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Opinión

Poder Judicial: Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago

Se ha presentado un proyecto de ley para la matriculación de abogados.

La intención de depurar al sistema judicial in totum parece loable. Pero la caridad comienza por casa (o al menos debería).

Unificar la exigencia de conocimiento del profesional abogado desde el púlpito de un Poder Judicial parecería un desatino. No tiene mucho sentido. Esa podría y debería ser tarea de la educación superior (universitaria).

Afirmar que las Universidades de todo el País tienen aproximadamente el mismo nivel de formación es una falacia, principalmente considerando las diferencias entre casas de estudio “históricas” como la Universidad Nacional de Asunción o la Universidad Católica y las universidades “de garaje”.

El proyecto de ley presentado pretende modificar el Código de Organización Judicial (ley 879/1981) añadiendo que para ejercer la abogacía en el Paraguay se requerirá la aprobación de un examen de competencias que será convocado y administrado únicamente por la Corte Suprema de Justicia.

Existen muchos jueces, fiscales, camaristas y hasta ministros de la Corte Suprema de Justicia que accedieron al cargo “por la ventana”. Pero es la misma Corte Suprema de Justicia la que quiere limitar el ejercicio de la profesión de abogado. No se está en contra de una mejora de la profesión de abogado, pero sí se está en contra de la desigualdad.

Pero este proyecto de ley parece centrarse en el ejercicio de la abogacía ante jueces y tribunales, es decir, en el Derecho Procesal (lo que se conoce como derecho adjetivo o de Forma), ignorando por completo el Derecho Sustantivo (o derecho de Fondo).

Es decir, los jueces, fiscales, magistrados y hasta ministros de corte suprema, en fin, todo administrador de justicia estatal, que haya logrado aprobar dicho examen, tendrá conocimientos certificados en un Derecho de Forma, pero no en un Derecho de Fondo. Esto es muy importante e ignorar el dato conduciría a consecuencias graves.

En la Facultad de Derecho de la UNA por ejemplo, existe una cátedra de Guaraní jurídico; otra cátedra de Derecho Cooperativo (¿?) y de Derecho Romano; pero no existen cátedras sobre Derecho Societario, Derecho Corporativo, no se enseña Derecho de Defensa de la Competencia, ni menos se enseña en detalle el régimen legal de las Obras Públicas ni de las Contrataciones Públicas (uno de los mayores focos de corrupción); prácticamente no se estudia sobre derecho bursátil (el derecho financiero para obtener financiamiento a través del mercado de valores) y solamente se adquiere una pobre base sobre Derecho Municipal [por cierto, este año se eligen a las autoridades municipales].

Entonces…de existir un examen en conocimientos jurídicos procesales, pero sin conocimientos jurídicos de fondo… ¿cómo quedan los abogados, jueces, fiscales, camaristas y ministros?

Si hay pobreza, ¿que no se note?

El sistema judicial del Estado Paraguayo deja mucho que desear. Los criterios de selección del Consejo de la Magistratura para los cargos de jueces, camaristas y fiscales son cuanto menos, cuestionables en su base científica.

A esta altura, ya está muy claro que el problema no es rendir un examen para el ejercicio de la profesión de abogado. Tampoco es un problema la mediocridad y la corrupción en el sistema judicial a lo largo y ancho del Paraguay (si bien es cierto es un problema bien profundo, no está eso en tela de juicio).

El problema es que las Universidades no estarían cumpliendo su rol constitucional, y mucho menos la ANEAES (Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior) ni el CONES (Consejo Nacional de Educación Superior).

Muchísimos jueces son docentes universitarios. Muchos fiscales son docentes universitarios. Varios ministros de la Corte Suprema de Justicia son docentes universitarios; algunos incluso fueron Decanos de facultades de Derecho.

Ninguno de ellos nunca denunció seriamente los problemas de la educación universitaria en la carrera de Derecho. Jamás.

Ahora resulta que el muerto se asusta del degollado.

Pero todo esto no importa. Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago.

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