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Opinión

Elecciones municipales. Violencia electoral

Ciertamente las recientes elecciones municipales se evaluaron como una gran fiesta democrática, compitieron los candidatos a intendentes e integrantes de las juntas municipales de todo el país para un nuevo periodo de gestión. De acuerdo con los comentarios leídos y escuchados al final del día, la jornada cívica se realizó con la mayor normalidad, solo con algunos pequeños incidentes que no pasaron a mayores.   Terminada la contienda cívica se anunciaron oficialmente los ganadores, quienes recibieron, como es habitual, las felicitaciones de sus seguidores.

En mi caso, me tocó votar en una escuela de mi barrio. La cercanía me alegró y fui a ejercer mi deber ciudadano con buen humor en un hermoso día de sol. Cuando me acerqué al lugar de las mesas electorales pude observar la impecable organización en el cumplimiento del protocolo sanitario, con agua limpia, jabón apropiado y alcohol. Vi también que la gente cumplía rigurosa y ordenadamente con las normas.

Con la prolijidad en la preparación y la instalación de las mesas se tenía la impresión de que nos hallábamos en un país altamente educado, respetuoso y de gente con alto grado de conciencia cívica. Sin embargo, las informaciones previas al día D nos llevan a pensar en los episodios en las zonas fronterizas, que revelan que nos encontramos ante una sociedad deshumanizada, sin ningún respeto al derecho a la vida, lo cual no condice con el modelo de democracia al que aspiramos.

Nadie recordó, por ejemplo, que en la semana anterior se había asesinado a tres candidatos a intendente, que habían sido atacadas y asesinadas cuatro personas relacionadas con un candidato a concejal, y que un diputado nacional fue agredido con tiros de balas contra su vehículo, y que lo obligaron a bajar del auto para realizar chantajes políticos. ¿Vale la pena acaso matar a alguien por ser rival?  Nadie, absolutamente nadie, se acordó de ellos, los fallecidos. Nadie manifestó pesar en su discurso sobre estas tristes pérdidas. El informe preliminar de la misión de la OEA, emitido un día después, se hizo eco de la situación, resaltando “la importancia de atacar la violencia electoral de manera decidida y pronta”.

Estos son hechos públicamente conocidos, pero ¿cuántos amedrentamientos y amenazas habrá habido que no conocemos y que quedaron celosamente guardados en el cajón, sin mencionar los numerosos asaltos a los portafolios de los candidatos, cuya suma asciende en varios casos a más de cien millones de guaraníes? Y aquí, en este punto, surge otra pregunta.  ¿Para qué tanto dinero en la víspera?  Eso invita a suponer muchas cosas, incluidas ciertas recompensas. ¿Acaso se puede llamar a esto “excelente jornada cívica”?

Lo bueno es que un gran número de personas indígenas, integrantes de distintos pueblos, compitieron para concejales municipales en las diferentes listas de los distritos de la región oriental y la occidental, de las cuales al parecer, solo una pudo acceder a un escaño. No se tiene aún cifra oficial sobre el tema específico, ya que no existen padrones con segregación de condición de indígena. Votaron como paraguayos, sin distinción de identidad cultural propia. El informe de la misión de la OEA señala que no se hallan en los padrones facilitaciones para la “autoidentificación étnica” en los procesos electorales, y sugiere que se exploren los mecanismos para el efecto.

El fracaso en lograr sus objetivos lleva a estas personas en este momento a reflexionar sobre el tema y, según el referente de la Federación Guaraní, están pensando en promover la instalación de padrones electorales con segregación de identidad cultural   indígena. Tal vez realicen algunas propuestas de otras modalidades de participación también.

Desde la perspectiva de género, se ha podido sentir algunas decepciones. Aparentemente la lista con preferencia no ha favorecido a las mujeres, aunque varias de ellas pudieron hacerse conocer y seguramente su presencia en la contienda habrá servido como una previa para las elecciones generales. En los distritos del interior pudo lograr la intendencia una treintena de mujeres, que representa el 11,8% de los municipios, “por debajo del promedio regional”. La única mujer candidata a intendente de Asunción pudo recoger votos y adhesiones alentadoras que abren el sendero para una nueva alternativa con vistas a las elecciones generales.

Nuestra frágil democracia ha ido mejorando poco a poco, pero también ha ido retrocediendo. La lección aprendida es que el ejercicio del derecho ciudadano puede tener varias aristas. Con una sociedad que vota con escasa conciencia de los valores de la auténtica democracia, se debilita su contenido y se empaña la pulcritud del derecho a elegir. Las elecciones no deberían centrarse, además, solamente en las formas de la jornada cívica del día D, sino en la prevención de los actos criminales colaterales, a fin de que no pongan en riesgo el derecho a la vida de los candidatos y candidatas. Solo de esta manera se podrá hablar de jornada cívica excelente.

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