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Opinión

No bastó la ayuda oficial para tumbar al candidato del expresidente

Martín Ramírez Machuca.

Martín Ramírez Machuca.

El domingo pasado experimentamos unas elecciones modo Covid-19, con todo el “protocolo” exigido para evitar el contagio masivo. Fue un día abúlico, sin muchas sorpresas ni tanta parafernalia de denuncias de delitos electorales, excepto que por las redes se viralizaron unos videos de unas grescas entre simpatizantes del mismo color o de varios, incluso.

Lo interesante es que el candidato del oficialismo, Daniel Centurión, fue derrotado por el ya bautizado y muy promocionado candidato por el movimiento Honor Colorado, Óscar “Nenecho” Rodríguez. Solo dos figuras fueron las visibilizadas durante toda la campaña electoral, los otros fueron radiados por este dúo que representa quizás a las fuerzas actuales de la ANR, dos movimientos internos de esa nucleación partidaria que hace y deshace la política actual del país.

Por otro lado, los candidatos que tenían propuestas creíbles y realistas, fueron “ninguneados” por los medios que lideraban los programas de debates, no tuvieron mucho destaque y, por ende, no prendieron.

Con esto se pone en tela de juicio la legitimidad moral de estas elecciones, se asume que los ciudadanos de la capital tienen un nivel de instrucción bastante alto como para discernir lo que está mal y lo que está bien, pero por desgracia, se constata que en estas elecciones, aparentemente se puede inferir que una alta instrucción no avala que se vote al candidato con propuestas, con perfil técnico, con amplia trayectoria en planificación urbana, sino que se vuelca nuevamente al “Kachiäireato”, este dúo dinámico que representa a la vieja política desvencijada y prebendaria.

Con el fin de entender un poco más esta jornada electoral, salí a recorrer algunos barrios de la ciudad para tomar la temperatura del día: poca participación, gente “arreada” como siempre, pequeños conatos de violencia, como se ha viralizado en las redes y otras perlas que caracterizan a esa vieja práctica de una República oxidada.

No bastaron las publicaciones en los medios del supuesto manejo poco prolijo de las finanzas de la Municipalidad por el actual Intendente, tampoco el abierto apoyo oficial que tuvo el candidato del titular del gobierno.

Lo que sí me tocó como ciudadano de bien, fue ver la cansina y gastada caravana de gente humilde que fue a votar, gente empobrecida, justamente como resultado del vencido engranaje electoral de esta vieja República.

Definitivamente, en estas elecciones, el segmento pensante, racional e inteligente estuvo ausente. Es inconcebible que se vote a personas que a priorí se sabe que no cumplirán sus promesas, claro en caso de ganar las generales, y otra vez al mismo bucle de siempre. Puedo estar equivocado, pero tengo serias dudas de que los ciudadanos de Asunción puedan disfrutar de su ciudad en los próximos años que se avecinan.

El fenómeno actual en política es la fuerza y la hegemonía que tiene el movimiento Honor Colorado, nunca antes visto que un expresidente tuviera tanto poder después de dejar la presidencia, pues en estas elecciones, se ha evidenciado, ratificado y legitimado el poder absoluto que ostenta el exmandatario, Horacio Cartes. Esta fuerza apagó completamente al movimiento oficial Añetete que, por cierto, nunca tuvo la energía suficiente para fortalecerse y empoderarse en el gobierno.

Otro fenómeno que se ha visto en esta ronda de elecciones fueron los votantes en blanco, mucha gente descontenta con los candidatos que pugnaron, es una llamada de atención y una buena temperatura para luego analizar con raciocinio que esta dinámica tradicional de elecciones ya no da más, aunque se haya liberado la lista, aún hay mucha tela que cortar en este nuevo sistema de votación, por el camino se irán perfeccionando hasta lograr una verdadera lista abierta y democrática.

Esperemos que en las elecciones generales se pueda ver al ciudadano racional, al cansado y hastiado de las promesas incumplidas, que pueda depositar su voto con la convicción de que sea útil y pueda reorientar esta gastada dinámica de hacer política con cartuchos vencidos.

Estoy totalmente convencido que a este bendito país le falta un gran reseteo de toda su estructura. Por nuestros niños y jóvenes, hagamos bien las cosas en las próximas elecciones.

 

(*)Doctor en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica.
Universidad de Kiel, Alemania.

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