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Opinión

¿Qué Paraguay queremos?

Martín Ramírez Machuca.

Martín Ramírez Machuca.

Después de pasar un tiempo sabático en Paraguay y, además de involucrarme en proyectos para impulsar el mejoramiento de la educación y apoyar a nuevas figuras políticas honestas que tienen la vocación de servir a la patria. Ahora, un poco alejado geográficamente, puedo ver al país como una película vista varias veces y con un final esperado.

La repetición de vicios negativos como la corrupción que se coló como un cáncer en las venas del país, el vai vai, el desorden, la suciedad reinante en varios municipios, un sistema de transporte colapsado, el caótico sistema de vacunación con vacunas donadas por países “amigos”, que, a la larga, pedirán una retribución por tan “noble” gesto.

Podría citar más y creo que me quedaría corto. ¿Qué Paraguay queremos? ¿Un Paraguay mendicante y arrodillado a las potencias globalistas? El gobierno actual, por lo que personalmente me cupo observar en mi estadía, está más desorientado que el embajador de Cuba ofreciendo sus vacunas soberanas.

Desde la incubación de este gobierno hasta hoy día, no ha hecho absolutamente nada sustancial para que los paraguayos puedan avanzar hacia una mejor calidad de vida, o por lo menos, planear tenerla una en un corto tiempo.

Muchos culpan al partido del gobierno, que prácticamente está en el poder unos 70 años, otros culpan a la oposición que no intenta contradecir las torcidas decisiones del ejecutivo, también hay un buen grupo que le culpa a la famosa izquierda paraguaya, en síntesis, todos culpan a todos del descalabro en el cual está sumido el país.

¿Qué opción política tiene Paraguay para salirse del atolladero? Los partidos tradicionales están corrompidos hasta la médula, los líderes actuales de ambas nucleaciones partidarias no tienen el apoyo popular del pueblo, sino solo de sus anillos aduladores quienes viven adulándolos para enriquecerse a sus costillas.

La oposición no existe como para que se convierta en un factor determinante aglutinador para derrocar al hegemónico Partido Colorado. Quizás si se reuniesen los partiditos y crearan una gran coalición pudieran visibilizarse. Pero el problema no está ahí, claro, desde mi óptica, sino en los partidos mismos, no hay renovación de líderes, siguen los mismos con los mismos vicios y salpicados por corrupción sin límite.

En las internas municipales tuve la oportunidad de estar muy cerca de los vaivenes de la política partidaria. Nuevos rostros, técnicos, profesionales, emprendedores que buscan y desean un país mejor, fueron “ninguneados” por la masa electoral que aun sigue el color del dinero. Los medios importantes de prensa solo estaban para los visibles con poder económico.

Entonces, ¿qué tipo de Paraguay el pueblo quiere?, ¿un continuum de la corrupción, del atraso, de la ignorancia, de los políticos que subastan al país, un congreso que hace años ha dado la espalda al pueblo?

Mi esperanza se centra en la generación joven, ese recién adulto de 18 años para arriba que tiene derecho a vivir una mejor vida en un país mejor. Tabula rasa y arranquemos con la población joven para ir renovando las figuras en los partidos tradicionales del país.

Eduquemos y capacitemos a estos jóvenes para que el día de mañana, nosotros adultos, podamos ver un Paraguay sano y patriota, porque aún no tenemos las agallas para sacar de sus curules a estos políticos que fungen de patriotas, a costillas de la miseria del pueblo.

Espero, en un corto tiempo, poder ver al Paraguay levantando vuelo y disfrutar de una plena democracia y, por supuesto, que los corruptos vayan a la cárcel por antipatriotas y vendepatrias.

Doctor en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica.
Universidad de Kiel, Alemania.

 

 

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