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Opinión

La verdadera plandemia

Pensar que toda esta pandemia sea parte de una “plandemia” es considerado el summum de la teoría conspirativa. Pero de que un grupo de seres humanos planee exterminar a una gran masa ya no es novedad, al menos ya no después de la Segunda Guerra Mundial. Entre China comunista y la Unión Soviética han exterminado a más de 120 millones de seres humanos, y los nazis se han cargado a 6 millones de judíos.

En realidad no sabemos a ciencia cierta si este virus fue creado en un laboratorio o si inocuamente se escapó de un laboratorio en Wuhan, pero lo que sí sabemos a ciencia cierta es que el gobierno totalitario chino actuó de forma negligente y malintencionada al inicio de la pandemia, no solo ocultando la realidad por varias semanas, sino también actuando en forma maliciosa al cerrar todos los vuelos internos en China, pero no así los vuelos internacionales (que ni siquiera recibieron una advertencia).

Hay mucho que pensar en todo este caso que envuelve al covid-19. China, de salir perdiendo por primera vez en su balance anual en 2019, terminó recuperando y volvió a levantar su economía. Por otro lado, esta pandemia logró que se cambiara de presidente en el país más poderoso del mundo. Los billonarios, que juegan a apostar a movimientos políticos socialistas terminaron triplicando su fortuna (de 70 billones algunos pasaron a superar los 220 billones, según el Sen. Sanders), y hasta la fecha no se ha cumplido aquello de que los ricos pagarán más impuestos.

Más allá de las teorías conspirativas y “conspiranoicas” lo cierto es que puede verse otra plandemia en la que no solo los más ricos se están volviendo más ricos, sino que también podemos ver cómo los políticos se están apoderando de atribuciones que nunca antes podrían haberlas tenido. Vale decir, sin temor a equivocarnos, que tanto los políticos como los más ricos son quienes se han beneficiado de esta pandemia y que, curiosamente, aunque muchos han ido a la quiebra, tanto políticos como los multimillonarios parecen haber encontrado un campo muy fértil para prosperar.

Como nunca, después de las tiranías de la Segunda Guerra Mundial, nuestros derechos de ciudadanos se ven afectados por inescrupulosos que toman ventajas del temor que se vierte desde la prensa mercenaria noche y día. La Constitución Nacional (CN) de varios países ha quedado como letra muerta. Pareciera que la CN es sólo válida si no se tiene una pandemia, pero las constituciones tienen su base histórica justamente en la Carta Magna de 1215 en Inglaterra, donde se “limitaba el poder político y se ofrecía garantías absolutas”.

Por mucho que cueste entender, hay cosas más importantes que la vida. El cristianismo mismo se basa en esa idea. Los patriotas fácilmente entienden esa idea y no dudan en dar sus vidas por la Patria. El Republicanismo abraza esos ideales, al igual que el Liberalismo abraza el ideal de la libertad del individuo. Sin embargo, los colectivistas alegan, como lo han hecho siempre comunistas y socialistas, que es el colectivo el que verdaderamente importa.

Personalmente, debo confesar, terminé “aplazado” en un experimento social del que participé juntamente con otros 300 profesores universitarios en EEUU. La idea era la de replicar un experimento ya bien conocido que se suele hacer de varias formas. La nuestra era la de exponernos en un control donde podíamos decidir si “matábamos” a una persona inocente o a 15 personas. De los 300 solo 5 “nos aplazamos” y decidimos “no salvar” a los 15. Cuatro de ellos alegaron un conflicto religioso, de tomar una competencia que solo le confiere a Dios.

Yo, por mi parte, alegué un conflicto filosófico. Les presenté otro caso: Supongamos que siendo sano voy al hospital para un chequeo, pero que ahí justamente se dan cuenta de que soy sano y una persona necesita un corazón, otros dos riñones, pulmones, etc., y que si me “sacrifican” pueden salvar a 10 personas… ¿Por qué en un caso está bien y en el otro no? ¿Acaso el beneficio de los más no está por encima del individuo? Y esta es la razón por la cual una computadora o un robot no pueden juzgar temas morales, porque cada caso debe ser evaluado humanamente de acuerdo a las circunstancias.

Hoy día se presentan otros dilemas. Reaparece la cuestión del apartheid pero en forma ya no racial, sino sanitaria. Nakayama considera a los que no quieren ser vacunados como antipatriotas y criminales y, por otra parte, Hugo Ramírez propone la segregación de los no-vacunados. Así es como en una charla en el Space de Twitter escuché al Dr. Víctor Pavón, un verdadero teórico liberal, condenar a estas posturas como “neonazis”, en una interesantísima exposición del liberalismo que realmente espero lo publique en su columna de ABC.

No creo que Ramírez comprenda bien el pensamiento republicano, y quizás nadie lo tome como referente, pero Nakayama un tiempo atrás se autoproclamaba gonfalonero del liberalismo y se proponía a sí mismo devolver al PLRA al verdadero liberalismo, solo para al final terminar abrazado no solo con Efraín Alegre, sino también con izquierdistas y personas que son abiertamente neonazis.

Nakayama tuvo su momento en la radio para retractarse y decir que se equivocó, pero no lo hizo, bien sea por no tener la altura o por realmente creer en lo que dijo.

El último templo del liberalismo, su máximo santuario después del pensamiento es el cuerpo. ¿De qué sirve la propiedad privada y las riquezas si no podemos disponer de lo más esencial que es nuestro cuerpo? Y en este caso, entiéndase bien, no hablamos de disponer el uso de un cinturón de seguridad, sino de una vacuna, y hay que recordar que un vacunado ya no puede “desvacunarse”. Por eso yo respeto a quienes deciden no hacerlo y defiendo sus derechos a no ser obligados ni segregados.

Para el republicano el Estado es servidor del hombre libre.

El Estado tiene la obligación de proveer salud, pero eso no le da el derecho a obligar a nadie. Además, nadie está obligado a renunciar a su derecho a salud. Tampoco se puede prohibir a nadie cuidarse. En este caso, cada uno es responsable de sí mismo, especialmente hoy día cuando tanto vacunados como no vacunados pueden contagiar.

Cada quién tiene el derecho a elegir sobre su cuerpo sin estar obligado ni requerido a expresar sus razones. La libertad religiosa o la libertad de creencias es base de la libertad política en el mundo moderno. Cuando los gobiernos ignoran la libertad de creencia de sus ciudadanos, surgen las tiranías.

Es aquí donde debemos tener cuidado. Así como la apostasía se da en el seno mismo de la iglesia, así también veremos a varios disfrazados de liberales o republicanos.

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” (Mateo 7: 15-16)

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