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Opinión

Jasuka Venda: Propiedad sagrada

En estos días recibí de regalo un libro precioso, que caló muy hondo en mi compromiso con los derechos de los pueblos indígenas. La lectura de La cima sagrada de Jasuka Venda me condujo con su frescura y su impecable redacción a una serena reflexión que hoy comparto con ustedes.

El pueblo Pai Tavytera tiene su territorio ancestral localizado en el nordeste del Paraguay, en los departamentos de Amambay y Concepción, y este se extiende más allá de las fronteras, abarcando una zona del Brasil. Son miles de hectáreas de selva subtropical, montañosa, regada por arroyos y campos naturales. Hace apenas unos años solo se podía transitar por esas tierras abriendo senderos, con cortes de las ramas de los frondosos árboles, y escuchando el canto de los pájaros o el rugido de los yaguaretés que circulaban libremente en sus espesos bosques. Hasta que llegaron los invasores, los mismos de siempre.

Cuando llegaron los invasores, los nuevos invasores de este tiempo, los que siempre buscan solamente el lucro, los que no saben comprender en su tremenda ignorancia la sabiduría de otras culturas, comenzó la agonía de los Pai Tavytera y “mientras, la espiritualidad, la veneración y los cantos sagrados honraban y protegían con sus danzas y oraciones el lugar donde se originó la creación del mundo – jasuka venda, el panteón religioso también conocido como Cerro Guasú- los otros, aquellos que hablan de aullidos, tenían planes de convertir esos majestuosos bosques del Amambay -el panteón religioso- en una productiva estancia ganadera”, según dice Oleg Vyzokolan. Y, a medida que avanzaban, se agudizó la angustia de los Pai Tavytera ante el temor a la pérdida de su lugar sagrado, el centro de sus ceremonias y prácticas rituales.

Sorprendidos con la indiferencia de los vecinos, buscaban conforme a su modo de vivir, en el imaginario de su cosmovisión, la relación amigable con ellos, quienes sin contemplación ya habían obtenido título de propiedad privada sobre las tierras, de donde extraerían los recursos naturales que ellas contienen. Así de crueles, avanzaron más y más, y siempre querían más, reduciendo cada vez más el espacio sagrado. El centro religioso ya quedaba rodeado de implacables vecinos. Obviamente, llegaron a conflictos jurídicos. Esos conflictos llenos de enredos, donde los metros cuadrados se miden con lágrimas. El papel, el necesario kuatia, el que se confronta permanentemente con el derecho ancestral de los pueblos indígenas, es lo único que maneja tan bien la sociedad externa, porque es de su dominio.

Luego de años de angustia, el lugar sagrado, Jasuka Venda, la morada del Gran Espíritu, les fue entregado con título de propiedad colectiva, por la ley de expropiación Nº 209 de 1993. Se devolvía la tierra a sus verdaderos dueños, procediendo así a la legitimación de un derecho pre-existente por siglos de posesión, y por ser esta una pequeña parte del gran territorio ancestral que atraviesa la frontera marcada por los estados. Los dueños de Jasuka Venda son todos los Pai Tavytera del Paraguay y los Pai Kaibá del Brasil.

Hace muchos años, recién terminada mi carrera de derecho, con mi flamante diploma había elegido ejercer mi oficio caminando por esos senderos de las tierras de los Pai Tavytera, un pueblo guaraní con profundas creencias religiosas y una práctica permanente del buen vivir, el teko pora, el teko marangatu, ese principio humano de la práctica del bien y la ausencia del teko asy, el vivir mal, que es comportarse impropiamente con los demás.

El concepto de felicidad para este pueblo radica fundamentalmente en la tranquilidad, sin embargo, ¿podemos pensar que la posesión del título les ha proporcionado esta tranquilidad? No, ya que hasta hoy persisten amenazas, artimañas judiciales y toda clase de persecuciones de intereses económicos con las consabidas tácticas de amedrentamiento que alteran la espiritualidad de este pueblo pacífico, con indudable derecho sobre todas sus tierras, que con generosidad nos dice: “Esta es la función del Jasuka Venda, todo cuanto aquí se realiza tiene fuerza, autoridad, y rige para todos los Pai, varones y mujeres de nuestro Pueblo, y también alcanzará en algo, favorecerá también la buena vida, virtuosidad de los no indígenas”, en palabras de Juan Tadeo López, líder Pai Tavytera.

Y tiene razón, ellos no deforestan sus bosques, no destruyen la tierra, ellos preservan los recursos naturales, mantienen el ecosistema terrestre, son guardianes del planeta. Hacen lo que nosotros decimos pero no hacemos. ¿Será que podemos aprender?

[Mi agradecimiento a Graciela Ocáriz y Grupo Sunú Acción Cultural]

* Jurista, especializada en Derechos humanos por la Universidad de Estrasburgo, Francia.

 

 

 

 

1 Comment

1 Comentario

  1. Angelina

    19 de septiembre de 2021 at 17:03

    Muy linda la historia que cuenta Chichi, Esther Prieto sobre el tema

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