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Opinión

¿Por qué la naturaleza debe pagar por nuestra falta de planificación?

Alberto Yanosky.

Alberto Yanosky.

Aunque Paraguay y Planificación empiecen con la misma letra, me parece que no son muy compatibles. Partamos de la base de que no contamos con un censo demográfico actualizado, y parece que hay partes que aún consideran que no es prioritario; y no se entiende entonces cómo podríamos diseñar políticas públicas más adecuadas a nuestra realidad e invertir eficientemente los recursos. Nuevamente entramos en una contradicción, invertir de manera eficiente los recursos con los que contamos…

Nuestros inicios conocidos parten de la colonización española en las riberas del Río Paraguay hace unos pocos siglos atrás (ya que antes de esta inesperada visita ya existían pobladores nativos con sus respectivos modos y medios de vida), y desde entonces han pasado numerosos hechos que nos llevaron a ser el país que somos actualmente. Es cierto, nuestra historia está ligada al río y a los humedales, ya que aseguraban la disponibilidad de agua para vivir. Sin embargo, a estas alturas de nuestra historia las realidades han cambiado, porque las necesidades son diferentes. Hoy nos encontramos en la etapa decisiva de adaptarnos a los imbatibles efectos del cambio climático que afectan significativamente a grupos más vulnerables. Pero, con el paso del tiempo y con el permiso y aprobación de políticos de dudoso compromiso con la ciudadanía, quienes evidentemente benefician sus intereses privados, se han aprovechado de las necesidades de estos grupos vulnerables, y se han olvidado de estos sistemas acuáticos en nuestros modelos de crecimiento urbano que fuimos tejiendo a lo largo de los años.

Aquí me detengo para preguntar sobre ciertas cuestiones relacionadas con la ejecución de proyectos de desarrollo que han pasado por numerosas fases de “planificación” antes de ser finalmente implementados. Por mencionar un ejemplo, cito a las obras de las diferentes costaneras. ¿Sobre qué fundamentos fueron planificados?, ¿Se evaluaron correctamente los riesgos e impactos ambientales negativos?, ¿Realmente los impactos socio-económicos positivos son a largo plazo?

En nombre de ofrecer una calidad de vida mediante una vivienda digna, para satisfacer una de las necesidades humanas básicas, hoy nos encontramos rellenando lagunas y humedales para asentamientos urbanos que no fueron planificados previamente, los cuales regularmente se ven afectados por los pulsos naturales del río que viene ocurriendo hace varios siglos. Además, esta falta de planificación en el territorio ha alterado significativamente a numerosos cursos hídricos tributarios del Río Paraguay, en relación con el tratamiento de aguas residuales y gestión de residuos sólidos en nuestras ciudades. Si bien, todos merecemos un lugar para vivir de la mejor manera posible, ¿por qué tiene que ser a costo de la alteración irremediable de ecosistemas y comunidades naturales tan importantes como los humedales y cursos hídricos?, ¿acaso el acceso a agua potable no es la necesidad primordial para nuestra vida? Es cierto, estas obras pueden contrarrestar varios impactos negativos relacionados con las crecidas naturales del río, facilitar el desplazamiento y dinamizar la economía en la zona, ¿pero durante su proceso de planificación no se pudieron haber tomado las mejores decisiones basadas en la naturaleza?

Los humedales albergan una inmensa biodiversidad sumamente valorada, porque proveen uno de los ingredientes principales en nuestra gastronomía local, los peces. Brindan algunos de los servicios ambientales, o beneficios brindados por la naturaleza, más requeridos por nosotros los seres humanos, la provisión y regulación del ciclo del agua, ya que los humedales actúan como esponjas ante los pulsos de agua de ríos o arroyos, por los tipos de suelo y la vegetación quienes apoyan esta función, propiedades que reducen en cierta manera los impactos negativos producidos por las crecidas o mantienen por mucho más tiempo la disponibilidad de agua en temporadas de sequía. Así también, una de sus cualidades es la captura de algunos sedimentos con el fin de evitar que los cauces hídricos se colmaten o se llenen, además retienen eventuales contaminantes gracias a las plantas presentes en estos sistemas acuáticos. Son ecosistemas complejos que funcionan mediante una intrincada red que, cuya protección debe ser asegurada por su importancia en el desarrollo de nuestra vida. Y la vida tiene un arreglo y una estructura que la hace funcional, lo que estamos haciendo en cuanto a infraestructura es como taponar venas y arterias, afectar las funciones del hígado y riñón, restringir la depuración que hacen los pulmones, eso es lo que estamos haciendo con nuestro ambiente, mejoramos lo que llevó miles y millones de años de evolución, por creernos más sabios y mejor preparados.

En Paraguay, existen compromisos internacionales, leyes y regulaciones que protegen a los humedales y dictaminan los lineamientos a seguir para su conservación, los cuales aparentan ser cumplidos en trámites aprobados por las distintas instancias y según posteos dentro de cuentas oficiales en las redes sociales, pero que en la realidad no se cumplen. Podemos extendernos en numerosas columnas acerca de las diversas negligencias que se cometieron con nuestros humedales y otros sistemas ecológicos, pero hoy aprovecho este espacio para invitar de manera urgente a que la ciudadanía siga atentamente en qué se destinan los recursos para lograr el desarrollo en el país y que sea celosa de estos ecosistemas tan vulnerables y sumamente importantes para nuestra calidad de vida. También insto a las personas encargadas de tomar decisiones acerca de nuestro futuro a que se asesoren correctamente y escuchen a profesionales para utilizar de la mejor y más eficiente manera nuestros recursos naturales.

Los humedales aseguran la presencia del agua, y el agua es la que otorga la vida, al menos tal cual la conocemos en el planeta y toda intervención tiene riesgos e impactos que deben ser debidamente atendidos. Las intervenciones (como cualquier intervención en nuestro cuerpo) podría tener soluciones como también acarrear otros problemas, y deberíamos ser mínimamente inteligentes para entender que la naturaleza busca solucionar lo que le afecta.

 

*Con colaboración especial de Rebeca Irala.

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