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Opinión

Jesús, el Maestro que pudo calmar tempestades

La Semana Santa nos recuerda el martirio y crucifixión que sufrió nuestro Maestro, solo por ser el hijo de Dios. Su pecado fue ser bondadoso, sanador, correcto y ejemplo de amor para toda la comunidad cristiana.  En una oportunidad, sus discípulos, quienes estaban junto a Jesús en una barca, atemorizados por una tempestad que se levantó en el mar, le despertaron y le gritaron “Señor, sálvanos, ¡que perecemos!. Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?. Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza” (Mr. 4.35-41; Lc. 8.22-25).

Esta escena en la que Jesús, el Maestro de maestros, calma la tempestad, siempre la uso para asociar con la tarea del docente, pues los docentes, maestros de la EEB primaria, profesores del nivel secundario e universitario, a diario reciben gritos, llamados de auxilio de sus estudiantes para sobrellevar las peripecias que implican la instrucción formal de la educación. No hay otro bálsamo del que genera el maestro en aula y también fuera de ella. La seguridad, confianza y empatía que reciben los estudiantes de sus maestros son las mismas que Jesús les dio a sus discípulos en esa tempestad.

La tempestad la conocieron todos los alumnos de todos los niveles del sistema educativo del país, la pandemia que se inició el año pasado y sigue gozando de buena salud hasta nuestros días. Los padres, alumnos, directivos y personal de servicio clamaron al unísono, Maestro, ¿qué hacemos? En la barca del desorden y desesperación, el docente paraguayo, logró equilibrar la barca y llevarla a la costa. Este año, nuevamente se oyeron los gritos de auxilio a los maestros, remangarse y seguir con las clases virtuales, a pesar de las precariedades existentes para el desarrollo efectivo de las clases.

Según las informaciones de las autoridades del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), las clases presenciales se iniciarían en el mes de abril, estimo, con todas las precauciones pertinentes contra el virus mandarín, aunque el futuro es incierto, atendiendo el avance de los acontecimientos.

La tempestad sigue, la barca tambalea y solo la pericia del maestro puede calmar esas aguas agitadas y vientos huracanados.

En esta Semana Santa, recordamos la muerte del Santo Maestro, el que calmaba las tormentas y vientos furiosos con una sola orden suya.

En la actualidad y en la pura realidad, que nos cala los huesos, no despertemos a nuestros docentes con auxilios y gritos desesperados, sino dejémoslos hacer lo suyo: orientar, dirigir, acompañar y formar ciudadanos honestos para esta Nueva República que muy pronto emergerá en nuestra bendita Nación.

Demos a nuestros sacrificados docentes las herramientas necesarias para calmar la tempestad, los recursos digitales adecuados para navegar sin dificultades en la complicada red de internet, plataformas confiables de las cuales los alumnos puedan descargar sin dificultades los materiales para una positiva instrucción. Sin estos elementos básicos, creo que, esta vez, ya los desesperados gritos de auxilio, no podrán despertar a nuestros docentes para calmar las agitadas aguas. Es urgente y es necesario.

Felices Pascuas a todos mis lectores y, en especial, a aquellos héroes que aquietan la tempestad, ¡los docentes!

 

* Doctor en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica.
Universidad de Kiel, Alemania.
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