que destilaba racismo contra los paraguayos y que decía que la Pampa argentina debía ser abonada con la sangre de los gauchos, al tiempo que exhortaba el genocidio de los indios. Sobre el Paraguay dijo entre otras cosas:

“Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto a falta de razón. En ellos se perpetúa la barbarie primitiva y colonial. Son unos perros ignorantes de los cuales ya han muerto ciento cincuenta mil. Su avance, capitaneados por descendientes degenerados de españoles, traería la detención de todo progreso y un retroceso a la barbarie… Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que le obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrecencia humana: raza perdida de cuyo contagio hay que librarse”. (A Mitre, 1872).

  1. R. R. Tolken, en la era del Modernismo haría algo semejante a lo que literariamente hizo Sarmiento, con un estilo modernista y sentimientos románticos criticaría al industrialismo y a la deshumanización, especialmente en su trilogía del Señor de los anillos, bien sea con las imágenes de Isengard o la imaginería nostálgica de la bucólica aldea de Frodo. Mary Shelley, proféticamente con su Frankenstein (1818) ya advertía de los problemas del progreso tecnológico y la bioética. El siglo XIX es también el siglo de los genocidios; si bien gran parte de los aborígenes del Nuevo Mundo habían muerto durante la conquista, ello se debió principalmente a factores epidemiológicos; sin embargo, con la mentalidad modernista es con la que se dan los genocidios sistemáticos y la implementación de lo que Max Horkheimer llama ‘la razón instrumental’.

En el Paraguay el predominio del Romanticismo era evidente en todas las áreas. Los López supieron armonizar el espíritu del nacionalismo con el progreso, y pusieron al progreso al servicio de la nación. Convirtieron al Paraguay, una nación mestiza, en una nación modélica. Y a esto hay que recordar, para responder a Sarmiento, lo que en aquella época escribía Juan Bautista Alberdi, que los profetas del progreso y la civilización, que marchaban contra la barbarie, fueron al Paraguay para conocer lo que era progreso.

Hermenéutica histórica

Durante mucho tiempo se nos impuso una narrativa histórica antilopista. Decían que el Mcal. López era un tirano y ahora, con ayuda de los pseudo historiadores, charlatanes y apóstoles de la antihistoria, venden la idea de que López era una figura altamente controversial. Sin embargo, los verdaderos tiranos (sin controversias) eran el Emperador Don Pedro II, el Conde d’Eu, Rosas, Mitre, Sarmiento…

Para entender al Mcal. López tenemos que entender primeramente el pensamiento de la época, y no juzgarlo irresponsablemente con nuestros valores presentes. El escritor escocés Thomas Carlyle publicó en 1841 un ensayo Sobre los héroes. En él sostiene que lo más importante en un hombre es su religión. Y por religión no solo entendía lo que nosotros entendemos hoy por ella, sino en líneas generales “lo que un hombre de verdad cree”, incluso “en la manera en la que se siente a sí mismo en su relación con el Mundo Invisible”. Esta creencia nos dará a entender el alma de la historia y lo que luego se manifestará en acciones.

Al final de su disertación, Carlyle escribe sobre el ‘rey héroe’, analizando las figuras de Cromwell y Napoleón. Así se refiere a los grandes hombres, o los jefes de los hombres; rey porque son ‘reguladores’, aunque en inglés se expresa mejor con la idea de King, que viene del germano Könning, que significa “Canning”, o sea, hombre capaz. De ahí parte la idea del culto a los héroes, que nuevamente, en inglés tiene un sentido un tanto diferente, pues culto es worthship, o sea consideración a su mérito.

Quizás ciego por su perspectiva británica, Carlyle ve a Napoleón solo como un hombre del momento; sin embargo, son Nelson y Wellington los han sido los hombres del momento, mientras que Napoleón, quiérase o no, ha cambiado para siempre la historia. No solo Europa no volvería a ser la misma después de Napoleón, sino que también su figura ha inspirado a tantos, alrededor del mundo. La Revolución francesa hubiese sido un fracaso de no haber sido por él.

Lo segundo, después de entender el alma de la historia, es situarnos en lo que en aquel tiempo de toma de decisiones se conocía, y no solo en lo que conocemos ahora después de que todo el desenlace haya tomado lugar. Para juzgar la historia se debe practicar con frecuencia una especie de ucronía, o sea, una reconstrucción de la historia sobre bases hipotéticas, o en otras palabras, un análisis de las posibilidades al estilo Dr. Strange, el superhéroe de Marvel. Sí, hoy sabemos que fue un error para Napoleón invadir Rusia en 1812; sabemos que Hitler fracasó también al invadir Rusia. Pero ¿hubiese tenido alguna diferencia si cambiaba a Von Paulus por VonManstein?

Aún más importante que formularnos posibles hipótesis estratégicas es concebir el porqué se han tomado las decisiones y cuáles eran las alternativas viables entonces. Hitler invadió Rusia no solo por una ceguera ideológica, ya manifiesta en su Mein Kampf. Su Operación Barbarroja estaba estratégicamente apuntada a tomar control del petróleo de los Balcanes. Además, la inteligencia que manejaban los alertaba cada vez más sobre los planes de Stalin de atacar Alemania.

Y en el caso del Mcal. López, ¿cuáles eran sus opciones en el momento de intervenir en el auxilio de la hermana República del Uruguay? Acaso de no intervenir no hubiera sigo engullido posteriormente.

Para entender la Guerra de la Triple Alianza hay que entender no solo la ‘Triple Alianza’, sino también el alma de la historia, lo que creían sus protagonistas. No se puede entender esa guerra sin entender la Guerra del Opio en China, o la Guerra Civil en Estados Unidos. No se puede entender a López sin entender su razón vital, o sea entenderlo a él y a su circunstancia. Es verdad que para los parámetros modernos los López, con su nepotismo y aprovechamiento del Estado, pueden ser considerados tiranos, pero en definitiva nada comparados con el progresista Don Pedro II y los tiranos argentinos.

Nuestra historia, nuestra narrativa

Quienes escriben nuestra historia arremeten con mucha frecuencia contra nuestra realidad. La realidad que nosotros, como paraguayos, no solo íntimamente sabemos, sino la que también es una realidad que respira por nuestros poros.

Durante mucho tiempo la figura del Mcal. López fue impuesta como la de un tirano. Fue durante el revisionismo histórico que comenzó en el 47 y se acentuó en tiempos de Stroessner cuando el nombre de López pudo ser nuevamente reivindicado como héroe nacional.

La mayor parte de las publicaciones inglesas sienten un gran desprecio hacia López, lo cual no es de extrañarnos. Lo que sí resulta extraño es que, a pesar del tiempo, la academia anglosajona no haya rectificado su visión imperialista sobre López. Pero, por lo menos hoy, ya no solo se lo define solamente como ‘tirano’, sino que ahora su figura es considerara por los que nos imponen nuestra historia como una figura ‘altamente controversial’.

Otros pueblos tienen el privilegio no solo de escribir su historia, sino también de reescribirla. Hollywood se ha encargado de dignificar hasta la conquista del Oeste, ennobleciendo al cowboy y convirtiendo el genocidio en una acción civilizadora. Hasta hoy, ningún presidente de los Estados Unidos es considerado un “dictador”, a pesar de que muchos de ellos gozan de las mismas características que achacan a los nuestros, incluyendo a los de la era liberal.

Aníbal Saucedo escribía en estos días que “es en la memoria donde debemos encontrar nuestros huesos perdidos”. Nuestra historia no solo es una historia rica en hechos, sino que también es una historia noble, del haber hecho lo correcto internacionalmente. Así, como a la entrada de las catacumbas de París, que sobre su umbral se lee ‘Arrête!C’esticil’empire de la Mort’ (¡Deteneos! Este es el imperio de la Muerte), en cada libro de historia paraguaya debemos poner también una advertencia similar que rece: “¡Deteneos! Esta es la historia de un pueblo noble y heroico”.

3 Comments

3 Comentarios

  1. Patricia

    28 de febrero de 2021 at 08:55

    Excelente narrativa como siempre ud. Comparte.👌👏👏👏

  2. César

    28 de febrero de 2021 at 12:38

    Excelente… sin desperdicios!

  3. Mirta Román

    28 de febrero de 2021 at 13:17

    Me encantó de principio a fin!! 🙌

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