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Opinión

Quemas e incendios, tarea pendiente, desidia y gran ignorancia

Alberto Yanosky

Alberto Yanosky

Como en muchos otros sectores, Paraguay cuenta con un rico marco legal, que dista mucho de ser efectivamente implementado, quienes crean leyes muchas veces o bien no tienen toda la información para crear el marco legal con bases técnicas, o a veces tampoco analizan todas las implicancias, la sustentabilidad de dicha decisión y la forma en la que deberá ser implementado. Existen dos procesos bastante comunes a nuestros modos de vida, que son las quemas o los incendios. Parece que apreciar el fuego nos causa una sensación interna de satisfacción que lleva a algunos extremos enfermizos con los piromaníacos, y quizás tenga las bases en la fascinación por la pirotecnia, por lo que probablemente haya algo en nuestro acervo genético relacionado con el fuego y nuestra evolución como seres humanos.

Lo cierto es que las evidencias científicas nos habla de una relación de los homínidos con el fuego que va más allá de los 1,7 millones de años y que mucho más recientemente, desde hace unos 400 mil años, hemos estrechado nuestro vínculo con el fuego, al utilizarlo para cocinar los alimentos generando ventajas energéticas (más rápida digestión) y sanitarias (menos parásitos) y luego para trabajar las piedras y hacer utensilios. En algún momento, descubrimos que sirven para ahuyentar animales y así poder o bien cazarlos o juntarlos del ambiente una vez afectados por los incendios. El aumento del tamaño de nuestro cerebro estaría relacionado con la ingesta de alimentos con mayor energía, y la diversificación de la dieta, antes del fuego la celulosa cruda y el almidón de las plantas no formaban parte de nuestras dietas.

Lo cierto es que el fuego, una vez descubierto, permitió una mejora radical en nuestros modos de vida, nos permitió evolucionar, y “domesticar” al fuego. Más posteriormente, el fuego comenzó a utilizarse para la limpieza de campos y hacer que sus herbáceas y gramíneas broten como así también preparar una parte del bosque para hacer cultivos (a través de la roza y quema). Este último hábito muy común a nuestros pueblos indígenas. Nuestra relación con el fuego se ha, de alguna manera, salido de control, es común ver a la gente quemar basura en las calles, es común la quema de campos para mejorar las pasturas, o bien “limpiar” un área habilitada (desmontada) para producción ganadera o agrícola, también es común para incentivar el escape de animales para poder cazarlos.

Si bien algunas evidencias indican que no todos los incendios son causados por el hombre, es decir de origen antrópico, lo más común hoy es que así sea, los seres humanos encendemos intencionalmente o no para quemar, o descuidadamente los iniciamos con una colilla de cigarrillo o una brasa no apagada. Algunos ambientes y ecorregiones tienen evidencias de una relación con el fuego, como por ejemplo varias plantas que son pirófitas o pirófilas, inclusive alguna parte de su ciclo necesita del fuego, y hay algunas evidencias que hablan del fuego en dos de las ecorregiones que tenemos en el Paraguay, el Chaco Húmedo y el Cerrado. Algunos árboles con cortezas corchosas muy gruesas son también evidencias de una relación con el fuego.

Es importante diferenciar lo natural que ocurre en ciclos específicos y evolución que ha llevado miles y quizás millones de años, con lo antropogénico, que normalmente está orientado a acciones específicas limitadas en tiempo y en forma (para forrajes más palatables para el ganado “ahora”, para que salgan los animales para cazarlos “ahora”, entre otros). El fuego y su manejo ha sido tratado técnicamente en muchos sectores y si bien ayuda a mejorar los campos, también es cierto que mal maneja calcina el suelo y todo lo que este tenga, así que el fuego podría causar erosión y pérdida de fertilidad, muchos nutrientes se volatilizan y tiene conocidas e imaginables efectos para la flora y la fauna, en particular muchas de las especies que no pueden escapar.

De hecho, algunas aves rapaces han aprendido que cuando que hay fuego hay mayores oportunidades de encontrar alimentos, por ellos las vemos atentas sobre lugares elevados o sobrevolando los incendios. La quema afecta la capa de ozono y contribuye al efecto invernadero y los consecuentes cambios climáticos. El humo es otro problema adicional que afecta las vías respiratorias e incide en alergias, causando causa incrementos en la atención a la salud, además de ser un causante de accidentes y afectación de infraestructuras y servicios (por ejemplo, los aeroportuarios). Seguramente hemos sufrido la acumulación de cenizas y hollín en nuestras casas, ¿nos hemos puesto a imaginar eso en partículas menores en nuestros pulmones?

Y volviendo al inicio de mi escrito, la Ley 4014 promulgada hace poco más de 11 años, en junio del año 2010 “de Prevención y control de incendios”, que prohíbe la quema no controlada de pastizales, bosques, matorrales, barbechos, campos naturales, aserrín o cualquier otro cereal, de leguminosas o tipo de material orgánico inflamable que pudiera generar cualquiera de los incendios, entre muchos otros lineamientos y condicionantes; y, además, la Ley 3956 del 2009 para la Gestión Integral de los Residuos Sólidos, que también prohíbe la quema o incineración y la disposición de residuos sólidos a cielo abierto, en cursos de agua, lagos o lagunas o en los lugares de disposición final que no sean rellenos sanitarios.

Dos marcos legales con más de una década de aplicación que parecen ser letra muerta. Aún sabiendo los efectos nocivos de los incendios y las quemas, sabiendo el impacto que tiene en la salud y las infraestructuras, cómo afecta a los recursos naturales, la autoridad ambiental debería actuar más enérgicamente, deberíamos tener más imputados y castigados como establece el moderno y oportuno marco legal, y los municipios que tienen un rol preponderante ya que son ellos como autoridades locales, quienes “en coordinación ineludible con la Red Paraguaya de Prevención, Monitoreo y Control de Incendios, deben expedir autorizaciones de Quema Prescripta, habilitantes para efectuar los encendidos.

Estamos ya en época de incendios, temporada de sequías y escasas lluvias, en pleno invierno y sabemos que esta época es la que históricamente se caracteriza por los incendios, entonces frente a la poca actuación de autoridades sólo me queda pedirles apoyo a todos estos voluntarios que se juegan sus vidas combatiendo los incendios, entonces sea en las brigadas de bomberos locales o regionales, apoyémoslos, son ellos los mejores preparados para paliar este flagelo hasta que sean un poco menos ignorantes y estemos un poco más conscientes, y las autoridades ejerzan el control de lo que ley les manda.

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