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Opinión

Ciencia y decisiones políticas en fricción, lo autóctono y lo exógeno

Alberto Yanosky.

Alberto Yanosky.

La ciencia paraguaya se ha venido desarrollando a expensas de iniciativas privadas de aquellas personas que dedican tiempo y recursos para dar respuestas a ciertos interrogantes para los que no tenemos evidencias que nos puedan orientar para aportar a esa brecha en el conocimiento. Muchas veces tenemos algunas repuestas que nos vienen del exterior, de condiciones sociales, ambientales y económicas que no son las nuestras; sin embargo, ayudan a cerrar esa brecha. La ciencia y la investigación hacen eso, aportar conocimientos bajos ciertos estándares ampliamente aceptados, que mientras otro conocimiento lo desmienta, eso es lo que creemos como sociedad.

Esta situación de pandemia por la cual estamos pasando y nos está costando salir, ha agravado esa situación y a muchos les ha abierto los ojos ya que ahora sí se siente la importancia de la evidencia científica y la información sólida, en particular para saber y conocer y tener respuestas que sirvan para la toma de decisiones y el diseño de políticas públicas. Sin embargo, la pandemia lo que está mostrando es la débil relación y las constantes fricciones que existen en nuestra sociedad no sólo entre ciencia y políticas públicas, sino también en creer que es conocimiento aquello que no ha pasado estos estándares internacionales.

El diálogo entre científicos investigadores y gobernantes o administradores de turno, salvo algunas excepciones, no funciona como nos gustaría que ocurriese. Y en este cúmulo de informaciones, surgen ya hasta con frases como “la evidencia científica lo afirma….” que son falsas y no tienen la validación que el mundo científico necesita para creer, recordemos que en las diferentes matrices disciplinarias tenemos procesos y productos bajo cientos estándares para poder hacer que un conocimiento pase a forma parte de nuestro conocimiento.

Invertir en ciencia e investigación y no darle el valor al conocimiento es una pérdida de tiempo, recursos y oportunidades. No invertir en ciencia es sumirse en extrema pobreza y dependencia de fuentes y decisiones externas. No tener nuestros propios investigadores, es como no tener nuestros policías o guardias, nadie estaría velando por el fiel cumplimiento a ciertos acuerdos que hemos hecho para vivir en sociedad. Los investigadores están ligados a lo que las instituciones y la institucionalidad decida qué es investigable.

Si no existen ni facilitan recursos para investigar ciertos temas, porque realmente nos hacen mal, afectan nuestra economía o no nos permiten maximizar el uso de los recursos ahora, muchos investigadores buscarán otras formas de hacerlo, hasta invirtiendo con fondos de sus propios bolsillos (por ello, muchos investigadores vienen de condiciones acomodadas y sin mucho esfuerzo económico) para poder dar a conocer lo que otros no creen conveniente que se investigue. En la ciencia hay un producto que es el conocimiento, hay un modo que es la metodología y las condiciones, que son las que deciden lo que es conocimiento y lo que no.

Sin embargo, un país puede decidir que tal o cual tema no es conocimiento, lo que no puede frenar es que el hallazgo pueda ser publicado y socializado bajo los estándares internacionales y sí pase a formar parte del conocimiento mundial, como acervo del conocimiento; aún si en nuestros países no se acepta como conocimiento. Y en base a estos procesos existen personas e instituciones que validan (o invalidan a las personas y los hallazgos).

Y obviamente que quienes hacen ciencia en el país, “habilitados” por el gobierno, deberán priorizar los temas que son fundamentales para un país en vías de desarrollo que basa su economía en los recursos naturales y que es multicultural, con pueblos originarios y con varias comunidades y colectividades extranjeras que agregaron diversidad a esta Nación. Estos investigadores reconocidos o no deben proveer conocimiento que tenga una implicancia para dicha economía cuando somos conscientes de que los grandes hallazgos de la ciencia fueron fortuitos y no buscados.

Nuestros investigadores deberían tener temas prioritarios, pero también necesitamos investigadores que hagan ciencia por el conocimiento en sí, lo que apunta a hallazgos con sabor nacional, que surgen en forma estocástica. Seguramente, si Fleming no hubiese sido un poco olvidadizo y desordenado, hoy no tendríamos la penicilina, y para ser más autóctono, Bertoni, no estaba buscando un edulcorante natural, “sólo trató” de validar conocimiento tradicional.

Necesitamos estos dos perfiles extremos, y debemos dejarlos trabajar y poner en juego sus neuronas y las complejas formas de pensar y razones para avanzar en el conocimiento. Esta generación de información debe ser socializada y debe llegar a quienes toman decisiones en nombre de todos y en particular aquellos que crean leyes.

Las leyes necesitan tener sabor a nosotros, y si fueron creadas copiando modelos extranjeros, deberíamos evitar su perpetuación para hacerlos ajustes que nos señale la experiencia para “naturalizar” aquello foráneo con el conocimiento nacional y doméstico.

Y no debemos preocuparnos mucho por invertir en ciencia con miras a productos particulares, ya que los diferentes sectores ya tienen sus inversiones en investigación para mejorar e innovar, la investigación nacional debe enfocarse en las prioridades nacionales que sean de beneficio colectivo, que no estén cubiertas por el sector privado y especializado, y basadas en la heterogeneidad que caracteriza al país.

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