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Opinión

Desarrollo insostenible afectando la base natural del Paraguay

Alberto Yanosky

Alberto Yanosky

Las áreas protegidas, que en la práctica son las reservas y los parques, conforman el pilar fundamental de las estrategias nacionales e internacionales de conservación del patrimonio natural de una Nación. En las áreas protegidas no sólo se conserva la biodiversidad sino todo el intricado conjunto de elementos y procesos de los ecosistemas naturales que nos ayudan a mantener productos y servicios del ecosistema. Paraguay plasmó estos objetivos a través de una Ley (352) del año 1994 que oficializa el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas, conocido comúnmente como SINASIP. Este sistema alberga o debería albergar las muestras representativas de la naturaleza, esa rica biodiversidad que difiere según la región en la que uno se encuentra.

El mundo se ha establecido metas que van día a día mejorándose, y recientemente fui parte del lanzamiento del Primer Informe “Planeta Protegido para Latinoamérica y el Caribe 2020” coordinado desde la Red Parques con el apoyo del Centro Mundial para el Seguimiento de la Conservación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y diversas organizaciones aliadas. Como parte de la comunidad de esta región, informábamos que a nivel regional hemos alcanzado la protección del 24% del territorio terrestre; y que, a pesar de los logros, urge asegurar la conservación y la gestión efectiva de las áreas protegidas y conservadas en los años venideros.

Paraguay como parte de estas naciones, viene reportando el alcance de sus intervenciones y demostrando que a través del SINASIP se llevan a cabo los esfuerzos para proteger las especies amenazadas y sus ecosistemas como elementos fundamentales en las estrategias de mitigación al cambio climático.Además, en Paraguay las áreas protegidas son importantes ya que permiten el funcionamiento de los ambientes relacionados con la provisión de agua en cantidad y calidad, aportan servicios como lo es la polinización; pero también como lugares de gran valor cultural, histórico y espiritual. No hay dudas de que nuestro sistema de áreas protegidas, aún con muchas debilidades, representa un compromiso sin precedentes hacia el futuro del Paraguay, en donde se mantienen esas muestras representativas del acervo natural; cuando fuera de él, parece existir una acelerada y desalentadora carrera hacia el declive ambiental y social, que maximiza el uso de los recursos naturales en forma insostenible en beneficio del ahora y en detrimento de las generaciones futuras.

Nuestras áreas protegidas enfrentan muchos desafíos, como la falta de apoyo político y de recursos para su consolidación, como así amenazas externas asociadas al cambio climático, al turismo irresponsable, al desarrollo de infraestructura y a las demandas crecientes de uso y explotación de recursos naturales. Pero lo que está viviendo el Paraguay en estos momentos no tiene precedentes, gran parte de las áreas protegidas sufren de invasiones y de plantaciones ilegales, frente a la incapacidad de las autoridades para hacer frente a estas desacertadas intervenciones. Los Poderes del Estado parecen no entender la importancia de estas áreas y las someten a endebles riesgos cuando las intentan utilizar para el desarrollo rural.

Extensas áreas que no están sujetas a ningún tipo de producción, basadas en expropiaciones que han demostrado que el objetivo no era la tierra para arraigarse allí sino para depredar los recursos naturales; para luego saltar a otras áreas naturales. La Reforma Agraria no puede basarse exterminar los recursos naturales haciendo uso de las ya debilitadas áreas protegidas. Las áreas protegidas está administradas por una unidad técnica dentro de una Dirección General en un Ministerio que no esparte del más alto poder ejecutivo que decide sobre el desarrollo del país; este unidad tiene en sus manos todo este Patrimonio Natural de la Nación, cuando otras instancias ministeriales dentro del mismo Poder Ejecutivo ponen en jaque todo el sistema, y poco puede hacer cuando otro Poder del Estado no acciona con las medidas necesarias para hacer justicia. Y como si todo esto fuera poco, ahora tenemos al otro Poder del Estado, el Congreso, apoyando la desafectación de las áreas protegidas para supuestos fines de desarrollo comunitario. Este mismo poder que crea áreas protegidas sin entender las necesidades de las mismas, sin las debidas justificaciones y sin los recursos para implementarlas.

La contribución que hace el sector privado y la cooperación internacional a la conservación del acervo natural del Paraguay a través de sus acciones está estipulado en un 50% de las contribuciones, y ésto impone una creciente incredulidad de los reales compromisos hacia la sustentabilidad, hacia la consolidación del SINASIP y un Paraguay más sostenible que basa su desarrollo en el patrimonio natural. La ignorancia a la que nos tienen acostumbrados ciertos sectores, sumado a la falta de compromiso de quienes supuestamente nos representan democráticamente, y la necesidad de convencer con la inmediatez para la cosecha de votos en tiempos políticos, pone en jaque todos los esfuerzos de conservación.

“La Tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la codicia de cada hombre (Mahatma Gandhi)” parece ponerse de moda cada vez más en Paraguay, podrán engañar a unos cuantos votantes, pero nunca podrán engañar a la naturaleza. Y recordemos que con una ley podemos destruir lo que llevó millones de años de evolución y lo que tratamos de salvaguardar en el SINASIP, pero no habrá ninguna ley que pueda reparar el daño realizado volviendo a la naturaleza a su estado pleno de eficiencia.

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