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Opinión

Pytyvõ medicamentos. Cuando el remedio puede ser peor que la enfermedad

Contagio masivo. Muertes en aumento. Falta de vacunas suficientes y decretos “a medida”. Parece ser que los líderes pasaron de una conducta imprudente, a un Dolo Eventual.

El diccionario panhispánico del español jurídico de la Real Academia Española define al Dolo Eventual como el “conocimiento y aceptación de la posibilidad eventual, no segura, de realizar el hecho típico objetivo sin pretenderlo directamente”. Y este parece ser exactamente el caso de Pytyvõ medicamentos.

En primer lugar, conviene expresar total solidaridad con aquellas personas víctimas del COVID-19, sean personas contagiadas, sean personas hospitalizadas, sean personas internadas en UTI, sean parientes de las anteriores, y todos los que no pudieron vivir para contar la historia.

Por lo tanto, es necesario puntualizar ciertas características del actual programa Pytyvõ medicamentos:

    • Se pone relieve en el hecho de que Pytyvõ medicamentos parece no reconocer la igualdad de estas personas. Pytyvõ medicamentos busca subsidiar una lista taxativa de medicamentos e insumos, pero sólo para pacientes internados en UTI por el COVID-19. ¿Y qué pasa con el resto? (el resto, que son las personas contagiadas pero que sufren en silencio, las personas contagiadas que ya han sido hospitalizadas pero que gracias a Dios no derivaron en UTI y por último aquellas personas hospitalizadas que sí necesitaban ir a UTI pero que no fue así, ya sea por falta de camas, falta de lugar, falta de insumos hospitalarios, o la razón que fuese). Esto provoca que el acceso al programa Pytyvõ medicamentos es denegado a pacientes que estén en camas improvisadas de terapia intensiva (https://www.abc.com.py/nacionales/2021/04/14/su-marido-esta-en-una-terapia-improvisada-ante-falta-de-camas-y-no-accede-a-ayuda/), que han sido rechazados.
    • La lista de medicamentos e insumos cubiertos por el programa parece ser taxativa, es decir, únicamente los medicamentos e insumos listados podrán ser adquiridos por el programa, no otros. Se ha denunciado que varios medicamentos clave para combatir al COVID-19, como el Remdesivir, que sería uno de los medicamentos más caros y solicitados por los pacientes internados con COVID-19, bajo el argumento del Gobierno de que el uso del Remdesivir es para pacientes en etapa previa al ingreso en UTI (discriminando a la población en pacientes ex ante y ex post UTI). Sin embargo, en la realidad fáctica, sería uno de los medicamentos más requeridos por los pacientes. Y también uno de los más costosos.
    • También se ha denunciado la excesiva burocracia que implica el acceso al programa Pytyvõ. Se recuerda que el principal acceso a este programa proviene de los ciudadanos humildes. Y a esos mismos ciudadanos humildes, se les exige una burocracia que implica llenar formularios en internet, solicitar el presupuesto en una farmacia (que hasta donde se entiende, son personas jurídicas de Derecho Privado y cuyos precios de los productos por ellas vendidas, son determinados por ellas mismas), sacar fotografías en formato digital, adjuntar dichas fotografías (se exige que las fotografías sean nítidas), y un largo etcétera. ¡Qué bien!
    • Encima, el programa Pytyvõ medicamentos parece diferenciar entre farmacias que “posean el servicio de la red infonet” y farmacias “que no lo posean”.
    • Tirar la pelota” a las farmacias privadas para el abastecimiento de medicamentos requeridos por la sociedad, parecería un despropósito del Gobierno. La CN, en su art. 68 “Del Derecho a la Salud” dice que “nadie será privado de asistencia pública para prevenir o tratar enfermedades, pestes o plagas, y de socorro en los casos de catástrofe y accidentes”. Entonces, ¿quién provee la verdadera asistencia acá? ¿quién provee de los medicamentos e insumos para tratar al COVID-19? ¿Las farmacias o El Estado?
    • Parece que habría que cambiar el art. 68 de la CN a “nadie será privado de asistencia privada…”
    • Por último, tirar la pelota a las farmacias privadas para el abastecimiento de la sociedad de los medicamentos e insumos que necesita para tratar al COVID-19, luego de tantos préstamos y recaudación para posteriormente admitir que el sistema de compras públicas no “está a la altura” resulta en un mea culpa silencioso; como dice el adagio, a confesión de parte, relevo de pruebas.
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