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Opinión

El Día del periodista en la Era de la desinformación

Alan Redick

Alan Redick

Vivimos en la era con más información, pero que, a su vez, irónicamente, se ha convertido en la era de la desinformación. En gran parte este fenómeno se debe a la pérdida de autoridad del periodismo profesional y las Redes de noticias.

En EEUU solo un 9% confía en la información de la prensa (Gallup), mientras que en Paraguay ese número parece ser incluso más bajo.

El periodismo informativo es fundamental para el funcionamiento de una democracia, ya que crea espacios para el debate público y a la vez sirve como un contrapoder, para prevenir el abuso de poder.

El problema de la prensa ya viene desde hace mucho tiempo; básicamente desde sus inicios, pero no cabe dudas de que cada vez más se ha ido deteriorando.

Uno de los factores que ayudó al descrédito es el factor económico. Con el auge de nuevas tecnologías, el mundo de la información cambió en forma radical. Hoy en día, casi toda la información está disponible en internet gratuitamente y ya no es necesario comprar un periódico para informarse. Pero generar noticias implica un costo (y a veces bien elevado).

Una buena información exige una buena investigación, recaudación de datos y distribución de la noticia, lo cual puede tener un costo bastante elevado. Pero tan solo en EEUU, entre 2008 y 2018, los medios de prensa han tenido una pérdida del 62 % de sus ingresos.

La película TheNetwork (1976) ya mostraba el deterioro de los medios de información, y en la década de los 80 la crítica más famosa surgió de parte de Neil Postman con su libro Amusing Ourselves to Death: Public Discourse in the Age of Show Business (1985, “Divertirse hasta morir: El discurso público en la era del «show business»”). El entretenimiento terminó devorando a las noticias.

Al no poder depender más de las ventas de la información los medios informativos se vieron obligados a depender exclusivamente del dinero de la publicidad que podían conseguir o de grandes financistas que tenían intereses marcados en las noticias.

Se cierra así un círculo vicioso con el comercio de la publicidad ya que a las empresas que publicitan sus productos les interesa que se llegue al mayor número de compradores posibles, para lo cual las noticias deben guiarse primordialmente por el rating que generan.

Así se completa la dinámica de ese círculo vicioso ya que el público consume la basura que los medios producen y a su vez las empresas pagan la publicidad de sus productos y servicios en los medios que consume la gente. Ya no se paga por la información, y online cada click es un ‘clin caja’.

A todo eso debe añadirse también la deshonestidad y falta de ética, tanto de los periodistas como el de los medios que se aprovechan de “publinotas” para enriquecerse.

Hoy ya casi nadie ve televisión ni compra un periódico. Lo que se lee o se consume se hace en su mayoría a través de las redes sociales. De esa forma, el periodista, que antes hacía periodismo de investigación, ahora cumple más una función de “influencer” en las redes, abandonando las noticias para abrazar chismes y rumores.

Los periodistas han perdido la confianza de la gente, y con ello su autoridad. En contrapartida se ve un auge de ‘ciberactivistas’, y del periodismo independiente y local. Lamentablemente esta forma de periodismo no siempre cuenta con los recursos para hacer investigaciones grandes.

También están los ‘comunicadores’, críticos de los periodistas, que se han convertido en la noticia misma. Los expertos dejaron de ser una élite con la aparición de Google. La pandemia del covid-19 solo vino a poner más en manifiesto esto que ya sabíamos.

Los viejos noticieros que informaban las noticias ya han desaparecido. En su lugar están los que sectariamente comentan las noticias opinando sobre ellas. La información es gratis y ya está en todas partes, la desinformación mayormente en los medios.

En un mundo en el que no hay tiempo, pero que a su vez exige que cada uno investigue sus propias noticias, es un mundo peligroso. Tanto avance en las tecnologías solo para retroceder socialmente a tiempos medievales donde la información se conseguía a través del gurú de la aldea.

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