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Opinión

El segundo anuncio de la pasión y la figura del “más grande” en el Reino de Dios

“Salieron de allí y fueron caminando por Galilea. Él no quería que se supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; lo matarán, mas a los tres días de haber muerto resucitará”. Pero ellos, que no entendían sus palabras, tenían miedo de preguntarle. Llegaron a Cafarnaúm y, una vez en casa, les preguntó: “De qué discutíais por el camino?”. Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quien era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si uno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: “El que acoja a un niño como éste en mi nombre, a mí me acoge; y el que me acoja a mí, no me acoge a mí, sino a Aquel que me ha enviado”.

[Evangelio según san Marcos (Mc 9,30-37); 25º Domingo del Tiempo Ordinario]

La perícopa de Mc 9,30-32 es el segundo anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Los personajes son Jesús y los discípulos. Jesús expresa, por segunda vez, cuál será su destino. Deberá sufrir mucho, morir y resucitar al tercer día. Los discípulos no entienden la misión de Jesús.

El anuncio de la pasión se realiza de un modo diferente al de los otros dos evangelistas porque se plantea en forma de enseñanza y con la nota característica del “secreto”; es un preanuncio de lo que les espera a los discípulos (cf. Mc 13,9). Jesús informa sobre su futuro padecimiento (Mc 9,31). Realiza en secreto el viaje por Galilea; les iba instruyendo a sus discípulos sobre la “vía dolorosa” que debía atravesar, el sufrimiento que deberá experimentar (Mc 9,31).

Este anuncio lo encontramos también en Mc 8,31 y 10,33-34. Estas menciones acerca de lo que debía sucederles se trata de una enseñanza a sus discípulos; en Mc 10,32 el texto relata que “toma a los doce”. Esta acción es un indicativo que los anuncios van dirigidos exclusivamente a sus discípulos. Se trata de una “enseñanza” (de una “lección”, podríamos decir) que manifiesta el camino que va a recorrer Jesús y, de igual manera, sus discípulos que también tendrán que pasar por el trayecto de la cruz.

La reacción de los discípulos a este segundo anuncio es expresión de que se mantiene la falta de inteligencia. Ellos no entienden las palabras de Jesús, hay una “incomprensión” de parte de ellos; y, además, tenían miedo de preguntarle (Mc 9,32). Esta incomprensión se debe a que ellos entendían el mesianismo de Jesús como un triunfo de Israel sobre todos los pueblos y no como Jesús lo presenta; como un camino de sufrimientos y muerte. La indicación, formulada sucintamente, de que temen preguntarle más detalles, pretende caracterizar su temor al sufrimiento. A pesar de que parece moverles un temor sagrado (cf. Mc 4,41), ellos preferirían no haber escuchado la palabra.

Brevemente: Jesús subraya que es un Mesías sufriente, no un Mesías triunfalista. Se trata de una enseñanza, pues Jesús les presenta a sus discípulos el anuncio como algo pedagógico que deben asimilar porque es el camino que van a recorrer.

En el texto que sigue, Jesús instruye a sus discípulos en forma de una crítica a la pretensión de poder que manifiestan (Mc 9,33-37). La presentación de los niños tiene la finalidad de concretar su enseñanza como ejemplo comparativo. El texto abordado se desarrolla al llegar a Cafarnaúm; Jesús empieza a dialogar con ellos preguntando el motivo de la discusión (Mc 9,33). El texto menciona que los discípulos no respondieron a la pregunta de Jesús; el relator informa que estaban discutiendo de quién sería el “mayor” entre ellos (Mc 9,34); no se observa de que “grandeza” se trata en la discusión, pero hace suponer que se trata de ocupar algún cargo importante en el reinado de Jesús; los discípulos consideraban el mesianismo con connotaciones de triunfalismo y con orientación política.

Jesús se sentó y llamo a los discípulos (Mc 9,35). Esta actitud de Jesús es una posición que adopta para enseñar (“sentarse”, cf. Mc 4,1). Jesús expresa una idea totalmente diferente que no entra en la mentalidad de los discípulos: “si uno quiere ser el primero, que se haga el último” (Mc 9,35); es algo ilógico para la mentalidad de los discípulos. Ellos esperaban un Mesías glorioso, triunfal, que ejercería su dominio por encima de todos los pueblos, según la promesa de Dios a David (cf. 2Sam 7,8-16). Jesús enseña que la verdadera grandeza se debe reflejar en el servicio a los demás (Mc 10,43).

Jesús toma a un niño y lo acoge en sus brazos (Mc 9,36); acto seguido, les enseña a sus discípulos que ellos deben acoger a los niños en su nombre (v. 37). Con esta acción, Jesús quiere indicar que el Reino de Dios debe extenderse a todos y por sobre todo a los más débiles de la sociedad, representada en la figura de los niños. Los niños representan la nobleza, la mansedumbre, la inocencia, y se les compara con el reino de Dios (Mc 10,14). Jesús exhorta a sus discípulos que se guarden de escandalizar a los más pequeños (Mc 9,43).

En consecuencia, se requiere de los discípulos —de todos los tiempos— una actitud de transparencia, de lealtad, de magnanimidad, de rectitud, de docilidad al proyecto de Dios, de simplicidad. Estas notas deben caracterizar a todo seguidor del Mesías sufriente.

 

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