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Opinión

Tres columnas de la democracia que no deben servir para lucrar: Salud, Educación y Religión

El Estado debe intervenir lo mínimamente posible en la actividad privada. Sin embargo, hay tres áreas que el Estado debe regular para que no se vicie el sistema por la codicia.

Antiguamente incluso la usura era un pecado y estaba penada por ley. Hoy en día, no solo ya es legal prestar dinero con intereses, sino que eso se ha convertido en la base de nuestro sistema financiero, y la usura pasó a significar solo ‘el interés excesivo del préstamo’.

El Mercado debe regirse por el libre comercio, sí; pero hasta en el sector financiero el Estado debe regular y regula para prevenir la usura, de modo que un banco o una financiera no pueden imponer los intereses que quieran.

Con la Salud, la Educación y la Religión debe ocurrir algo semejante, ya que son áreas de alta vulnerabilidad social que se prestan muy a menudo a muchos abusos. Son tres áreas que históricamente siempre han tenido por base la vocación y no el ánimo de lucrar.

Aplicar un sistema socialista a la Salud no es la solución, pero imponer límites a la ganancia ha resultado ser muy beneficioso para el sistema.

En el pasado, los hospitales y laboratorios operaban sin fines de lucro. Estaban a cargo de la caridad, del Estado, de alguna iglesia, etc., pero nadie se hacía rico o pensaba en Salud como una gran inversión para hacerse rico. Eso ha cambiado radicalmente en EEUU. y en muchos países, ya que hoy mucha gente invierte en hospitales, compañías farmacéuticas o de seguros médicos para hacerse ricos.

En una gran cantidad de países del primer mundo la ganancia de las empresas que se dedican a la salud, como también la de los médicos, está regulada, de modo a que no se abuse de la necesidad de la gente.

Se sabe que en EEUU los médicos ganan muy bien, pero existen salarios médicos obscenamente altos. Sin embargo, los médicos son solo la puntita del iceberg, ya que las grandes ganancias se las llevan los hospitales, las farmacéuticas y los seguros médicos.

En EEUU un hospital completo, puede llegar a perder millones de dólares en las Salas de Emergencias, pero termina ganando billones en su cierre de balance general. El gran negocio ya no es la salud, sino lucrar con la enfermedad.

Las farmacéuticas son incluso peores que los hospitales. Una droga para el colesterol llegó a tener una ganancia anual estable de $ 17 billones hasta que se revelaron los fraudes hechos en los estudios sobre el colesterol (que casualmente las farmacéuticas pagaban).

A los seguros médicos se los acusa de ser responsables directos de viciar el sistema de salud. La riqueza que han amasado lucrando sobre la necesidad de la gente es enorme.

El New York Time publicó esta semana un articulo sobre una pareja que aparte de perder a su criatura y a pesar de tener un buen seguro médico, terminó debiendo al hospital más de $ 270 mil.

No es ético lucrar y aprovecharse de la necesidad del prójimo. Así como el Estado pone un límite a la usura, de ese mismo modo debe limitar la ganancia en el sector de la salud.

El argumento falaz que usan muchos es que la competencia y esa libertad que crea la posibilidad de ganar mucho dinero atraerá a las grandes mentes y eso hará que mejore el sistema de salud. Sin embargo, la realidad parece ir por otro lado, como históricamente siempre ha sido.

En cuanto a los laboratorios, muchos de ellos reciben dinero público para sus investigaciones, pero cuando desarrollan el remedio toda la ganancia es para ellos. Además, está el problema del interés del mercado que no siempre es el del bien público.

Los conflictos de intereses son tremendos. La FDA y CDC se han convertido en chiroleras promotoras de las vacunas, pero ellas debían ser quienes las regulen. Son juez y parte a la vez.

Con la Educación pasa lo mismo. El sistema universitario de EEUU hace décadas que está en crisis. Las universidades se han convertido en grandes corporaciones que ya no tienen como objetivo principal educar, sino hacer dinero. Un simple coordinador puede publicar un manual obligatorio para los alumnos y llegar a ganar anualmente un millón de dólares con ello (cada dos años aparece una nueva edición sin sentido, con el simple objetivo de impedir la reventa del manual usado).

En Paraguay no solo han aparecido una cantidad de universidades garajes, pero muchos ya toman a la educación como una inversión lucrativa. El mismo ministro de Educación es uno de los empresarios en el sector educativo, pero como el conflicto de intereses no importa en un país sin ética…

Desde que se fortaleció el “negocio de la educación” las más afectadas fueron las escuelas públicas.

Por último, la Religión. No es que la Religión sea un pilar de la democracia, pero la libertad religiosa sí lo es.

En las últimas décadas pudimos ver un auge de grandes comerciantes de la fe que se aprovechan de la vulnerabilidad de la gente. En EEUU el Congreso ha intervenido contra algunos de estos mercenarios de la fe que defraudan a sus feligreses, tanto católicos como evangélicos, entre otros…

Nadie espera que religiosos, educadores y médicos vivan como mendigos; que ganen bien, pero sin explotar a la gente por su vulnerabilidad. Salvo algunas excepciones, nunca en la historia la gente ha entrado en estos rubros para enriquecerse, sino que lo hacía por vocación.

Estas tres áreas tienen además grandes excepciones en materia de impuestos. Si van a ser lucrativas, lo justo es que paguen impuestos como todos; pero lo ideal es que devuelvan las ganancias excedentes a los que aportaron, como ya lo vienen haciendo en algunos lugares.

Algunas universidades que terminan recaudando mucho más de lo que necesitan, utilizan ese excedente para bajar el costo de las cuotas. En el caso de algunos seguros médicos se da lo mismo, donde los contribuyentes son socios y reciben un cheque anual si hay ganancias.

La Salud, la Educación y la Religión no deberían ser empresas lucrativas.

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