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Opinión

Gobierno, vacunas y Covid-19: ¿Porqué tanta mentira?

En pleno siglo XXI, ya no debería sorprender la capacidad de mentira de alguien. Y menos del Gobierno en la República del Paraguay. No es útil contestar a la pregunta: ¿está bien mentir? ¿o está mal?

Más bien, resulta importante saber: ¿las mentiras, tienen consecuencias legales?

Sí, las mentiras tienen consecuencias legales. Algunos engaños incluso, aparte de las consecuencias pecuniarias (dinerarias) de la responsabilidad civil, también derivan en consecuencias penales.

Y en un tema tan delicado, quizá el más delicado de todos los temas, como lo es el derecho a la vida (art. 4 CN) y el subsecuente derecho a la salud (art. 68 CN), las mentiras causan grave perjuicios, justamente a la salud y a la vida.

Proferir y promover mentiras y engaños, en detrimento a las disposiciones constitucionales, atentan directamente contra las víctimas de tales engaños. Aquí hay que distinguir claramente los 3 elementos de la mentira: el que profiere la mentira (el mentiroso), la mentira en sí y el que es engañado por la mentira (el mentido).

No hace falta explicar más: se sabe muy bien quién es el mentiroso, cuál es la mentira y a quién se le está mintiendo. Pero por si no queda claro se expondrán unas cuantas mentiras respecto a la gestión del COVID-19 y las vacunas, por parte del Gobierno (el mentiroso) hacia los paraguayos (los mentidos).

Mentira I: COVAX fue una estafa. Ya lo decía Goebbels “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Goebbels fue el Ministro de Propaganda de Hitler en la Alemania Nazi. ¿Lindo ejemplo tomó el Gobierno, no les parece?

Y es que en la página web de COVAX (explicado en inglés) dice claramente: “Even though self-financing participants can request for enough doses to vaccinate between 10-50% of their population, no country will receive enough doses to vaccinate more than 20% of its population until all countries in the financing group have been offered this amount. The only exception is those countries who have opted to receive fewer than 20%” (en español resumido: ningún país recibirá más dosis necesarias que para vacunar al 20% de su población) (https://www.gavi.org/vaccineswork/covax-explained). El objetivo de COVAX nunca fue otro que el de propiciar la vacunación del 20% de la población de un Estado adherido. ¿Ya hicieron en la calculadora cuánto da el 20% de la población paraguaya al día de hoy?

¿Será que los funcionarios públicos del Gobierno no saben dar un simple clic en internet? ¿O no les conviene contar esta verdad, entonces lanzan la excusa de que COVAX es una estafa?

Esto no sólo podría gatillar la responsabilidad interna (penal, administrativa y civil) del Estado Paraguayo -de hecho, ya se presentó una denuncia penal-, sino que también podría disparar la responsabilidad internacional del Estado Paraguayo, pues altos funcionarios del Gobierno Oficial, médicos y hasta algunos medios de prensa han vociferado acusaciones (claramente infundadas) contra COVAX, que es una coalición conformada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de las Naciones Unidas.

Además de ser una calumnia agresiva contra organismos internacionales penada por ley (art. 150 del Código Penal), el Estado Paraguayo asumió conscientemente los riesgos del mecanismo COVAX, y aún así se durmió en los laureles (no firmó acuerdos bilaterales importantes ni tampoco gestionó de manera concreta con un Gigante como China, al que, por cierto, Paraguay no le reconoce diplomáticamente). Actuar ahora en contra de COVAX o vociferar argumentos agresivos, viola el Principio General del Derecho conocido como Estoppel (o teoría de los actos propios).

Mentira II: La falta de comunicación. La última gota que colmó al vaso fue que los pobres adultos mayores, que se trasladan miles de kilómetros hasta los centros de vacunación porque tenían fijada en su calendario de vacunación para el día 9 de junio la segunda dosis de la Sputnik V, había sido que viajaron todo ese periplo al santo cohete. Se cambió la fecha de vacunación. Y por supuesto, esto no se avisó a los adultos mayores. ¿Pero por qué ocurre esto? ¿Verdaderamente es una falta de comunicación o es en realidad una falta de vacunas subyacente?

Mientras tanto, los vacunatorios están sospechosamente vacíos.

Mentira III: La confidencialidad ganó a la transparencia. No se pueden visualizar datos serios sobre las vacunas, su precio de adquisición, incluso su disponibilidad, pues el Estado alega “confidencialidad”. Ya lo sostenía San Agustín: “Una verdad, aunque nadie la crea, sigue siendo la verdad. Una mentira, aunque todos la crean, sigue siendo una mentira”.

En la víspera hubo 140 muertos a causa del COVID-19. Quién sabe cuánto será esta noche. Y nosotros siguiendo con medias verdades (que en verdad son mentiras puras y duras). Es cierto, el Gobierno está batiendo con cada informe del Ministerio de Salud su propio récord. ¿Pero hasta cuándo?

A no olvidar: las mentiras tienen patas cortas

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