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Opinión

¿Elegir bien o tener el poder de rectificarse?

Prof. Dr. Alan L. Redick

Prof. Dr. Alan L. Redick

Si tuvieras la oportunidad de escoger entre “elegir bien” o “el poder de rectificarse” ¿qué elegirías? ¿Cuál de los dos considerás que es más importante?

Hoy, Domingo de Resurrección, los cristianos celebramos la resurrección de Cristo. Según reza el credo, Cristo fue crucificado, murió, fue sepultado y al tercer día resucitó de entre los muertos.

La religión cristiana vino a cambiar muchas cosas en el mundo. De hecho, la misma historia se computa cronológicamente en relación con un antes y un después de Cristo. Pero más allá de la relación que exista entre el cristianismo y cómo moldeó la historia de la humanidad, existen ya factores fundamentales que solo se dieron con la aparición del cristianismo.

No es por casualidad que el cristianismo surja en el auge del Imperio Romano. La religión cristiana es también la primera religión imperialista. Como verás, en el mundo antiguo nadie quería “evangelizar”, sino más bien al contrario. Los egipcios no tenían ninguna intención de hacer conocer a sus dioses. De hecho, toda la escritura jeroglífica está basada en una hiero-grafía, es decir, escritura sagrada que era secreta. El conocimiento de los dioses era conocimiento del poder de ellos.

Lo mismo ocurría en parte con los griegos y romanos, aunque con mayor apertura de conocimiento, pero con un estricto cumplimiento de ritos piadosos. Con el judaísmo, el de los tiempos de los Macabeos, surge un cambio. Para el judío “solo hay un Dios”, no en el sentido de que le podían decir a los egipcios o mesopotámicos, ustedes son politeístas, tienen muchos dioses y nosotros solo uno, sino en el sentido de que “nuestro Dios es único”, los de ustedes son falsos.

A esa doctrina judía excluyente, el cristianismo vino a agregar el factor imperialista. Jesús les dio la gran comisión a sus discípulos, diciendo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28: 19; cf. Marcos 16: 15). Así, a la intolerancia de la religión judaica, que solo admitía a un solo Dios verdadero, se le sumaba el imperativo de ir a persuadir y convertir a otros.

Una de las películas clásicas de Semana Santa es Quo Vadis. En ella un oficial del ejército romano se enamora de una cristiana y le propone matrimonio. Ella le dice que no es simple, por cuestiones de religión, a lo que él responde que no es problema, ya que en el altar que él tiene se puede hacer lugar para su Dios, pero ella le explica que básicamente su Dios no tolera a otros.

Sin embargo, la característica fundamental que se da en el cristianismo es ciertamente su sentido soteriológico, o sea, es una religión que predica salvación. Muchas religiones antiguas se basan en enseñanzas morales, otras sencillamente tienen un sentido apotropaico, o sea, ahuyentan los males, y otras permitían ejercer alguna influencia en los dioses para que ayuden en ciertas causas.

La antigua religión judía no creía necesariamente en la salvación. En el mismo cristianismo puede verse que este es un proceso que va formulándose con mayor certidumbre a través de las epístolas de Pablo. Para el judío, al morir todos iban al Sheol (que era una especie de Hades griego). Jesús mismo explica esto en la historia que cuenta sobre “Lázaro y el rico” (Lucas 16: 19 – 31). Al morir el rico y Lázaro, el mendigo que comía de las migajas del rico, ambos fueron al Hades, solo que estaban separados por un abismo; el rico en un lugar de tormento y Lázaro en el seno de Abraham.

El rico no había elegido bien cuando estaba vivo y rogaba a Abraham que se le permita volver junto a los vivos para testificar de modo que ellos puedan rectificarse, pero Abraham le respondió: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”.

En muchas religiones existían rituales de purificación o catarsis de modo a rectificar ciertas malas decisiones, pero siempre existía un costo de sacrificios. En el cristianismo ese sacrificio ya fue hecho y ningún otro sacrificio es necesario o aceptado.

El ser humano comete errores, incluso si sabe elegir, muchas veces esos errores no dependen de uno. ¿Cometió Dios un error al crear a Adán y Eva? ¿Fue acaso una mala decisión? El ser humano era libre de elegir, y eligió contra la voluntad divina. Pero pronto Dios se encargó de proveer una oportunidad de rectificación. Para los judíos esa rectificación consistía en cumplir la ley de Dios, para los cristianos consiste en creer y aceptar el sacrificio de Cristo.

Hoy día escucho a muchas personas decir “hay que saber votar”, como si se hubiera tratado de un error y que la otra opción habría sido la solución. De nada sirve saber votar si no tenemos el poder de rectificarnos, porque por más buenos que los seres humanos sean, todos pueden cambiar, y más aún en el caso de las elecciones, en las que venimos siempre votando al menos peor.

“ANR nunca más”. ¿En serio? La doctrina republicana sigue siendo la mejor, pero con la mentalidad de “elegir bien” que nos condena a soportar cinco años de mala elección, nunca lograremos ningún cambio, ni entre los colorados, ni entre los opositores.

Lo que el pueblo realmente necesita es reclamar “el poder de rectificarse”. Si el pueblo es soberano en una democracia, ¿cómo es que no puede tener el derecho de rectificarse? Si hasta de un mal matrimonio se puede salir, que fue hecho para toda una vida, ¿cómo no se podrá rectificar una mala elección que se hizo por cinco años? Después de todo, aunque siguen existiendo abusos, gracias a la posibilidad de divorciarse mucha gente reconsidera sus acciones.

El año pasado escribí un artículo donde proponía una enmienda constitucional (no una reforma), en la cual pedía que se reconozca el derecho del pueblo a defenderse de los malos gobernantes y las malas leyes a través de un Plebiscito Soberano. Un Plebiscito que sea soberano, o sea que sea la última palabra y que solo permita remover a cualquier funcionario público sin motivos, a vetar cualquier ley o resolución, y a llamar a elecciones si quiere.

Recuerdo que el aquel entonces, lo que la gente me decía era que necesitábamos soluciones inmediatas, no de aquí a tres meses. Irónicamente, hoy no solo estamos en las mismas, sino que estamos peores y ya han pasado mucho más que tres meses. Sería hora de que dejemos de ver solo a soluciones inmediatas que resultan un efímero parche y miremos hacia soluciones más permanentes, aunque tengamos que esperar más.

Hoy, Domingo de Resurrección, celebramos la gracia que se nos ha dado de rectificarnos, lo cual hace al cristianismo una religión doblemente salvítica. La cuestión no está en ser perfectos y siempre elegir bien, sino en tener el poder de rectificarnos incluso si elegimos mal, o si elegimos bien pero después las cosas cambian. Como decía Upton Sinclair, “es difícil hacer que un hombre entienda algo, cuando su salario depende precisamente de que no lo entienda”; pero en Paraguay tenemos que entender y reclamar el poder de rectificarnos.

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