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Opinión

Lo ancestral y tradicional es clave para conservar la naturaleza

Alberto Yanosky.

Alberto Yanosky.

Algunas corrientes de pensamiento consideran a lo natural parte de lo cultural y viceversa; lo cierto es que la cultura tiene un fuerte lazo con la naturaleza, lo que se hace evidente en Paraguay. También es cierto que la naturaleza tiene su fiel referente en la cultura de los pueblos. Entonces creo que estoy convencido de la difícil disociación entre lo natural y lo cultural; quizás más orientado a pensar que lo natural influye en las culturas, haciendo que la naturaleza, los ecosistemas, la fauna y la flora en las que se desarrollan los pueblos tienen una gran influencia en la cultura y la tradición. Los mitos, las leyendas, el mismo idioma son expresiones de la cultura en las que se pueden delinear influencias de la naturaleza.

Paraguay en su Tercera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático(TCN) y Primer Informe Bienal de Actualización (IBA) expresa en su Plan de Adaptación al Cambio Climático que debemos recuperar las prácticas productivas ancestrales, que se deben considerar los conocimientos ancestrales y tradicionales, y las condiciones tradicionales y culturales en edificaciones y viviendas, que para promover la investigación en biodiversidad y su relación, se debe entre otros aspectos, sistematizar la relación a los saberes ancestrales y populares.

La actualización de las Contribuciones Nacionales Determinadas actualizadas al 2021 incorpora también a los conocimientos tradicionales como claves para mantener la diversidad genética de la biodiversidad, y la promoción de los sistemas productivos y conservación de los ecosistemas considerando el conocimiento tradicional y las innovaciones de los pueblos Indígenas y comunidades locales. Esto se relaciona estrechamente con uno de los indicadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que busca prestar atención a las razas y variedad locales en riesgo.

El Plan Indígena de Acción Climática y Reducción de Riesgos de Desastres incorpora estos mandatos. Y estos son algunos de los compromisos nacionales en los cuales se pone en relevancia el saber y el saber hacer de los pueblos indígenas, con su acervo de conocimiento ligado a las ecoregiones y ecosistemas en los cuales se han desarrollado sus vidas comunitarias, con un fuerte legado oral que se trasmite con el intercambio a través de la palabra, a través de los gestos, a través de la experiencia en la misma naturaleza.

Esa relación de estos Pueblos con la naturaleza nos ha legado también importantes conocimientos como los nombres de los lugares, referencia que existe para validar un conocimiento en sociedad, y estos nombres tienen casi siempre una estrecha relación con la naturaleza, y algunos han podido sobrevivir como Canidenyú, Yby Yaú, Pindoty, Ypehû, y muchos otros que aún siguen diciéndonos algo (nos pasan un mensaje que describe algo natural) o nombres de sitios que por deformación han perdurado (Puerto Guaraní y en donde Guaraní no tiene que ver con lo que conocemos como tal sino a “desobediencia” en  lengua Yshyro Ybytoso, a juzgar por palabras del Cacique Bruno Barra).

Y el artículo 12 de Ley Nacional de Lenguas, es muy clara en este sentido, y con respecto específicamente a las toponimias, ya que manda a conservar en idioma guaraní y en otras lenguas indígenas los nombres de las poblaciones, ríos, cerros y otros accidentes geográficos, además de resaltar que se recuperarán los topónimos tradicionales que perduren en la memoria colectiva, escritos en el alfabeto propio de la lengua pertinente.

Este marco además de la historia de civilización tomando conocimientos tradicionales para hacerlos societarios a través de un proceso de validación, nos obliga a rápidamente estrechar vínculos con los poseedores de estos conocimientos para, por un lado, ayudar a perpetuarlos, por otro lado, para que sirvan a la ciencia moderna para aprender de quienes los han venido aplicando por prueba y error, después de todo creemos en lo que creemos hasta que alguien nuevo conocimiento lo invalida.

Es hora de que el conocimiento tradicional y ancestral comience a jugar un rol más preponderante en las decisiones políticas de desarrollo en una nación pluricultural, ya que no solo quienes han habitado este territorio por miles de años, pero también quienes han llegado de otras latitudes y se han adaptado a vivir en estas condiciones naturales, y han sobrevivido en el intento. Es hora de honrar los acuerdos y construir las políticas acordes a las condiciones naturales y culturales del Paraguay. Lo natural-cultural propio tiene más chances de no sucumbir ante los cambios y embates que estamos sufriendo, es más resiliente y menos vulnerable.

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