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Opinión

Impuesto a la exportación de soja, ilusión de recaudar más con una concepción errada

Ante la constante necesidad de recaudar más, la discusión de establecer un impuesto a la soja siempre está presente. La premisa proviene de que la soja en granos, junto con la carne y la energía eléctrica, son los principales productos de exportación del Paraguay, representando alrededor del 60% del total. Además, los ingresos por la exportación de soja alcanzaron USD 2.146 millones en al año 2020, 53% más de lo que representó el año anterior. A partir de esto surge la idea de gravar al rubro ya que supuestamente “ganan mucho”.

Las múltiples propuestas que surgieron en los últimos tiempos apuntan a gravar la exportación de la soja en granos, pues según sus propulsores el mecanismo de cobro sería mucho más fácil. El porcentaje que aplique al valor de exportación es la única diferencia entre las varias propuestas que van surgiendo. La innovación en la última propuesta es la de crear un sistema tributario flexible que cobre impuestos a la exportación en función a que tan bueno fue el año.

La idea del tributo tiene una concepción errada, pues el punto de partida es que el sector “gana mucho”. Es decir, si esto fuese así (no entramos a analizar eso en este articulo) el hecho generador sería la renta; sin embargo, la propuesta busca afectar un proceso de venta y que a su vez es transferido al proceso productivo, afectando también a pequeños productores. Según la Unión de Gremios Productores (UGP) de los más 3.600.000 de hectáreas plantadas de Soja en la campaña 2019/2020, 832.000 hectáreas corresponden a 41.600 fincas con menos de 20 hectáreas.

Ahora, si la idea de cobrar un impuesto a la exportación porque ganan más está mal diseñada, entonces ¿Cuál es la finalidad de los impuestos a la exportación? En teoría de políticas comerciales, la idea de proponer impuestos a la exportación es que los gobiernos favorezcan a sus empresas forzando a un precio más alto. Esto funciona siempre que el mercado se encuentre en situación de competencia oligopólica. Así pues, para que se tenga un impacto que favorezca a productores locales con impuestos a la exportación y consecuentemente incidir en el precio global se debe tener una importante participación en el mercado global (marketshare), y este no es el caso de Paraguay (ni de Argentina).

Gravar a la exportación no parece ser consistente ni con la teoría, ni con la idea de la necesidad de reactivar la economía, posterior a una pandemia. Debe mencionarse que el rubro soja no trabaja de forma aislada, por lo que afectar a este tendría impactos en todo el complejo (cultivos de trigo, maíz, girasol). Además, es importante considerar a la economía con un todo. En ese sentido, los rubros agrícolas de exportación más importantes también tienen implicancias sobre otros sectores como la provisión de insumos (semillas, fertilizantes, defensivos), maquinarias (tractores, cosechadoras) e infraestructura (silos, puertos, molinos) y sistema de transporte (camiones, barcazas). Todos estos sectores se mueven en un frágil equilibrio estrechamente vinculado al del sistema financiero, con enormes deudas acumuladas que esperan ser honradas con los ingresos generados por las exportaciones. La situación actual, que registra un alza de precios importante. Esto ayudará a fortalecer no solamente a los productores sino también a todos los actores de la cadena, lo cual es altamente positivo en el escenario postpandemia.

¿Y un impuesto a la exportación de granos en estado natural como impulsor de la industria nacional? De vuelta, un mal diseño impositivo no puede ser la base para generar desarrollo industrial. La agroindustria necesita que se siga acortando las brechas de infraestructuras, que exista seguridad jurídica, colaboraciones públicas privadas, etc. Y también que se eviten las incertidumbres que generan los constantes anuncios de grabar las exportaciones.

Los impuestos son necesarios para financiar el desarrollo del país; sin embargo, la ilusión de recaudar más no puede basarse en una concepción errada.

 

Investigación para el Desarrollo

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