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Opinión

La inmoralidad de las iglesias en Paraguay

Entre los objetivos usuales que tienen las iglesias, generalmente podemos encontrar que en la gran mayoría tienen por objetivo dar culto a Dios y enseñar los caminos de la moralidad cristiana a sus feligreses. Sabemos ya hoy, que no hace falta ser religioso para ser una persona moralmente aprobada, pero el problema está cuando desde la institución que debería promover y custodiar ciertos valores morales encontramos a una serie de depravados y ladrones.

Si hoy tenemos una crisis moral en el Paraguay, es porque tenemos una crisis mucho más grande en las iglesias cristianas paraguayas.

De los crímenes de la Iglesia Católica ya se conoce bastante, aunque en Paraguay se siga mirando hacia el otro lado. Lugo no parece ser la excepción, sino la regla. El obispado en Paraguay ha actuado con total complicidad en tantos crímenes: desde blanquear dinero sucio hasta encubrir a guerrilleros y pedófilos.

La hipocresía en la iglesia de Roma tiene ya otros niveles. No es que humanamente se espere que los sacerdotes sean santos, pero en fin… no soy yo quien se hace llamar “Su Santidad”. El Vaticano es uno de los mayores centros de corrupción en el mundo. Regidos por un gobierno con una monarquía absoluta, se han constituido en unos de los principales centros de lavado de dinero, haciendo que las películas ‘El Monseñor’ (1982) y ‘El Padrino III’ (1990) queden cortas en su proyección.

“Jesus expulsando a los mercaderes” por Caravaggio (1610)

En cuanto a los pederastas y los que han abusado del cargo para explotar sexualmente a sus seguidores, tampoco han hecho lo moralmente correcto. En realidad, en cualquier agrupación, por más escrutinios que se hagan, siempre habrá alguno que se salga del camino, pero en este caso hay algo diferente.

Cuando hace 20 años el periódico el Boston Globe destapaba la inmensa cantidad de casos de curas que abusaban sexualmente de niños, no solo mostraban la vulnerabilidad de la iglesia, sino que su mayor contribución fue revelar que estos abusos sexuales a niños eran sistemáticos, o sea, ya partes de un sistema. De hecho, hasta hoy la iglesia no ha castigado ni ayudado a castigar. Lo que hacían, en lugar de hacer justicia, era enviar a los pederastas a zonas más pobres.

Ponían a lobos entre corderitos y, así, Paraguay se convirtió en un paraíso para ellos. En Paraguay se sigue encubriendo todo. Lugo hasta llegó a ser presidente y ahora es senador. Unos años atrás el monseñor Cuquejo se batía en un duelo mediático contra el monseñor Livieres. Livieres acusaba a Cuquejo “de homosexual y de ser una mala persona” y todo era por resguardar a un sacerdote argentino que fue acusado en EEUU por abusar de menores. Lo desvergonzado de todas estas declaraciones era que ambos obispos “sabían y tenían pruebas” de las depravaciones del uno y del otro, pero ambos callaban como precio al silencio del otro.

Lugo tampoco es el primer obispo en hacerse rico. La lista en este sentido será bastante larga, y de ahí que el obispado y los sacerdotes en Paraguay callan a tantas cosas.

Cada 8 de diciembre se lleva a cabo el ritual de la hipocresía y el cinismo. El obispo de Caacupé se ensaña en sus invectivas en una forma general contra el gobierno; el gobierno, por su parte, asiente lo dicho por el obispo como si la crítica fuera para otro. Finalmente, el ritual concluye en el Palacio de López donde el obispo come de la mano del presidente.

Sin embargo, la Iglesia Católica ha dejado ya de ser la única protagonista. Desde Nicanor se ha inaugurado la presencia de la Iglesia Evangélica en la política paraguaya. Hoy, en realidad, no existe diferencias, ya que en ambas iglesias comulgan los políticos al mismo tiempo.

Dentro de una década en Brasil, el país más católico de Latinoamérica, se estima que la evangélica será mayoritaria. La razón principal es la misma que se puede ver en Paraguay, no solamente por la corrupción en el seno mismo de la iglesia, sino por la tibieza del obispado y el sacerdocio.

La Iglesia Evangélica tampoco está exenta de culpa ni de pecados. El movimiento principal que se ve entre los evangélicos de Paraguay es el del “evangelio de la prosperidad”. Si entre los católicos la simonía se da a nivel personal, en la evangélica parece darse a nivel doctrinario.

La única vez que el Nuevo Testamento recuerda a Jesús en un acto de violencia fue justamente contra aquellos que han hecho del Templo de Dios un mercado, y así, el mismo Jesús expulsó a los mercaderos con un látigo, como se registra en los cuatro Evangelios (Mateo 21: 12-17; Marcos 11: 15 – 18; Lucas 19: 45; Juan 2: 13 – 25).

Que ironía que los mayores corruptos del gobierno actual sean también hombres de iglesia, pero eso no les impide hacer el mal, más bien los justifica. Todos ellos terminaron enriqueciéndose gracias al Estado. Las sobrefacturaciones Wiens en el MOPC, las de Petta en el MEC, Nicanor en la EBY, y hasta en Aduanas hay “reuniones de oración”, donde al parecer se planean los golpes Biblia en mano.

Nadie espera que los miembros de la iglesia sean perfectos, pero sí se espera que se guarde el respeto por la institución. ¿Qué haría Cristo en tu lugar? Eso ya lo sabemos, y quedó escrito en los cuatro evangelios.

Las iglesias paraguayas deben tomar las acciones correspondientes para rectificar esta crisis moral.

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